El ecoactivista ruso Andrei Paniush, de 47 años, salió huyendo de la provincia de Krasnodar hace seis meses y se instaló cerca de Sabadell en noviembre. “¿Que si me siento completamente seguro en Catalunya? Por supuesto que no”, afirma este disidente ruso. “En primer lugar, podrían encontrarme fácilmente si se lo propusieran y, en segundo lugar, los brazos de esa gente son lo suficientemente largos para alcanzarme incluso aquí”. Pese a no ser conocido internacionalmente por su labor como opositor al régimen de Vladímir Putin, Andrei Paniush ha sido objeto de todo tipo de represalias, la más destacada la llevada a cabo por miembros del grupo Wagner, que en diciembre del año pasado prendieron fuego a la casa que poseía en Krasnodar.

Desde la invasión de Ucrania, son varios los rusos que ha dejado su país para zafarse de la policía política del régimen, pero Andrei es, con certeza, uno de los más amenazados. Abandonó Rusia en septiembre y llegó a Catalunya a finales de noviembre. Tuvo que salir corriendo porque se le echó encima el temido Servicio Federal de Seguridad (FSB), heredero de la KGB, por sus actividades como ecoactivista y opositor. Antes de que comenzaran sus problemas, había sido profesor de la Universidad de Kuban. Luego, desempeñó varios trabajos para compañías extranjeras. Y así hasta que empezó a investigar y denunciar las irregularidades de algunas empresas madereras y desenmascaró una estafa de cerca de 240.000 euros que implicaba a funcionarios del gobierno local en actividades ilegales.

Falsas acusaciones de la policía rusa

Estando todavía en Rusia, el verano pasado, la policía intentó acusarle de tráfico de drogas con la esperanza de frustrar la investigación de fraude electoral que estaba realizando. A partir de ese momento, las cosas se torcieron. Fabricar delitos para sacarse de encima a periodistas es una práctica común en Rusia. Lo que venía después estaba claro y, antes de que lo inculparan y encarcelaran, puso tierra de por medio. ¿Es su temor fundado? “El Kremlin intentó reclutar agentes en España para asesinar a Vladímir pese a que él lleva protección las 24 horas del día. ¿Acaso no les resultaría más sencillo ensañarse conmigo en Catalunya?”, explica. El compatriota que menciona es Vladímir Osechkin, un influencer que se refugió en Biarritz en 2015 y que lleva años denunciando las brutalidades cometidas por los funcionarios del sistema penitenciario ruso. A su juicio, los penales de Putin no son mejores que un gulag de Stalin. En pago a su trabajo como opositor, Vladímir Osechkin debe vivir permanentemente custodiado en el País Vasco francés por agentes de la Gendarmería. Se han descubierto ya varias conspiraciones para asesinarle y al menos una de ellas implicaba a sicarios de la mafia rusa procedentes del Cáucaso y detectados en algún lugar de España.

Desde hace cuatro meses, Andrei lleva una vida discreta de “disidente pobre” en una población cercana a Sabadell. Prefiere reservarse el nombre del lugar para no ponérselo tan fácil. Ningún ruso que haya desafiado a Putin termina de sentirse a salvo ni siquiera en Europa Occidental porque existen muchos precedentes de opositores y periodistas asesinados en la diáspora. Una vez ya en Catalunya, ha tratado de contactar con otros compatriotas que se oponen a la guerra y ha intensificado su actividad en las redes contra Putin y la Wagner. Y eso aún lo ha puesto más en la picota.

Miembros del grupo Wagner queman su casa

El alcance mundial de las denuncias de Paniush es algo más modesto que el de Vladimir Osehckin, pero a pesar de ello, el pasado 3 de diciembre, varios miembros de la compañía militar privada Wagner prendieron fuego a la casa que poseía en Goriachi Kliuch, una ciudad de 40.000 habitantes situada en el krai o provincia de Krasnodar, no muy lejos de uno de los cuarteles principales de los mercenarios de Yevgeni Prigozhin. O eso es lo que Paniush sospecha. Para cuando ardió su casa, Andrei ya estaba en Catalunya, pero no así su esposa ni su hija de 14 años. Existen fotos aéreas del estado en que quedó el inmueble que hablan por sí solas. El edificio entero fue completamente destruido por las llamas. Si eso no fue un aviso digno de considerarse, se le parece mucho. A raíz de lo ocurrido, su mujer tuvo que irse con su hija a la casa de sus padres. Se han quedado sin hogar y sin futuro.

Estado en que quedó la casa de Andrei Paniush, pasto del fuego provocado por miembros de Wagner / Foto: Cedida

“Durante mucho tiempo he estado criticando duramente las masacres cometidas por los mercenarios de Wagner, de manera que imagino que esa ha sido su respuesta a las actividades que desarrollaba en Catalunya. Así funcionan por allá las cosas. Si no pueden tocarte, van a por tu familia o por tus bienes. La niña todavía sufre estrés postraumático”, explica. Su matrimonio se ha tambaleado porque su mujer le culpa de lo sucedido.

