Ahora hace una semana que Alberto Núñez Feijóo hacía un gesto a Junts per Catalunya abogando por pasar página del procés para facilitar entendimientos de futuro entre el PP y esta formación independentista. Y ahora hace un mes y medio que Génova 13 dejó en manos de Juanma Moreno la negociación con Vox para volver a ser investido presidente de la Junta de Andalucía, quien quería continuar como jefe del ejecutivo sin tener que gobernar con la extrema derecha. El aznarismo y Vox han vuelto a frenar nuevamente a Feijóo, tanto por sus viajes al centroderecha como por su acercamiento al independentismo catalán. El expresidente del Gobierno le ha instado a dejarse de formaciones catalanas y construir una “mayoría nacional y centrada” para tumbar al PSOE, mientras que el andaluz Moreno ha acabado aceptando que los ultraderechistas pasen a formar parte de su nuevo ejecutivo, así como algunos de sus postulados políticos.
No es la primera vez que el aznarismo le marca el paso a Feijóo. Esta legislatura arrancó de esta manera cuando, en septiembre de 2023, el mismo Aznar atizó al españolismo a manifestarse en las calles contra un eventual acuerdo entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont por una investidura a cambio de una ley de amnistía. Es lo que acabaría pasando, pero Feijóo se vio obligado a convocar una movilización cuando faltaban escasos días para que fuera él mismo quien se sometiera a un debate de investidura como presidente del Gobierno; una manera de dar el partido por perdido con antelación. Y de hecho, solo tres días después de las elecciones generales del 23-J de 2023, Ayuso enmendó la propuesta de Feijóo de un entendimiento con el PSOE para que dejaran gobernar al PP como ganador de las elecciones, advirtiendo que “Sánchez ya lo tiene pactado con Puigdemont”.
Ahora hace medio año, en una legislatura en la que Feijóo no se ha cansado de invitar a los socios de investidura de Sánchez a animarse a una moción de censura, Aznar desaconsejaba esta estrategia y aseguraba que sería como “tirar un penalti fuera”. La enmienda más importante de Aznar a Feijóo ha llegado tres años después, también por el guiño que ha hecho el actual líder del PP a Junts diciendo que le gustaría pasar página del procés, y abrir así la puerta a algún entendimiento en el futuro. Aznar —que es el expresidente que firmó el Pacto del Majestic con Jordi Pujol en 1996 a cambio de su investidura— advierte ahora que a Sánchez se le tiene que tumbar con una “mayoría nacional y centrada; de derecha a izquierda”, porque formaciones como la de Puigdemont querrán siempre “saquear el Estado”.
A esta enmienda se sumaba un rato más tarde Isabel Díaz Ayuso, que exigía "liberar España de la amenaza independentista constante, que se ha convertido en una expresión de corrupción". Ayuso es quien ha chocado más veces con Feijóó en los últimos años. En 2023, meses antes de las elecciones generales del 23-J, Feijóo propuso que se deje gobernar a la lista más votada en unas elecciones. Ayuso se confrontó públicamente recordando que ella misma se había convertido en presidenta de la Comunidad de Madrid en 2019 siendo la segunda lista más votada, gracias a los pactos con Ciudadanos y Vox que desbancaron al PSOE. Afirmó que la medida acabaría "guardada en un cajón"; un desafío que obligó a Feijóo a dar un paso atrás y matizar que la medida solo se tendría que aplicar a las elecciones municipales. Ya tuvo que dar un paso atrás Feijóo un año antes, cuando Ayuso mostró su rechazo a un decreto energético de Sánchez que inicialmente Feijóo había reclamado. La madrileña se negó de pleno a aplicarlo y Génova 13 acabó aplicando el discurso de la presidenta autonómica sobre la política energética, negándose a aprobarlo en el Congreso.
