Cargando...

Ir al supermercado sin una estrategia acostumbra a acabar con una cesta más cara, alimentos que no necesitábamos y productos que parecían saludables solo porque el envase lo sugería. Para comprar mejor no hace falta revisar obsesivamente cada caloría, sino saber qué datos tienen valor y cuáles pueden llevar a confusión. La hora de compra, la temporada, el código de los huevos, las certificaciones de bienestar animal y la composición de los elaborados de pavo son cinco pistas útiles, siempre que se interpreten correctamente y no se conviertan en reglas absolutas.

La compra del supermercado requiere más estrategia de lo que parece

La hora, la temporada y el código de los huevos

Algunos supermercados aplican descuentos al final de la tarde o antes del cierre sobre productos con una fecha de caducidad próxima, como carne, pescado, platos preparados, pan o fruta madura. A partir de las ocho de la tarde es posible encontrar etiquetas de rebaja, pero no es una política común en todos los establecimientos. Conviene identificar los horarios de reposición y descuento de la tienda habitual y comprar estos alimentos solo cuando se puedan consumir o congelar pronto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Elegir frutas y verduras de temporada también acostumbra a ser una decisión acertada. Cuando hay más oferta, es habitual encontrar precios más competitivos, mejor aroma y productos recogidos en un punto más adecuado. Esto no significa que un alimento de temporada contenga siempre muchos más nutrientes, porque también influyen la variedad, el transporte y la conservación. La mejor pista es observar el precio por kilo, la procedencia y el estado real de la pieza.

En los huevos, el primer número impreso en la cáscara identifica el sistema de cría: 0 corresponde a producción ecológica, 1 a gallinas camperas con acceso exterior, 2 a gallinas criadas en el suelo dentro de naves y 3 a cría en jaulas acondicionadas. Escoger huevos del número 1 puede ofrecer un equilibrio entre precio y acceso al exterior, pero el código no certifica por sí mismo que el huevo tenga más proteínas, sea más fresco o presente una calidad nutricional muy superior.

Qué garantizan los sellos y cómo elegir el pavo

El sello de bienestar animal puede aportar información adicional sobre el sistema de producción, pero hay que mirar quién lo emite. La certificación Welfair, auditada por entidades como AENOR, evalúa aspectos como la alimentación, el alojamiento, la salud y el comportamiento de los animales. No es una garantía de que el producto sea más saludable, tenga menos grasa o sea de más calidad culinaria: acredita el cumplimiento de un protocolo concreto de bienestar.

Con la pechuga de pavo envasada, un porcentaje elevado de carne es un buen primer dato, pero no es suficiente. Hay que comprobar la denominación legal y la lista de ingredientes. No es lo mismo una pieza cocida de pechuga de pavo que un fiambre elaborado con carne reconstituida, agua, almidones, azúcares, aromas y otros aditivos. Cuando un producto con apariencia de pieza entera está formado por varias partes, la etiqueta debe indicar que está elaborado a partir de piezas de carne.

La mejor elección será la que presente una proporción alta de pavo, una lista corta de ingredientes y una cantidad moderada de sal. La expresión "piezas frescas" puede sonar atractiva, pero no sustituye la información obligatoria del envase. Comparar dos productos por cada 100 gramos permite ver cuál contiene menos sal, grasa o azúcares y evita dejarse convencer únicamente por reclamos como "alto en proteínas", "natural" o "95% carne". Comprar bien consiste, sobre todo, en planificar, comparar y entender qué explica realmente cada etiqueta.