Lluís Llach ha recordado una etapa de su juventud marcada por una pasión desmedida por el Barça. Cuando estudiaba en Barcelona, el cantante recibía dinero de casa para comer, pero muchas veces acababa destinándolo a otra cosa: comprar una entrada general para el Camp Nou. “Muchas veces no comía para poder ir al Barça”, ha explicado al rememorar aquellos años.
No lo cuenta como una recomendación, sino como una muestra de hasta qué punto el fútbol ocupaba un espacio central en su vida. Llach estudiaba ingeniería, aunque él mismo admite que entonces estaba bastante perdido sobre qué quería hacer con su vida en ese momento. En lugar de acudir siempre a clase, prefería ir con sus amigos a ver entrenar al equipo azulgrana.
El Barça estaba por delante de casi todo
“Las pelas que me daban en casa para comer me las acababa gastando en una entrada de general del Camp Nou”, recuerda. Las prioridades estaban muy claras para aquel joven que todavía no imaginaba cuál acabaría siendo su camino profesional.

La afición no se limitaba a los partidos. Llach y su grupo también se acercaban a los entrenamientos del Barça siempre que podían. Todos procedían de Girona y, según describe con humor, vivían “agrupados como un rebaño”, intentando adaptarse juntos a una Barcelona que todavía les resultaba nueva.
Una pensión cerca de Les Corts
Durante aquella etapa, Llach vivía en una pensión situada en un séptimo piso, en la esquina de Riera Blanca con Travessera de Les Corts. La ubicación lo mantenía además muy cerca del universo azulgrana, algo que facilitaba todavía más aquellas escapadas hacia el estadio y los entrenamientos. La ingeniería tampoco parecía entusiasmarle demasiado. “Imaginaros si iba perdido en la vida”, bromea al recordar que estaba matriculado en una carrera que finalmente no marcaría su futuro.
Con el tiempo, la música acabaría ocupando el lugar central de su trayectoria, pero aquellos años muestran una faceta mucho más cotidiana de Llach: la de un estudiante joven, viviendo en una pensión, rodeado de amigos de Girona y completamente absorbido por el fútbol. Antes de convertirse en una de las figuras más reconocibles de la música catalana, hubo una época en la que una entrada para el Barça podía parecerle más importante que cualquier otra cosa, incluso que el dinero destinado a comer.