Cuando llega el otoño, pocas cosas huelen tanto a temporada como unas castañas asadas recién hechas. No hace falta tener una chimenea ni una sartén agujereada tradicional para prepararlas bien en casa, ya que se pueden hacer al horno, en una sartén convencional o incluso en el microondas. Lo más importante es prepararlas correctamente antes de cocinarlas, porque si no se cortan pueden reventar con el calor y, además, después costará mucho más pelarlas. Con un pequeño corte en la piel y controlando bien el tiempo de cocción, se puede conseguir una castaña tierna por dentro, aromática y fácil de pelar con cualquiera de los tres métodos.
Todos los métodos funcionan, cada uno a su manera
Al horno o en la sartén: las opciones más tradicionales
Para hacer castañas al horno, primero lávalas y sécalas bien. Con un cuchillo pequeño y afilado, haz un corte transversal o en forma de cruz en la parte abombada de cada castaña. El corte debe atravesar la piel exterior y llegar ligeramente a la piel interior, pero sin partir completamente el fruto. Calienta el horno a unos 200 °C y distribuye las castañas en una bandeja sin amontonarlas. Puedes humedecerlas ligeramente antes de hornearlas si quieres que queden un poco más tiernas. Asadas durante unos 20 o 30 minutos suelen estar listas, aunque el tiempo dependerá del tamaño. A media cocción, muévelas para que se tuesten de manera uniforme.
Sabrás que están en su punto cuando la piel empiece a abrirse por el corte y el interior esté tierno. Al sacarlas del horno, envuélvelas unos minutos con un paño limpio. El vapor que queda atrapado ayuda a separar la piel y facilita mucho la tarea de pelarlas.
Para hacer castañas en la sartén, el procedimiento inicial es el mismo. Haz el corte y colócalas en una sartén amplia, preferiblemente de hierro o de fondo grueso. Cocínalas a fuego medio durante aproximadamente 20 o 25 minutos, moviéndolas a menudo para que no se quemen solo por un lado. El resultado es un poco más irregular que al horno, pero también más parecido a las castañas asadas tradicionales.
El microondas, la manera más rápida
Si solo quieres preparar unas cuantas, las castañas al microondas son la solución más rápida. También hay que hacerles un corte antes de cocinarlas: este paso es imprescindible para que el vapor pueda salir.
Colócalas en un plato apto para el microondas, sin apilarlas, y cocínalas a máxima potencia en tandas cortas. Para una ración pequeña, unos dos o tres minutos pueden ser suficientes, aunque dependerá de la potencia del aparato y del tamaño de las castañas. Es mejor empezar con poco tiempo y añadir algunos segundos si todavía están duras.
El microondas no consigue exactamente el mismo sabor tostado que el horno o la sartén, porque hay menos caramelización exterior, pero deja la pulpa tierna y es muy práctico. Sea cual sea el método, el mejor momento para pelar las castañas es cuando todavía están calientes. Si se enfrían del todo, tanto la piel exterior como la fina piel interior se adhieren más a la pulpa. Horno, sartén o microondas: tres maneras diferentes de conseguir uno de los sabores más característicos del otoño en casa.
