Jordi Cruz ha hablado en varias ocasiones de su infancia con una sinceridad poco habitual, reconociendo que no siempre fue una etapa sencilla. El chef ha explicado que de niño podía ser rebelde, pero que detrás de algunas de sus decisiones había una necesidad mucho más profunda: sentirse aceptado y no estar solo. Una de las anécdotas que mejor resume esa etapa tiene que ver con el dinero de su madre y unas simples chucherías.
“Robé dinero a mi madre para comprar chuches para los chicos de clase. Siempre era el último, el borrico, y buscaba el cariño, tener amigos”, recordó Cruz. La frase muestra una faceta muy distinta a la del cocinero seguro, exigente y reconocido que conocemos hoy. De niño, su preocupación estaba en encajar y encontrar un lugar dentro del grupo.
Comprar chuches era una forma de buscar aceptación
La historia no habla realmente de dulces, sino de pertenencia. Cruz entendió entonces que podía llamar la atención de sus compañeros compartiendo algo con ellos y acabó cruzando un límite para conseguirlo. El chef no ha intentado justificar aquella conducta, pero sí ha explicado qué había detrás: miedo a quedarse fuera y necesidad de sentirse querido.

Su madre reaccionó con dureza y aquella fue una de las pocas ocasiones en las que, según él mismo ha contado, recibió un castigo físico. Cruz recuerda que hubo otras dos situaciones similares: una relacionada con intentar robar neumáticos y otra por llegar demasiado tarde a casa.
Una infancia rebelde que también explica su carácter
Con el paso de los años, el cocinero ha podido interpretar aquellos episodios de otra manera. Lo que entonces parecía simplemente rebeldía también estaba relacionado con inseguridades propias de un niño que buscaba aprobación y amistad. Esa necesidad de demostrar, competir y encontrar su sitio acabaría apareciendo después de una forma mucho más constructiva en su carrera. Cruz ha construido una imagen profesional marcada por la disciplina, la exigencia y el perfeccionismo, pero detrás de todo ello existe también una historia personal menos conocida.
La anécdota de las chucherías muestra precisamente esa parte. Antes de convertirse en uno de los chefs más reconocibles de España, Jordi Cruz fue un niño que quería encajar y que tomó malas decisiones intentando conseguirlo. Una confesión que humaniza su recorrido y ayuda a entender que incluso detrás de personalidades muy fuertes puede haber una infancia marcada por la inseguridad.