¿Qué es lo que tanto inquieta a los socios de Putin?

“Hay un cuartel de la Wagner a veinte kilómetros de mi ciudad y estoy constantemente investigando, monitorizan mis movimientos. Juraría que he encontrado el modelo de negocio que utilizan los grupos locales de la Wagner para enriquecerse. De cuando en cuando me llegan amenazas por esto o por aquello y se me dice que van a enviar a alguien para vengarse. Está claro que tratan de asustarnos e impedir que vivamos normalmente, ¿pero deberíamos desestimar la seriedad de la amenaza? Yo juraría que quemar mi casa fue una señal de advertencia para el resto de los miembros de la organización con la que trabajaba en Rusia. En total, son unos cincuenta y lo que vienen a decirles es: 'Esto es lo que os pasará también si no cerráis la boca'”, explica Andrei Paniush.

De las pesquisas que él mismo ha realizado se infiere que fueron miembros de la Wagner quienes incendiaron su propiedad, aunque no puede demostrarlo. “Formalmente, solo el veredicto de un tribunal puede determinar quién es el culpable, pero estoy utilizando la navaja de Ockham, un principio de las Ciencias Económicas según el cual, en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable. Veamos, dejé Goryachiy Klych el 26 de septiembre de 2022. La mayoría de mis vecinos están involucrados de alguna manera en el negocio de la Wagner (dos tipos murieron recientemente en la guerra). La casa se incendió después de que me fuera y justamente el día en que escribí en las redes: 'Voy a regresar'. Ni la policía ni los bomberos hicieron nada por salvar mi casa ni por encontrar al posible sospechoso. Si anda como un pato y suena como un pato es que es un pato”.

La policía rusa no investiga el incendio

La policía rusa no ha investigado el fuego. “Mi esposa me dijo esta semana que han congelado el caso penal de incendio premeditado porque, literalmente, 'no podían encontrar un sospechoso'. Bien, lo cierto es que los agentes tampoco revisaron el edificio o el patio del inmueble tras el fuego”, aclara Paniush. “Ni siquiera investigaron a ninguna de las treinta personas que podían estar involucradas. No solicitaron tampoco copias de los registros de las cámaras de vídeo que apuntaban a mi patio o de las cámaras de los vecinos. Recabaron testimonios irrelevantes de solo cuatro personas y, sin embargo, no interrogaron a una mujer que me llamó a las ocho de la tarde del día en que se produjo el fuego a Catalunya para decirme que mi casa ardía”.

 

Andrei Paniush ante la sede del opositor ruso Navalny, en la província de Krasnodar / Foto: Cedida

"La vida aquí no és fàcil"

“Lo que me ha sucedido no está solo relacionado con la posición que mantengo contra esta guerra, sino con mis actividades como ecologista. En septiembre de 2022, envié cientos de correos electrónicos divulgando información sobre el proyecto de una futura planta química en la península de Taman en nombre de mis colegas de la organización. Yo pensaba entonces que estaba a salvo y solo dos meses después, mi casa ardía”, precisa Andrei Paniush. “Lo último que he sabido es que pretendían utilizar a gente de la extrema izquierda y la extrema derecha española para poner presión sobre mí”, continúa Andrei. “Quizá sea cierto o quizá no lo sea, pero las amenazas continúan. La policía rusa sabe dónde vive mi familia ahora y ha estado presionando a mi mujer para que me pida que deje de informar sobre sus actividades". Entre tanto, explica, "la vida aquí no es fácil. Voy a intentar solicitar asilo político. Algunos rusos me han ayudado y alquilaron para mí una habitación. Mi familia me envió también algún dinero. Solo podría trabajar legalmente a distancia para empresas de allá y nadie allá quiere contratarme tan pronto como oyen mi nombre”.

La madre de Paniush era ucraniana. Nació cerca de Kiev y se fue a Krasnodar cuando era todavía joven. Su familia paterna es una ensalada racial con ancestros chechenos, polacos, rusos y judíos. Andrei Paniush odia a Vladímir Putin, se opone a la guerra y se ha posicionado abiertamente del lado de los ucranianos. Ahora, en el pequeño pueblo en que reside, habla constantemente con ucranianos. “Me encuentro con sentimientos mezclados”, confiesa. “Hay un chico muy amistoso con el que converso a menudo. También hay gente, mayoritariamente mujeres, a las que no les gusto porque me dirijo en ruso a ellas. En cuanto a los catalanes, yo no diría que sean rusófobos, pero cuando dices que eres ruso, notas un cierto frío, así que ahora, cuando me preguntan, digo que soy de Ucrania”.

 

Foto principal: Andrei Paniush, en Barcelona / Foto: Cedida