Hay un concepto que se utiliza a menudo en política y que dentro de la sala de máquinas de la Moncloa se ha convertido en todo un lema: facta non verba (hechos, no palabras). Pero hay un tema que ha sobrevolado siempre la actual legislatura y en el que Pedro Sánchez solo se ha quedado en las palabras, sin llevarlo a cabo. En incontables ocasiones ha sido preguntado si estaría dispuesto a reunirse con Carles Puigdemont. Y la respuesta ha sido generalmente que sí, sin nunca acabar de dar el paso; admitiendo que sería coherente con las políticas que ha aplicado en los últimos años para desescalar el conflicto político entre Catalunya y España. El PP, por su parte, no esconde que mantiene conversaciones con Junts per Catalunya. Y Alberto Núñez Feijóo pide pasar página del procés e incluso invita a los juntaires a sumarse a una moción de censura para tumbar a Sánchez. Pero ni hablar de visitar al president en el exilio en Waterloo. Ahora, de rebote, se especula más con el regreso de Puigdemont porque el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha avalado la ley de amnistía, y eso podría trastocar el tablero político para todos.
El punto de partida de Sánchez fue un no rotundo. En octubre de 2023, cuando Felipe VI le encargó someterse a un debate de investidura, Sánchez descartaba reunirse con Puigdemont; solo lo haría con quien tuviera un escaño en el Congreso, como es habitual. Dos meses más tarde, el secretario general de Junts, Jordi Turull, aseguraba tener el visto bueno de Santos Cerdán —entonces secretario de Organización del PSOE— para anunciar una reunión entre ambos, mientras la Moncloa lo enfriaba alegando que no figuraba en la agenda. Poco después, el propio Sánchez acababa confirmando que se reuniría "varias veces" con Puigdemont una vez se hubiera aprobado la ley de amnistía. La amnistía se aprobó, pero la reunión nunca se produjo. En la Navidad de 2024, Sánchez veía "coherente" la reunión y se abría a hacerla incluso antes de que Puigdemont fuera amnistiado; una amnistía política más allá de la judicial.
En septiembre de 2025, a raíz del encuentro de Salvador Illa con Puigdemont en Bruselas, la Moncloa aclaraba que Sánchez no tenía previsto reunirse con él a corto plazo, a pesar de que algunos de sus ministros defendían que el compromiso de celebrarla seguía firme y que se acabaría haciendo. Sánchez se limitaba a reiterar que la reunión "se producirá cuando toque". Y en la Navidad de 2025, con las relaciones entre ambos ya rotas, reconocía que entonces "no era el momento", a pesar de seguir mostrándose dispuesto a hacerlo en un futuro. La pasada Navidad, el presidente español reconoció en conversación informal con periodistas que la aplicación plena de la amnistía era uno de los grandes "hitos del año 2026", y confiaba en que el regreso de Puigdemont sirviera para "normalizar las relaciones" entre el PSOE y Junts y obtener así "una pizca de oxígeno" para la legislatura. Pero los juntaires aseguran que ya es demasiado tarde, y que el problema de los socialistas ha sido incumplir buena parte de los acuerdos de investidura sellados al principio de la legislatura; el regreso de Puigdemont, dicen, no debe afectar a las relaciones con el PSOE.
La última vez que a Sánchez se le ha preguntado por esta cuestión ha sido este pasado martes. Pero esta vez no quiso responder a la pregunta; al menos en su caso. Disparó con ironía contra el jefe de la oposición. En su respuesta, celebró los efectos positivos de la ley de amnistía, los cuales permiten un "reencuentro" entre el PP y Junts per Catalunya. "Incluso Alberto Núñez Feijóo se quiere reunir con Carles Puigdemont; y detrás va Vox", manifestó el presidente del Gobierno.
Feijóo, ni querer oír hablar de Waterloo
Que Alberto Núñez Feijóo se quiera reunir con Puigdemont no es del todo cierto. El líder del PP, por su parte, ha situado Waterloo fuera de su mapa desde el primer momento. En noviembre de 2023, en medio de las críticas del PSOE por los intentos de tantear su investidura con Junts, Feijóo cerraba la puerta espetando: "A mí no me hace presidente Puigdemont". Aseveraba que, si se encontraba en la oposición, era por no haber asumido las exigencias de los independentistas, especialmente por el rechazo a la amnistía.
Casi tres años después, ya en la recta final de la legislatura, el líder del PP ha ofrecido una moción de censura instrumental con el compromiso de convocar elecciones de manera inmediata. Ante esto, Turull le retó directamente a viajar a Waterloo para sentarse a negociarla con Puigdemont. Feijóo rechazó rápidamente la invitación envenenada: "No haremos lo que hemos criticado; no somos como el PSOE; hablemos de cosas serias". Ahora bien, lo que sí asegura el líder popular ahora es que quiere seguir votando de la mano de Junts más veces en lo que queda de legislatura.
¿Y si vuelve Puigdemont, qué?
De Sánchez y de Feijóo depende que haya una fotografía de ellos con Puigdemont. Pero la que no está tanto en sus manos es la del president volviendo del exilio y paseándose por las calles de Catalunya. Esto no tiene que pasar todavía, pero todo dependerá también de lo que diga en septiembre el Tribunal Constitucional y si, después, el Supremo se digna a obedecer la ley y aplicarle la amnistía.
Su abogado, Gonzalo Boye, decía en una entrevista en ElNacional.cat hace un par de semanas que "la cuestión, en manos de jueces, es quién se come el sapo del regreso de Puigdemont, Sánchez o Feijóo". Aunque Junts diga que no, el PSOE sostiene que el regreso puede ayudar a mejorar las relaciones entre las dos formaciones. Pero, ¿y demoscópicamente? Dentro de la sala de máquinas de la Moncloa hay opiniones de todo tipo; desde que el presidente español quedaría como un gran demócrata, a quien cree que la amnistía ya está amortizada y que no tendría efectos electorales. Pero se impone la que considera que será un desgaste; que el PP puede utilizar nuevamente esta munición para hurgar en la herida del PSOE.
En caso de ser así, ¿a Sánchez le conviene que vuelva lo antes posible, o que vuelva más tarde corriendo el riesgo de que se produzca en las proximidades de las elecciones generales? ¿Y si la demoscopia acierta y Puigdemont vuelve con un Gobierno presidido por Feijóo? ¿El líder del PP querrá en algún momento negociar con el líder político que persiguieron en 2017? Son las preguntas que han circulado por los pasillos del Congreso, el Senado y la Moncloa en los últimos años, y que en los próximos meses pueden empezar a tener respuesta.
