Hacer pizza cuando no tienes horno parece imposible, pero solo hace falta una buena sartén y una manera diferente de trabajar la masa. Esta pizza rellena es especialmente práctica para preparar en el camping, en un apartamento pequeño o cualquier día que no quieras encender el horno. El secreto consiste en estirar muy bien la masa, poner la mozzarella en el centro, cerrarla como si fuera un paquete y volver a aplanarla antes de llevarla al fuego. Así, la masa se dora directamente sobre la sartén mientras el queso queda completamente fundido en el interior.
Una buena pizza rellena no necesita pasar mucho tiempo en el horno
Una masa que puedes dejar preparada el día antes
Para preparar aproximadamente un kilo de masa necesitas 600 gramos de harina panificable, 400 gramos de agua, 6 gramos de levadura fresca o 2 gramos de levadura seca, 12 gramos de sal y 12 gramos de aceite de oliva. Mezcla primero la harina con el agua y la levadura y, cuando la masa empiece a coger estructura, incorpora la sal y finalmente el aceite. Amasa hasta que quede homogénea, elástica y bastante lisa.
La mejor opción es dejarla fermentar lentamente en la nevera hasta el día siguiente. Esta fermentación en frío no solo facilita la organización si nos vamos de camping, sino que también ayuda a desarrollar sabor y hace que la masa sea más agradable de trabajar. Al día siguiente, divídela en bolas de unos 350 gramos y déjalas atemperar un rato antes de estirarlas.
Con un rodillo, estira una bola hasta obtener un disco bastante fino. Coloca una cantidad generosa de mozzarella en el centro, pero deja los bordes libres. Lleva los extremos de la masa hacia el medio como si cerraras un paquete. Se formará una especie de nudo en la parte superior: corta el exceso de masa para que esta zona no quede demasiado gruesa. Gira la pieza y vuelve a estirarla con mucha suavidad hasta recuperar una forma parecida a una pizza.
La sartén debe estar caliente, pero sin quemar la masa
Calienta una sartén ancha a fuego medio y añade solo una pequeña cantidad de aceite. Coloca la pizza y deja que la primera cara se dore lentamente. No conviene poner el fuego al máximo, porque la superficie se quemaría antes de que el calor llegara al queso del interior. Cuando la base esté bien tostada, gírala con cuidado y cocina el otro lado.
La gracia de esta técnica es que la mozzarella queda atrapada entre dos capas finas de masa. El calor de la sartén va entrando progresivamente hasta el centro y funde el queso mientras el exterior queda crujiente. Si la pieza es especialmente gruesa, puedes tapar la sartén durante unos minutos para que el calor circule mejor y el centro llegue a temperatura sin tener que quemar las bases.
El acabado es casi tan importante como el relleno. Funde un poco de mantequilla y mézclala con ajo bien picado, perejil fresco y una pizca de sal. Justo cuando retires la pizza del fuego, pinta toda la superficie con esta mezcla. Quedará brillante, aromática y con un sabor muy parecido al de un pan de ajo recién hecho. No necesitas horno, bandejas ni ningún equipamiento especial: masa, mozzarella, una sartén y fuego. Una solución especialmente buena para convertir una cena de camping en una pizza rellena recién hecha.
