Aunque sea cierto que, muchas veces, si sabes medir tus silencios cuando hablas tus palabras siempre ganan fuerza, la conferencia que ofreció este miércoles Artur Mas fue todo menos insulsa. Muchos años sin utilizar este formato, limitándose, en el mejor de los casos, a entrevistas, y el hecho de que se cumplieran diez años del pas al costat que dio como president de la Generalitat para salvar el procés y la candidatura de Junts pel Sí, había generado una expectación importante, sobre todo, claro está, en su espacio político. Mas dejó, al menos, tres mensajes importantes. Uno sobre financiación autonómica, sin duda, la carpeta política del momento y de los próximos tiempos en Catalunya. Otro sobre su regreso o no a la primera línea política y su posible candidatura a la alcaldía de Barcelona. Y, finalmente, una propuesta sobre la crisis de la vivienda, a la que, sinceramente, valdría la pena darle alguna vuelta porque abre un camino que nadie había planteado como él.

Mas demostró un dominio de la puesta en escena propio de quien ha estado muchos años lidiando en situaciones parecidas. Contundente en aquello que podía serlo. Cristalino en sus posiciones, las políticas, las económicas y las sociales. Elegante con aquellos con los que discrepa. Y ambicioso en lo que Catalunya tiene que negociar con Madrid. Respecto al tema del acuerdo de financiación autonómica alcanzado entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, con la mediación del PSC, estuvo críticamente constructivo. Reconoció que era un avance, pero aseguró también que, siempre, desde el primer acuerdo de financiación, el siguiente ha sido mejor que el anterior. Lamentó que se hubiera apostado por una evolución del sistema actualmente vigente y no se hubiera ido a un cambio de modelo en que la Generalitat tuviera la autoridad fiscal plena y lo que coloquialmente se llama la llave de la caja. Su argumento fue contundente: podemos estar en el marco del autogobierno, que no es el de la independencia, pero este lo hemos de querer entero.

Propuso para levantar el punto de salida de lo acordado entre Sánchez y Junqueras un gran acuerdo de país, con todos los agentes sociales detrás de una reclamación de autogobierno económico pleno. No habló de concierto económico, para no encasillarse en un concepto, pero su insistencia en el pacto fiscal y la gestión de toda la cesta de impuestos es, en la práctica, muy parecido. Emplazó a Junts a liderar esta nueva fase y a elevar el listón que ha quedado, señalando que hay tiempo para conseguirlo, ya que la tramitación parlamentaria será muy larga. Tiene para ello, en la sociedad civil, un primer aliado, como es la patronal de Foment del Treball y su presidente Josep Sánchez Llibre, pero parece difícil que otros actores, como FemCat o la Pimec, no se acabasen sumando. Para resaltar la importancia de ello, recordó que el actual modelo se aprobó en 2009, y el acordado, yendo rápido, entraría en vigor en 2027. O sea, habría durado la friolera de 18 años. De ahí su interpelación al auditorio: "Dieciocho años, casi veinte, es una generación, que se considera unos 25 años. ¿Alguien se imagina acordar algo, que puede llegar bien bien al 2045, y que no contemple que Catalunya tiene la capacidad de gestión tributaria total?".

Si el guante que lanzó hoy Artur Mas en el Hotel Palace se recoge, todo puede cambiar

Sibilino y esquivo estuvo en cuanto a su retorno a la política. Pero se le entendía entre líneas. Desveló que había tenido una oferta seria y formal para encabezar la candidatura electoral de Junts en Barcelona y que la había rehusado. ¿Es un no definitivo? No. De hecho, es lo más cercano al sí que nunca se le ha escuchado. Su explicación es bien sencilla: cedió la presidencia de la Generalitat, en 2016, a Carles Puigdemont por un bien común. Ahora, su objetivo no sería ser alcalde de la capital catalana, por muy importante que sea. Tendría que haber lo que denomina un bien común, como hace diez años. Si el guante que lanzó en el Hotel Palace se recoge, todo puede cambiar. Falta mucho tiempo, las municipales no serán hasta mayo de 2027 y han de pasar antes muchas cosas. Pero ya sabemos que cualquier no sobre el que se especule puede no acabar siendo definitivo.

En el terreno programático, lanzó una propuesta sobre el tema de la vivienda, muy en línea con su manera de entender la política como una búsqueda de soluciones, más que de problemas. Una iniciativa que no gustará a la izquierda de los comunes, quizás a algunos más, pero que seguro que sí al sector y a muchos de los que aspiran a comprarse un piso. Planteó la creación de una importante bolsa de millones de euros por parte de las administraciones para ayudar a los jóvenes a comprar una vivienda. Esta cesta serviría para que el comprador pudiera pagar la entrada de una vivienda, que suele ser un 25% del precio. Esta inversión convertiría a la administración en copropietaria y recuperaría el dinero cuando el comprador esté en condiciones de devolverlo y añadiendo el IPC anual que se haya devengado. No va —dijo— en contra de un parque móvil público, pero aceleraría enormemente la salida del nudo gordiano actual.