La visita del presidente ruso, Vladímir Putin, a Pekín esta semana consolida la aproximación estratégica entre Rusia y China en un momento de fuerte tensión geopolítica global. El desplazamiento del presidente ruso llega solo cuatro días después de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, abandonara la capital china después de una cumbre de alto nivel con Xi Jinping, un hecho que refuerza la imagen de Pekín como nuevo centro de gravedad diplomática internacional.
Antes del viaje, Xi y Putin intercambiaron cartas de felicitación coincidiendo con el 30º aniversario de la asociación estratégica entre ambos países. Según los medios estatales chinos, el líder chino destacó que la cooperación bilateral “se ha profundizado y consolidado continuamente” durante las últimas décadas.
Pekín: ¿en el centro del mundo?
La secuencia de reuniones con los presidentes de Estados Unidos y Rusia en menos de una semana ha sido presentada por la propaganda china como una demostración de la centralidad internacional de Pekín. El diario oficialista Global Times aseguró que es “extremadamente raro” que una misma capital acoja consecutivamente a los líderes de las dos principales potencias rivales del mundo posguerra fría.
Más allá del simbolismo diplomático, el encuentro entre Xi y Putin evidencia el fortalecimiento de una relación que preocupa cada vez más a las capitales occidentales. Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022, China ha incrementado de manera notable los intercambios comerciales con Moscú y se ha convertido en uno de los principales apoyos económicos del Kremlin.
El comercio bilateral entre ambos países ha alcanzado cifras récord, especialmente en el sector energético. China compra actualmente más de una cuarta parte de las exportaciones rusas y ha adquirido combustibles fósiles rusos por valor de cientos de miles de millones de dólares desde el inicio de la guerra. Estas operaciones han proporcionado ingresos clave a Rusia para sostener el esfuerzo militar en Ucrania, según denuncian gobiernos occidentales y diversos centros de análisis.
Para Pekín, sin embargo, esta dependencia energética también responde a intereses estratégicos propios. Las tensiones en el Oriente Próximo y las dificultades de navegación en el estrecho de Ormuz han incrementado la preocupación china por la seguridad de los suministros energéticos. En este contexto, Rusia representa una fuente estable y terrestre de petróleo y gas.
¿Xi Jinping se prepara para el conflicto con Taiwán?
Este componente estratégico podría estar vinculado también a Taiwan. Varios analistas interpretan que la reunión Xi-Putin tiene como trasfondo la preparación de China ante un eventual escenario de conflicto en el estrecho de Taiwan. Pekín considera la isla parte de su territorio y no descarta utilizar la fuerza para asumir su control, mientras que la mayoría de los taiwaneses rechazan la reunificación.
Durante la reunión con Trump, Xi insistió en la cuestión taiwanesa y advirtió de los riesgos de una escalada militar si Washington mantiene el apoyo armamentístico a Taipéi. El presidente estadounidense evitó concretar si autorizará una nueva venta multimillonaria de armas a Taiwan, una decisión que podría alterar el equilibrio regional.
En paralelo, Moscú continúa presionando a Pekín para que apruebe el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2, una infraestructura que ampliaría considerablemente el flujo de gas ruso hacia China. El acuerdo reforzaría aún más la interdependencia entre ambas potencias en un momento en que Rusia busca compensar la pérdida del mercado europeo y China intenta blindar su seguridad energética ante un contexto internacional cada vez más inestable.