Jeffrey Epstein edificó su poder y su influencia sobre una fortuna recolectada mediante múltiples vías de negocio, con las inversiones financieras y la evasión fiscal como ejes centrales. La riqueza que acumuló no solo le abrió las puertas de la élite política, económica e intelectual, sino que también fue la herramienta que hizo posibles los crímenes por los que sería condenado años más tarde. Los archivos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos han incrementado las evidencias que evidencian que el pedófilo utilizaba sus recursos económicos para chantajear a figuras de primer nivel, presuntamente mediante grabaciones encubiertas de actividades sexuales ocurridas en sus propiedades. No eran pocas; su imperio incluía la mansión residencial más grande de Manhattan, dos islas en el Caribe y tres aviones privados, un patrimonio difícil de alcanzar para un hombre nacido en Brooklyn, hijo de un jardinero y una ama de casa. ¿Cómo consiguió transformar aquel origen humilde en una fortuna multimillonaria que le permitió infiltrarse en las más altas esferas de Occidente y crear una red internacional de pedofilia? La respuesta combina chantaje disfrazado de asesoramiento financiero y una relación opaca con los servicios de inteligencia estadounidense, ruso e israelí, para los cuales habría reclutado personas de interés estratégico.
Un documento firmado por el pedófilo condenado solo dos días antes de su suicidio en 2019 revela que su patrimonio estaba valorado en aproximadamente 580 millones de dólares. El testamento, bautizado como “fideicomiso de 1953” —en referencia al año de su nacimiento—, adoptaba la forma de un fondo fiduciario diseñado específicamente para ocultar la identidad de sus beneficiarios, una opción que ofrecía más opacidad que un testamento convencional. La versión definitiva de este documento, publicada por el Departamento de Justicia norteamericano en el marco de la última oleada de ficheros desclasificados, desveló que más de 40 personas estaban destinadas a heredar millones de dólares cada una. Entre los nombres que figuran en el testamento destaca el de Ghislaine Maxwell, su cómplice en la red de tráfico sexual, a quien correspondían 10 millones de dólares.
¿Dónde empezó todo?
Epstein era considerado un genio de las matemáticas, pero nunca llegó a graduarse. Abandonó la universidad para dedicarse a impartir clases a adolescentes en una escuela privada de Nueva York frecuentada por los hijos de la élite de la ciudad, a pesar de que no disponía de ninguna cualificación formal para la docencia. Tras ser despedido, aparentemente por falta de habilidades pedagógicas, recibió una oferta laboral en el gigante de la banca de inversión Bear Stearns, de la mano de Alan “Ace” Greenberg, un magnate que tenía hijos precisamente en la escuela donde Epstein había enseñado. Este contacto marcó su primer gran salto profesional y consolidó su posición financiera durante los años siguientes. En el lustro que pasó en Bear Stearns, Epstein fue ascendiendo dentro de la jerarquía de la entidad. Jimmy Cayne, que posteriormente se convertiría en director ejecutivo del banco, elogió públicamente su habilidad para tratar con clientes adinerados y para operar con productos financieros complejos. 1980 fue un año de éxitos para el pederasta, ya que consiguió el cargo de socio comanditario del banco y, en el ámbito social, fue designado “soltero del mes” por la revista Cosmopolitan en el número de julio de aquel mismo año.

No obstante, en 1981 abandonó Bear Stearns tras una infracción comercial por la que la empresa lo sancionó con una multa de 2.500 dólares. Fue a partir de ese momento cuando Epstein optó por vías de negocio más turbias. En agosto del mismo año fundó Intercontinental Assets Group, una empresa especializada en la recuperación de dinero para particulares y para diversos gobiernos extranjeros. El negocio consistía en ayudar a sus clientes a recuperar fondos robados por corredores y abogados fraudulentos, una actividad que Epstein describía como la de un cazarrecompensas de alto nivel. A sus amigos les explicaba que a veces trabajaba como consultor para gobiernos y personas muy adineradas para recuperar fondos malversados, mientras que en otras ocasiones sus clientes eran precisamente los mismos malversadores que buscaban blanquear u ocultar su botín. Uno de los clientes a los que Epstein asistió fue la actriz española Ana Obregón, a quien en 1982 ayudó a recuperar los millones de inversiones de su padre que habían desaparecido cuando Drysdale Government Securities colapsó a consecuencia de un fraude.
Después de años moviéndose entre vacíos legales y operaciones cuestionables, el pederasta fundó J Epstein & Company en 1988. Esta fue la empresa a través de la cual comenzaron a aparecer las grandes cantidades de dinero. Según la versión de Epstein, la entidad se dedicaba a administrar los activos de clientes con más de mil millones de dólares de patrimonio neto, aunque otras fuentes han expresado su escepticismo sobre esta cifra y sobre la veracidad de su cartera de clientes. El único multimillonario al que Epstein asesoró de manera públicamente reconocida fue Leslie Wexner, director ejecutivo de Victoria’s Secret. Epstein se convirtió en asesor financiero y mano derecha del empresario, con pleno poder notarial sobre sus asuntos, una confianza que le permitió embolsarse millones en honorarios. La relación con Wexner también le abrió las puertas al mundo de la moda; Epstein asistía a menudo a los desfiles de Victoria’s Secret, recibía modelos en su residencia de Nueva York y ayudaba a aspirantes a modelos a conseguir trabajo en la empresa. En 1996, Epstein cambió el nombre de su firma a Financial Trust Company y, por motivos fiscales, la domicilió en el paraíso fiscal estadounidense de St. Thomas, en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, traslado mediante el cual consiguió reducir los impuestos federales sobre la renta en un 90%.

Ya consolidado como millonario, Epstein recibió al menos 360 millones de dólares en dividendos de sus empresas entre 1999 y 2018, y se ahorró 300 millones de dólares en impuestos gracias a la jurisdicción de las Islas Vírgenes, según cálculos de Forbes. Sin embargo, la crisis financiera de 2008 golpeó duramente sus negocios. Financial Trust era inversora en un fondo de Bear Stearns que quebró en marzo de ese mismo año, convirtiéndose en una de las primeras grandes víctimas del colapso. La empresa registró pérdidas netas de 166 millones de dólares entre 2008 y 2010, un sangrado financiero que empujó a Epstein a crear una nueva estructura empresarial. En 2011 fundó Southern Trust Company, que posteriormente se convirtió en su principal fuente de ingresos y el vehículo a través del cual continuó operando con clientes de alto patrimonio.
¿Y las operaciones de tráfico sexual?
Los crímenes de Epstein se produjeron de manera paralela a sus negocios y tuvieron un gran facilitador: JPMorgan, el banco de inversiones de Estados Unidos que mantuvo a Epstein como cliente entre 1998 y 2013 y que acabó pagando esta relación a través de una serie de acuerdos judiciales posteriores. La justicia detectó más de mil millones de dólares en transacciones sospechosas vinculadas a Epstein poco después de su muerte. Según reveló The New York Times, la entidad identificó miles de transacciones que podrían haber facilitado el tráfico sexual de menores, una actividad criminal que habría sido financiera operativamente gracias a los servicios bancarios que JPMorgan proporcionó durante más de 15 años. El gobierno de las Islas Vírgenes, por su parte, alegó que Epstein dirigió desde sus islas caribeñas una conspiración de tráfico sexual durante más de dos décadas, hasta 2018, con víctimas que incluían niñas de 11 años. Las autoridades del archipiélago también emprendieron acciones judiciales contra JPMorgan, acusando al banco de haber “facilitado, apoyado y ocultado la red de tráfico de personas dirigida por Jeffrey Epstein”.