Jeremy Clarkson, conocido periodista británico, famoso por su trayectoria en Top Gear y The Grand Tour, analiza el Peugeot 408 GT Hybrid 145. Su valoración, publicada en The Times, deja una conclusión llamativa. El francés consigue conquistarle por su apariencia, pero no despierta el mismo entusiasmo cuando llega el momento de conducirlo.
El 408 presenta una carrocería difícil de encasillar en una categoría tradicional. Peugeot combina una silueta de berlina fastback con una posición elevada y detalles propios de un SUV. Su frontal agresivo, la caída del techo y las líneas laterales refuerzan una imagen deportiva. Clarkson reconoce el atractivo del conjunto. Sin embargo, aquella primera impresión positiva comienza a desvanecerse cuando examina el habitáculo y se pone al volante.
El Peugeot 408 es muy bonito por fuera, pero…
El interior es uno de los aspectos que más críticas recibe. Clarkson cuestiona el sistema i-Cockpit, especialmente su volante de dimensiones reducidas y la posición elevada de la instrumentación. Según explica, esta distribución dificulta la lectura de algunos indicadores. Tampoco le convence la pantalla central, que considera demasiado complicada. Los numerosos avisos acústicos terminan por aumentar su incomodidad. Una combinación que no encaja con sus preferencias.
La versión examinada incorpora un motor de gasolina de tres cilindros y 1,2 litros, acompañado de un sistema híbrido ligero de 48 voltios. El conjunto desarrolla 145 CV de potencia y utiliza una transmisión automática electrificada de seis velocidades. Peugeot diseña esta mecánica para priorizar la eficiencia y reducir el consumo. Sin embargo, Clarkson espera encontrar una respuesta más estimulante, especialmente teniendo en cuenta la apariencia deportiva del vehículo.
No todo es culpa de Peugeot
La conducción tampoco consigue cambiar su opinión. El periodista describe el comportamiento del Peugeot como lento, aburrido y monótono. No obstante, Clarkson evita responsabilizar exclusivamente a la marca francesa. En su análisis afirma que las exigencias regulatorias y la búsqueda de eficiencia reducen la personalidad de muchos automóviles actuales. También menciona modelos de otros fabricantes que, a su juicio, tampoco consiguen transmitir demasiadas emociones.
