A mediados de julio, con un calor que asustaba, estaba en Torroella de Montgrí para hacer una entrevista a los Corvitto, familia de míticos heladeros que fueron pioneros en la formulación de los postres helados más icónicos del verano. Y fue justamente Hervé Corvitto quien me recomendó, al terminarla, que fuera al restaurante El Teatre, en el pequeño pueblo de Regencós, a unos 15 minutos de donde nos encontrábamos y a la misma distancia de Sa Tuna, en Begur.
Pasaban las dos de la tarde cuando entrábamos en el parking del Teatre, que es el restaurante del hotel que lleva el mismo nombre y que está justo enfrente. Horas más tarde, saliendo y escuchando el chapoteo de la piscina, pensé que sería idílico pasar un fin de semana de verano en este pequeño pueblo medieval, rodeada por el macizo de Begur, y con la oferta gastronómica segura, y más cercana imposible, del restaurante Teatre. El restaurante Teatre está, efectivamente, en un antiguo teatro, y en la primera sala, muy amplia, es posible ver el escenario original, con el telón de terciopelo rojo y dorado. Nos sentamos, sin embargo, en la segunda sala, en el lateral, con vistas a la terraza interior, que da al jardín. Somos guiadas por un jefe de sala hospitalario, atento y despierto, que nos hace sentir como en casa a pesar de no haber puesto nunca los pies aquí.
Una excelente cazuela de fideos con pichón y butifarra, trompetas de la muerte y judía verde. Es el plato que me hará volver y que me hizo querer escribir sobre él y recomendarlo

Pedimos gamba, para empezar, a la plancha, y no le hace falta nada más. Da gusto comer una buena gamba en pleno julio; parece que el crustáceo condense en su carne y en sus jugos toda la esencia del verano. Albert Passarell, el chef del restaurante Teatre de Regencós, trama una propuesta de cocina eminentemente tradicional catalana, sin olvidar la tradición y la despensa ampurdanesa, con un menú del día y también carta. De primero, una excelente cazuela de fideos con pichón y butifarra, trompetas de la muerte y judía verde. Es el plato que me hará volver y que me hizo querer escribir sobre él y recomendarlo, de tan bien confeccionado y suculento. Passarell utiliza fideo grueso, que para mí tiene mejor mordida, y lo deja en el punto exacto de cocción. De la misma manera, el pichón conservaba a la perfección la textura tierna y jugosa de la carne, que tiene aquel punto ferruginoso que tanto me gusta.
El plato estaba muy bueno, contundente, un reto aparente que no fue tal para los casi 40 °C de temperatura que hacían

Y de segundo, capipota, con garbanzos y callos. Mención especial a unos garbanzos que saben a garbanzo, porque a menudo encontramos capipotas donde se ha añadido legumbre, pero no se la encuentra en el paladar, solo le da textura, y es una pena. El plato estaba muy bueno, contundente, un reto aparente que no fue tal para los casi 40 °C de temperatura que hacía, con un sol que se clavaba adentro en un momento. A pesar de eso, lo disfrutamos porque todo estaba bien hecho, las piezas de menudillos cortadas en tamaño óptimo, melosas, con una salsa que pedía pan y más pan. Aquel día no tomamos postre, pero me intriga saber cómo hacen su flan y, también, el cremoso de queso con fresas y galleta.