Tres semanas después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicara una nueva hornada de millones de documentos vinculados a Jeffrey Epstein, la dimensión global de su red de contactos ha quedado todavía más al descubierto y ha tenido un impacto directo en el debate público europeo. Los registros de viajes, correos electrónicos e imágenes han situado bajo escrutinio a figuras de gran peso institucional en el continente y han reabierto preguntas sobre la capacidad del magnate para tejer relaciones con las élites. Su fortuna no solo facilitó los delitos por los que fue investigado, sino que le permitió acceder a círculos políticos y económicos que buscaban influencia o financiación. En este contexto, el coste reputacional de haber tenido tratos con él no se ha quedado en el ruido mediático y ha pasado a tener consecuencias palpables. La presión social y mediática ha convertido cualquier vínculo, aunque sea tangencial, en un factor de riesgo institucional.
El ejemplo más claro del precio a pagar por haberse juntado con Epstein se ha producido en Reino Unido y ha reabierto una crisis latente en la corona. El pasado 19 de febrero, la policía británica detuvo al expríncipe Andrés, hermano de Carlos III. El arresto, que duró unas 12 horas, se produjo después de que la publicación masiva de archivos del caso Epstein expusiera el papel del hijo predilecto de Isabel II en la circulación de información confidencial. Entre la documentación divulgada constan correos electrónicos en los que, presuntamente, Andrés reenviaba a Epstein informes vinculados a viajes y contactos institucionales en Asia, así como otro mensaje del 2010 con un informe sobre oportunidades de inversión en proyectos en Afganistán. El antiguo príncipe ha negado haber cometido ningún delito, pero ha evitado responder de manera directa a las nuevas acusaciones, mientras la imagen de su salida en coche, visiblemente impactado, ha quedado como una fotografía incómoda para la historia de la monarquía.
La detención ha abierto una crisis de una magnitud inédita en la corona británica. Por primera vez en la historia reciente, un miembro de la familia real ha sido arrestado e interrogado. En Buckingham son conscientes de que, independientemente del desenlace judicial, el simple hecho de la detención erosiona la confianza pública y proyecta dudas sobre el papel de la monarquía en el país. Carlos III reaccionó con rapidez a través de un comunicado en el que expresó su “profunda preocupación” por la situación de su hermano y subrayó la “plena confianza en la justicia”, ofreciendo “apoyo y cooperación incondicional” a las autoridades. El monarca, sin embargo, evitó cualquier valoración de fondo y advirtió que no haría más comentarios mientras el proceso continúe, en un intento de separar la dimensión familiar de la institucional y preservar la credibilidad de una corona sometida a mucha presión.
Crisis también en Downing Street
El terremoto de los archivos de Epstein en Reino Unido no se ha limitado a Buckingham y también ha llegado de lleno a Downing Street. Keir Starmer, al frente de uno de los ejecutivos más influyentes de Europa, ha visto cómo los vínculos con el pederasta de Brooklyn se convertían en un problema de credibilidad interna hasta el punto de provocar dimisiones. El 8 de febrero, Morgan McSweeney, jefe de gabinete del primer ministro y figura clave en la victoria laborista en las generales de julio de 2024, presentó su renuncia. Lo hizo por su papel en el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos, a pesar de que su relación con Epstein ya era conocida y volvió a quedar expuesta en la última remesa de documentos desclasificados. “Cuando me consultaron, aconsejé al primer ministro que hiciera este nombramiento y asumo plena responsabilidad por ello”, admitió McSweeney en un comunicado, antes de remarcar que “la decisión (...) ha dañado a nuestro partido, a nuestro país y la confianza en la política misma”.
La dimisión de su jefe de gabinete, sin embargo, no ha cerrado la crisis ni ha detenido el foco sobre Starmer, que ahora afronta una presión creciente y una erosión de su imagen pública. Según un sondeo de la firma demoscópica Opinium, un 55% de los británicos considera que el líder laborista debería dimitir. Además, el independentista Partido Nacional Escocés, el Partido Verde y dirigentes de diferentes formaciones han reclamado la renuncia del jefe de gobierno británico y han advertido que el caso pone en cuestión la credibilidad del ejecutivo en un momento especialmente sensible para la política británica.
“París es bueno para el adulterio”
Más al norte, la monarquía noruega afronta una crisis de credibilidad que se ha agravado estos días. Al escándalo de Marius Borg se le ha añadido una polémica que salpica directamente a su madre, la princesa Mette-Marit. La nueva remesa de documentos desclasificados reveló cientos de mensajes privados intercambiados entre Epstein y la reina consorte, con un tono que, según el material divulgado, iba más allá de la cordialidad institucional. “Tú siempre me haces sonreír, me haces cosquillas en el cerebro”, es una de las frases que constan en los archivos, mientras que el nombre de Mette-Marit aparece citado cerca de un millar de veces. La documentación sitúa el inicio del vínculo en enero de 2011, cuando ella tenía 37 años y él 58, y revela una comunicación sostenida durante años con felicitaciones, elogios y confidencias, incluida una frase atribuida a la princesa que ha generado especial revuelo: “París es bueno para el adulterio”.
En otro de los correos, la princesa hacía referencia a Lolita, la novela de Vladimir Nabokov que relata la obsesión de un profesor de literatura por una niña de 12 años: “Ahora veo por qué te gustan estos libros”. El impacto público de este material ha forzado una respuesta directa de Mette-Marit, que ha pedido disculpas por no haberse informado adecuadamente sobre el pasado de Epstein. En un mensaje difundido a la cadena noruega TV 2, la princesa admitió que mostró “escaso juicio” y reconoció que su conducta fue un error grave. “Me avergüenzo. Quiero expresar mi profunda empatía y solidaridad con las víctimas de los abusos cometidos por Epstein”, declaró.