También Ayuso se ha salido otras veces de la línea discursiva del PP. En noviembre de 2023, la lideresa madrileña cogió a Feijóo a contrapié durante los altercados violentos protagonizados por la extrema derecha ante la sede estatal del PSOE; manifestaciones contrarias a la amnistía. Mientras Feijóo se limitaba a pedir "respeto y ejemplaridad", evitando condenar directamente a los ultras y culpando a Sánchez del malestar social, Ayuso se desmarcó haciendo una condena firme. La presidenta madrileña lamentó los "actos vandálicos", mostró apoyo a la policía española y exigió que cada uno de los ultras responsables fuera "detenido y juzgado". Y también Ayuso se ha atrevido a citar a Begoña Gómez, esposa de Sánchez, en comisión de investigación en la Asamblea de Madrid, algo que Feijóo no ha hecho todavía en el Senado.
Y existe la carpeta del aborto, en la que Ayuso ha tenido una línea mucho más reaccionaria que la de Feijóo. La presidenta de la Comunidad de Madrid se ha negado a crear el registro de objetores de conciencia en Madrid, llegando a instar a las mujeres que quieren abortar en la capital española y que no encuentran un equipo médico que las ayude a que "se marchen a otro lugar". Feijóo quedó en fuera de juego, y mientras la presidenta madrileña confrontaba abiertamente a la izquierda, el líder del PP tuvo que hacer equilibrios publicando una carta ambigua en las redes sociales. En cambio, en 2022 ambos chocaron porque Feijóo pedía restringir el aborto a las chicas de 16 y 17 años, mientras que Ayuso defendía que las menores de 18 no necesiten el permiso de los padres. Ahora, el gobierno de Ayuso también ha aprobado la ley del nacido no concebido. Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de Ayuso y ex secretario de Estado de Comunicación y portavoz del Gobierno de Aznar, celebraba la aprobación en su cuenta de Twitter (X) con un mensaje deplorable: "Esto significa que, según acaba de fecundar, antes de ducharse, lo que tiene una mujer en su vientre es una persona con derechos".
Vox y Andalucía
Y esta semana —en la que Feijóo se ha visto obligado a modular su discurso sobre la ley de nietos— el PP ha vuelto a caer en manos de Vox, hasta el punto de incluirlos dentro de un gobierno en una autonomía en la que los populares se encuentran a muy poco de la mayoría absoluta. Juanma Moreno ha gobernado Andalucía con este tipo de mayoría los últimos cuatro años. La campaña de las elecciones andaluzas del pasado mes de mayo estuvo marcada por la exigencia de Vox de imponer la "prioridad nacional" —políticas de primero los de casa— para apoyar una nueva investidura de Moreno. Ante esto, el PP pedía a los andaluces que votaran masivamente su candidatura para revalidar la mayoría absoluta y, así, no necesitar ningún tipo de apoyo externo de los ultraderechistas.
Pero no fue así. El PP ganó de manera incontestable, pero tuvo que conformarse con 53 diputados, a dos de la mayoría absoluta. La gobernabilidad de la Junta de Andalucía quedó en manos de los 15 diputados de Vox. Moreno defendió seguir gobernando en solitario y de manera independiente, y en un primer momento ofreció al partido de Santiago Abascal llegar a acuerdos puntuales en el Parlamento andaluz; en lugar de formar una coalición. En su llegada a la sede de Génova 13 al día siguiente de los comicios, insistió en que había "margen de maniobra" para no incluir a los extremistas en el ejecutivo.
En un primer momento, Feijóo esquivó y evitó pronunciarse sobre la cuestión, pero este gesto ya contrastó con sus movimientos anteriores cuando se habían celebrado comicios en Extremadura, Aragón y Castilla y León en los meses anteriores. En aquellas ocasiones, el líder de los populares sí que alargaba la mano a Vox; también porque los ultraderechistas habían conseguido buenos resultados y la victoria del PP no era tan contundente. Más tarde, Feijóo dejó en manos de los populares de Andalucía las negociaciones con Vox, avalando el planteamiento de Moreno y remarcando que le gusta el modelo sevillano: alcaldía del PP en solitario con acuerdos puntuales con los ultraderechistas.
Ahora Moreno se ha acabado tragando sus palabras y ya ha sido investido presidente de la Junta de Andalucía con los votos de Vox después de pactar que los extremistas entrarán en el ejecutivo con una consejería con rango de vicepresidencia que incluirá las carteras de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local. También ha aceptado postulados ideológicos como el negacionismo climático, la derogación de la ley de memoria o el principio de prioridad nacional.