En una legislatura diabólica desde el primer momento, con unas urnas que el 23-J dejaron un Congreso endemoniado para Pedro Sánchez, las relaciones con Junts per Catalunya siempre han sido las más complicadas. Fue el último socio en firmar el acuerdo de investidura, a cambio de una ley de amnistía que ahora —más de dos años después de ser aprobada— el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha avalado. El mandato se ha complicado todavía más con los múltiples casos de corrupción y con unos incumplimientos de los acuerdos de principio de legislatura que provocaron que Junts rompiera relaciones con el PSOE. Como quien atraviesa un desierto, el presidente del Gobierno ha tenido siempre el espejismo de que un pronunciamiento favorable del TJUE provocaría un efecto dominó que le dejara gobernar en paz: aval del Constitucional, aval del Supremo y un regreso de Carles Puigdemont para reavivar las relaciones con los independentistas. Pero las fuentes juntaires consultadas por este periódico denuncian que esto es un delirio, nada más que una fantasía de los socialistas que no se cumplirá.
Hasta ahora, la Moncloa ha sostenido que el ejecutivo del PSOE y Sumar "ya hizo su trabajo" aprobando la ley y que ahora la pelota se encontraba en los tejados de los tribunales. El Gobierno ha situado siempre el pronunciamiento del TJUE como el capítulo casi final de la ley de amnistía; la decisión que permitiría el regreso de Carles Puigdemont a Catalunya. La pasada Navidad, en conversación informal con periodistas, el mismo Pedro Sánchez situaba esta cuestión como uno de los grandes hitos políticos de 2026. Asumía que la normalización política no será completa hasta que el president en el exilio pueda regresar a su país. Tanto él como María Jesús Montero —que ha sido su vicepresidenta primera hasta hace poco y también número dos del PSOE— se han mostrado convencidos de que este paso favorecerá una nueva etapa en la relación con Junts per Catalunya y contribuirá a rebajar la tensión política.
Así, en la Moncloa también han querido creer todo este tiempo que un regreso de Puigdemont daría estabilidad a la legislatura y proporcionaría un poco de oxígeno parlamentario al ejecutivo para agotar el mandato hasta 2027. De hecho, Sánchez ha expresado durante esta legislatura su disposición a reunirse con Carles Puigdemont —con Oriol Junqueras ya lo ha hecho más de una vez— cuando fuera el momento adecuado. Un momento que no ha llegado nunca pero que, según el líder socialista, sería "coherente" con las medidas tomadas estos años y útil para "pasar página" del conflicto político entre Catalunya y España.
Sin embargo, ahora que el regreso de Puigdemont está más cerca —pero no parece inminente; a la espera de los movimientos que hagan el Constitucional y el Supremo— las opiniones dentro de la sala de máquinas de la Moncloa son diversas. Distintas voces difieren sobre el efecto que puede tener el regreso de Puigdemont a Catalunya y la imagen del president en el exilio paseándose por las calles de su país, ahora que queda menos de un año para las próximas elecciones municipales y autonómicas, un máximo de un año para las próximas generales y medio mandato en Catalunya: ¿la amnistía ya está superada o un tour de Puigdemont por su país movilizará al votante españolista?
Puigdemont enfría su regreso a Catalunya
Sea como sea, Puigdemont enfrió este jueves su regreso a Catalunya. "El partido ahora ya no se jugará en Europa sino en el Bernabéu, con los árbitros y el público decantados hacia un lado", manifestó el president en el exilio. El Supremo continúa con varias cartas sobre la mesa. ¿Cuál tirará? ¿Seguirá la línea aznarista que llama a desobedecer al TJUE? ¿Será del parecer del PP de Alberto Núñez Feijóo que —a pesar de criticar a Sánchez, el independentismo y el fondo de la ley de amnistía— llega ya a pactos con Junts en el Congreso y admite que acata la sentencia europea? ¿Amnistiará a Puigdemont a las puertas de unas elecciones para enrabiar al electorado españolista y movilizarlo? Y si esto es así, ¿conseguirá Junts remontar la demoscopia que lo sitúa ahora por detrás de ERC y Aliança? En un sentido o en otro, y sea cual sea el momento, el regreso de Puigdemont a Catalunya será un revulsivo para el tablero de la política catalana y española.
Junts mantiene que la relación con el PSOE continuará igual
Lo que Junts asegura que no sufrirá ningún movimiento brusco será su relación con el PSOE, que ahora mismo está truncada. El secretario general de los independentistas, Jordi Turull, manifestaba el jueves en rueda de prensa que los socialistas no podrán contar con los puigdemontistas mientras no cumplan los compromisos alcanzados al principio de la legislatura a cambio de la presidencia del Congreso en manos de la socialista Francina Armengol y de la investidura de Pedro Sánchez. Advertía, además, que el PSOE se equivocaría si ahora intentaba colgarse la medalla del pronunciamiento del TJUE.
De hecho, los independentistas capitaneados en Madrid por Míriam Nogueras no hacen más que estrangular a Sánchez en el Congreso de los Diputados. Hace unas semanas votaban a favor de unos puntos del PP que exigían la dimisión a Sánchez o bien que se sometiera a una cuestión de confianza. Y esta misma semana el diputado Josep Maria Cruset advertía al ministro de Hacienda que no conseguirá aprobar los próximos presupuestos generales del Estado, a pesar de que desde el ejecutivo y algunos líderes socialistas como Salvador Illa manifiesten que sí ven margen para convencer a Junts.