Más allá de la guerra de Ucrania, esta semana también ha sido noticia la crisis que ha habido en el seno del Partido Popular. La guerra abierta entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso por el dinero que cobró el hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid en el contrato de unas mascarillas durante la primera ola del coronavirus ha acabado con la caída del líder del PP, que dejará el cargo después de la celebración de un congreso extraordinario, que tendrá lugar el fin de semana del 2 y 3 de abril. La decisión llegó después de un cónclave nocturno, celebrado en la noche de miércoles a jueves, con Casado y todos los barones autonómicos del partido. Quien a priori está mejor situado para sustituirlo al frente de la formación es Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia. En la trascendental reunión celebrada en Génova el miércoles, hubo unanimidad entre los líderes autonómicos a fin de que el gallego coja las riendas del partido después de la era Pablo Casado, pero Feijóo —hoy por hoy— se mantiene cauto y afirma que no tomará ninguna decisión hasta que el congreso esté convocado formalmente.

En este vídeo, cuatro especialistas valoran cómo ha afectado al Partido Popular esta crisis y cómo se resentirá la formación después de esta pugna entre Casado y Ayuso. ¿Quién ha estado detrás de esta implosión interna que se ha llevado a Casado y García Egea por delante? ¿Qué Partido Popular se puede esperar si Feijóo acaba al frente sin fisuras? ¿Cómo convivirá el todavía presidente de la Xunta de Galicia con Isabel Díaz Ayuso? ¿Hasta qué punto altera los planes del resto de formaciones la guerra en el PP? ¿Qué puede pasar al gobierno del PSOE y Unidas Podemos? Reflexionan sobre todas estas incógnitas los especialistas Iu Forn, Elisa Beni, Bea Talegón y Pilar Velasco.

Cronología de una crisis que ha acabado con Casado

Los hechos se precipitaron: el miércoles de la semana pasada, trascendía que la dirección popular habría contratado inspectores para espiar a Ayuso y su entorno familiar al llegarles un presunto caso de corrupción que salpicaba al hermano de la presidenta madrileña. Las 24 horas siguientes fueron muy duras, con declaraciones muy críticas y contundentes y con acusaciones graves entre varios dirigentes del Partido Popular. Por la mañana, Ayuso abría fuego y daba veracidad a las informaciones que apuntaban a las maniobras de Génova para espiarla: "Es muy doloroso que dirigentes de mi partido, en lugar de darte apoyo, sean los que te quieren destruir". La presidenta de la Comunidad de Madrid aseveraba que querían "desprestigiarla personal y políticamente" para apartarla de la carrera para encabezar el PP del territorio madrileño.

Unas horas después, García Egea no calmaba los ánimos y anunciaba la apertura de un expediente a Díaz Ayuso, situándola cerca de una posible expulsión. Quien todavía era secretario general de los populares dejaba dudas sobre la credibilidad de la mandataria de la Comunidad de Madrid, explicando que no habían recibido ninguna aclaración sobre la intermediación del hermano de Ayuso en un contrato por la compra de mascarillas. García Egea la acusaba de ser "desleal con el partido, los órganos de gobierno y representación".

La tarde del jueves, centenares de personas se concentraban en la sede popular para dar apoyo a Isabel Díaz Ayuso y exigir la marcha de Pablo Casado. El presidente del partido daba la cara el viernes en una entrevista en la COPE y ampliaba la fricción con ella. Casado se mostraba "dolido y decepcionado" con Ayuso y cargaba con contundencia: "La cuestión es si es comprensible que el 1 de abril, cuando morían en España 700 personas, se pueda contratar con tu hermana y recibir 286.000 euros de beneficio para vender mascarillas".

El mismo viernes por la tarde, el presidente del PP se reunía con la presidenta madrileña. El resultado fue que Casado cedía a la presión y cerraba el expediente a Ayuso, mientras que ella seguía insistiendo en la persecución por parte de la dirección estatal y apuntaba hacia una solución "urgente". El domingo, una nueva concentración en Génova laminaba más el liderazgo de Casado, que hasta entonces había recibido el apoyo de la mayoría de los grupos parlamentarios populares en el Congreso y Senado. Entre la tarde del domingo y el lunes, tanto el presidente como el secretario general del PP se empezaron a quedar solos. Diputados, dirigentes de la dirección y barones autonómicos clamaron de forma prácticamente unánime por la convocatoria de un congreso extraordinario y ya emergía el nombre de Feijóo como relevo.

Teodoro García Egea presentaba su dimisión el martes, dejando a Casado muy tocado. El presidente del Partido Popular convocaba a los presidentes del partido en las diferentes comunidades autónomas el miércoles a las 20 horas para hablar de la situación y abordar soluciones. La presión era casi inaguantable: Pablo Casado ya no tenía ningún apoyo. En un ejercicio de resistencia, la reunión acababa a las 1:30 horas con las siguientes decisiones: el presidente del Partido Popular seguirá siendo Casado hasta la celebración del congreso extraordinario, que se hará el 2 y 3 de abril, un congreso al cual él no presentará candidatura. Todas las miradas se sitúan ahora Alberto Núñez Feijóo, que en los próximos días podría hacer oficial que se postula para liderar una nueva etapa —por ahora, incierta— en el PP.