Si después de cenar una pizza te ha sobrado la mitad, hay un método con el que la puedes recuperar siempre

Pocas cosas dan más pena que una buena pizza recalentada mal. El día antes tenía la base crujiente, el queso fundido y los bordes todavía con aquel punto tostado que la hacía irresistible. Al día siguiente, en cambio, muchas personas la ponen directamente en el microondas y el resultado es casi siempre el mismo: una masa blanda, húmeda, elástica y sin gracia. Pero la pizza que ha sobrado no está condenada a quedar así. Hay un método mucho mejor para recuperarla y devolverle parte de la textura original: calentarla en una sartén, con tapa y con unas gotas de agua para crear vapor al final.

Una pizza mal recalentada no es nada agradable de comer

El microondas es el gran enemigo de la textura

El microondas es rápido, pero no trata bien la pizza. Calienta el agua que hay dentro de la masa y dentro de los ingredientes, pero no consigue recuperar el crujiente de la base. Por eso la pizza queda caliente, sí, pero también esponjosa y un poco gomosa. El queso se funde de manera irregular y la parte inferior pierde toda la gracia.

Pizza marinara. Foto: Pexels
Pizza marinara. Foto: Pexels

La sartén funciona mejor porque calienta la base por contacto directo. Esto permite que la masa vuelva a coger temperatura de manera más seca y que el fondo recupere aquel punto tostado que recuerda más a una pizza recién hecha. No hay que añadir aceite ni mantequilla. De hecho, si la pizza ya lleva queso, tomate y grasa propia, es mejor no cargarla más. El primer paso es poner una sartén o una plancha a fuego medio. Cuando esté caliente, se coloca la porción de pizza directamente, con la base tocando el fondo. Después se tapa y se deja calentar entre tres y cinco minutos. La tapa es importante porque ayuda a repartir el calor y permite que el queso empiece a fundirse sin quemar la base.

Las gotas de agua hacen el truco final

Cuando la base ya empieza a estar caliente y un poco crujiente, llega el gesto que marca la diferencia. Hay que añadir unas gotas de agua muy fría al fondo de la sartén, pero sin que toquen directamente la pizza. Acto seguido, se tapa rápidamente. Este pequeño vapor ayuda a calentar la parte superior y a fundir mejor el queso.

La clave es no pasarse con el agua. No se trata de mojar la pizza, sino de generar un poco de vapor dentro de la sartén. Con unas gotas es suficiente. Si pones demasiada, la base puede perder el crujiente y volverse húmeda. En pocos minutos, la pizza estará caliente, con la base más firme y el queso mucho más agradable que si la hubieras puesto en el microondas. También es importante controlar el fuego: si es demasiado alto, la base se puede quemar antes de que la parte superior se caliente.

Así pues, si después de cenar te ha sobrado media pizza, no la des por perdida. La sartén es la mejor aliada para recuperarla. Calor directo por debajo, tapa para repartir temperatura y unas gotas de agua al final para fundir el queso. Un método sencillo que convierte una pizza recalentada en una segunda oportunidad mucho más digna.