Durante años, la vitrocerámica ha sido la opción más habitual en muchas cocinas. Cómoda, limpia y aparentemente eficiente, se ha consolidado como un estándar en millones de hogares. Sin embargo, lo que muchos no saben es que, según cocineros y expertos en eficiencia energética, su uso continuado puede estar haciendo que gastes más dinero del necesario.

Y la diferencia no es pequeña. La clave está en como funciona cada una y las ventajas y desventajas que presenta cada una de las opciones, lo que lleva a acabar el mes con una factura de electricidad bastante diferente en cada uno de los casos. Y aquí ya no es cosa de darle más o menos uso, es cuestión de que una funciona de una forma totalmente diferente a la otra.

La vitrocerámica consume más de lo que parece a simple vista

En este sentido, el problema principal es la forma en la que genera el calor. Y es que la vitrocerámica funciona mediante una resistencia eléctrica que calienta primero el cristal y, después, el recipiente. Es un proceso indirecto, lento y poco eficiente. Ahí es donde se pierde el dinero que ahorra la inducción gracias a un sistema que no usa resistencias ni otros elementos que entorpezcan el paso de la temperatura.

Placa inducción FÖRDELAKTIG2
Placa inducción FÖRDELAKTIG2

Gran parte de la energía se queda en forma de calor residual en la superficie, sin aprovecharse realmente para cocinar. Además, tarda más en alcanzar la temperatura deseada, lo que implica más tiempo encendida y, por tanto, más consumo eléctrico. De este modo, cada uso acumula un pequeño sobrecoste que, con el paso del tiempo, se traduce en una factura más alta. Y eso sin que el usuario lo perciba, acaba mermando el bolsillo al final de cada mes de forma mas que ostensible.

La inducción es más rápida, más precisa y más barata a largo plazo

A partir de ahí, la alternativa es clara. Las placas de inducción funcionan con un sistema completamente distinto, ya que generan un campo magnético que calienta directamente el recipiente. No hay intermediarios. No hay pérdidas innecesarias.

Esto se traduce en una mayor eficiencia energética, con un ahorro que puede situarse entre el 20% y el 30% respecto a la vitrocerámica. Además, el calentamiento es casi instantáneo, lo que reduce el tiempo de cocción y el consumo total. De este modo, ya no hablamos solamente de evitar gastar más energía y dinero, también se trata de gastar menos tiempo. Algo que se ha convertido en un bien mucho más preciado que el dinero en nuestras vidas.

Gracias a la inducción se ahorra algo más importante que el dinero

Pero no solo es cuestión de dinero. La inducción también permite un control mucho más preciso de la temperatura, algo fundamental para cocinar mejor y evitar errores que también acaban costando energía. Así pues, aunque la inversión inicial sea mayor, y en algunos casos obligue a cambiar utensilios, el ahorro a medio y largo plazo es evidente. Porque en cocina, como en casi todo, no se trata solo de lo que cuesta comprar, sino de lo que cuesta mantener.