Educar a un niño es uno de los desafíos más complejos y delicados que existen. Los niños están en pleno desarrollo emocional, social y cognitivo, y todo lo que escuchan y viven con sus figuras de apego —sus padres o cuidadores— modela su forma de entender el mundo. Por ello, como señala el psicólogo infantil Sabin en su vídeo sobre los momentos en que no es adecuado regañar a un hijo, es importante saber cuándo el regaño puede ser contraproducente y qué alternativas educacionales y afectivas existen.

La educación infantil moderna se basa en el entendimiento de que los niños no nacen con moral completa; la desarrollan gradualmente al observar, imitar y practicar patrones de comportamiento en adultos significativos. Los regaños y castigos tradicionales —especialmente si se hacen en momentos emocionales o sin contexto— pueden causar sentimientos de vergüenza, miedo o desconexión emocional, lo que a largo plazo no favorece una disciplina interna saludable.

Cinco momentos en que no debes regañar a tu hijo

Aunque Sabin detalla estos casos específicamente, investigaciones y expertos en crianza coinciden en varios escenarios donde el regaño no ayuda:

  1. Cuando el niño está emocionalmente abrumado o frustrado. En momentos de llanto intenso o rabieta, el cerebro del niño no procesa bien el castigo, sino que necesita apoyo emocional para regularse.

  2. En público o frente a otros adultos. Regañar frente a terceros puede hacer que el niño se sienta avergonzado o atacado, lo que puede dañar la relación y la confianza en los padres.

  3. Cuando comete un error involuntario (como derramar leche). En estos casos, el objetivo debe ser enseñar la consecuencia y el proceso de solución, no castigar por un accidente.

  4. Cuando los hermanos discuten. En peleas entre hermanos, recriminar sin mediación ni diálogo no les enseña habilidades de resolución de conflictos y puede modelar agresión como respuesta.

  5. Si el regaño surge de la frustración del adulto, no de la necesidad educativa. Según expertos, gritar o reprender en un momento de enojo más que educar puede sembrar miedo o resistencia en lugar de aprendizaje.

La naturaleza y efectos del regaño

Regañar puede tener efectos positivos si se usa de forma puntual, calmada y con una explicación clara: ayuda a establecer límites, enseña consecuencias y marca normas sociales aceptables. Sin embargo, cuando se hace desde la ira, con desmesura o repetidamente sin estructura, puede tener efectos negativos, como:

Sentimientos de vergüenza y baja autoestima en el niño.

Vinculación del amor con el miedo, reduciendo la apertura emocional del niño hacia los adultos.

Modelado de la ira como solución, aumentando comportamientos agresivos en la vida adulta.

Padre e hijo / Unsplash

Formas más efectivas de enseñar conducta

La psicología moderna y enfoques como la disciplina positiva proponen alternativas más constructivas que el simple regaño. Entre las estrategias recomendadas están:

Explicar el motivo detrás de una corrección en lugar de gritar decretos. Esto ayuda al niño a entender la causa y efecto.

Conversaciones colaborativas, invitando al niño a pensar qué podría hacer diferente la próxima vez en un ambiente de respeto mutuo.

Redirigir la atención o usar técnicas calmadas de pausa para recuperar la calma antes de explicar.

Reforzar conductas positivas, reconociendo y celebrando acciones correctas para motivar repetición.

Educar con respeto y límites claros

Educar a un niño no se trata simplemente de imponer normas, sino de acompañarle a comprenderlas y aplicarlas con autonomía y empatía. Saber cuándo no regañar es tan importante como saber cómo y cuándo corregir de forma efectiva. Según expertos en desarrollo infantil, los regaños deben ser ocasionales, justos y explicados con calma, y siempre acompañados de un buen vínculo afectivo, porque un niño que se siente seguro y comprendido aprende mejor y crece emocionalmente sano