Hace un mes el PSC hacía la presentación pública de su "Govern alternatiu". "Gobierno alternativo" para aquellos que entran en pánico al leer en catalán. Tan solo once días después de que se constituyera el Govern de manera oficial, el principal partido de la oposición montaba una sesión de investidura y presentaba a portavoz y 15 consejeros que aparecían autoproclamándose al más puro estilo Guaidó.
Según Illa esto era una manera de hacer oposición, una forma de "gobierno en la sombra" de Maragall, o del ejecutivo británico (el “shadow cabinet”). La idea se supone que es la misma, pero mucho me temo que lo que ha hecho el PSC dista mucho del formato británico. Lo de Reino Unido o Canadá se denomina "Leal Oposición de Su Majestad" y controla al "Gobierno de Su Majestad". En otros países donde también se aplica este sistema, como Australia o Nueva Zelanda se llama "Oposición Parlamentaria", como ocurre en España.
Lo del PSC pretende ser un golpe de efecto, una manera "original" de montarse su propia película para ir planteando una "oposición" en positivo. Sin embargo, más bien parece que no han sabido perder y que su manera de hacer oposición es, en realidad, un formato de autobombo para actuar por su cuenta en una realidad paralela.
Son ellos los de la sacrosanta constitución, los del orden y la ley, los que se han burlado de acciones políticas que representaban a una mayoría mucho más amplia que la que ellos representan (a pesar de su mejora electoral). Son ellos los que, de haber conseguido configurar Govern, habrían montado en cólera si a los indepes se les hubiera ocurrido constituir un "Govern alternatiu".
Parece que no han sabido perder y que su manera de hacer oposición es, en realidad, un formato de autobombo para actuar por su cuenta en una realidad paralela
Imagínese por un momento qué habría pasado si hubiera conseguido configurar un Govern de la Generalitat el señor Illa, de la mano de los comunes y sumando los apoyos necesarios. Imaginemos que una semana después de haber sido investido president, aparecen los independentistas haciendo una presentación de un gobierno alternativo en alguna plaza, con convocatoria a los medios, con puesta de largo. Y comenzasen a emitir comunicados. Les llamarían locos, se cachondearían de ellos, hablarían de falta de criterio y de sentido de la realidad, los señalarían como supremacistas que no respetan la ley ni el sistema. Golpistas. Serían seguro denominados golpistas y dudo que la Fiscalía no apareciera en escena para poner orden.
Pero si esto se orquesta desde el PSC hay que interpretarlo bien. O sea: en plan constructivo, en plan guay, en plan chupi piruli. Porque ellos solo quieren ser originales y hacer política en positivo. Incluso comprando la idea, aceptando pulpo como animal de compañía, o lo que es lo mismo, esto del Govern Alternatiu como una performance, seguiría sin encajar lo que ayer publicaba Illa. Que es, precisamente, lo que me hizo sentir una cierta sensación de vergüenza ajena. Es lo que me sentó ante las teclas para escribir esto que lee.
Decía Salvador Illa en sus redes sociales que "hoy se ha reunido el Govern Alternatiu. Hemos valorado con preocupación la quinta ola de la covid-19 y hemos aprobado un Plan de Choque que recoge 26 acciones sociales englobadas en 6 ejes de acción, que beneficiarían a 2.700.000 catalanes y catalanas, con una inversión total de más de 1.500 millones de euros.
En el hilo publicado habla de los seis ejes y al final del texto, aparece el enlace del documento en cuestión. Todo está escrito en catalán, sin traducción al castellano, algo que me ha llamado la atención viniendo del PSC y de su comportamiento en los últimos tiempos.
Sea como fuere, y pareciéndome bien el planteamiento de alternativas, que es lo que se denomina una oposición constructiva, eso del Govern alternatiu me parece un error. Por una cuestión de las formas, del talante. Da la sensación de que no asumen las reglas del juego si no les toca a ellos, y se puede plantear esto mismo que plantean presentándose ante la ciudadanía como lo que sí son: la oposición. Y eso ya, de entrada, sería un ejercicio de realismo, de humildad y de no insultar a la inteligencia de nadie.
En definitiva: el PSC está haciendo lo que cualquier oposición responsable debería hacer. Plantear propuestas. Sin embargo, lo envuelve en un manto delirante que, a su vez, pone sobre la mesa el problemilla que hay de fondo: la falta de respeto a quienes no piensan como ellos, aunque sean una mayoría. O sea, la democracia mola si gano yo. El sistema mola si me beneficia a mí. Y cuando pierdo, con mis propias reglas, me las salto. Pero me lleno la boca señalando a los demás si desobedecen. Así funcionan estos "constitucionalistas".
Quizás sería mucho más importante para todos los demócratas de este país hacer caer lo que verdaderamente es el gobierno en la sombra, no el de Cataluña, sino el de España. Ese donde algunos dictan sentencias, ocupan cargos que llevan años caducados, con el simple afán de volcar la balanza para donde a sus colegas les conviene
Al Constitucional se le critica cuando conviene. Cuando no conviene, se olvida la reforma de la LOTC del 2015 que se iba a tumbar. Como la ley mordaza. Como tantas y tantas cosas que se deberían hacer pero no se hacen.
Quizás sería mucho más importante para todos los demócratas de este país hacer caer lo que verdaderamente es el gobierno en la sombra, no el de Cataluña, sino el de España. Ese donde algunos dictan sentencias, ocupan cargos que llevan años caducados, con el simple afán de volcar la balanza para donde a sus colegas les conviene. Ese es el "gobierno en la sombra" que tenemos que combatir, el que huele a cloaca, el que hace y deshace pasando por encima de todo y de todos. En eso es en lo que debería ponerse foco, ponerse energía.
Las propuestas alternativas son siempre interesantes. Cuando no van de farol, cuando no se hacen por puro postureo, cuando no se trata de dar una imagen cuando tu propio partido gobierna el Estado y muchas de las cosas que planteas ni siquiera dependen de la Generalitat, sino de tus propios ministros.
En fin, que aquí cada cual va a lo suyo. Los tribunales, la oposición, los que se creen María Antonieta y los que montan gobiernos alternativos. El caso es no afrontar la realidad y coger al toro por los cuernos. Quizás porque para eso habría que reconocer ciertas cosas, habría que llegar a acuerdos y habría que solucionar historias que ha sido mejor esconder. Y eso está visto que nunca toca.
