ÚLTIMA HORA | Sigue el minuto a minuto del conflicto Rusia - Ucrania

La actual guerra originada por la invasión rusa de Ucrania ha vuelto a poner sobre la mesa la posibilidad de una confrontación nuclear a gran escala con una intensidad que no se recordaba desde la caída de la Unión Soviética. Con el fin de la Guerra Fría a principios de los años noventa del siglo XX y las políticas de distensión nucleares que comportaron una reducción de los arsenales de las potencias nucleares, principalmente los Estados Unidos de América, de un lado, y la Federación Rusa -como principal heredera de la URSS- del otro, la eventualidad de una guerra con capacidad de autodestruir el planeta Tierra parecía alejarse, pero ahora, con la guerra en Ucrania, vuelve a ser una posibilidad totalmente real, y, ¿quizás más buscada de lo que parece?

Imagen de las instalaciones soviéticas en Cuba captadas por los aviones espía U-2 de los Estados Unidos / The John F. Kennedy Presidential Library & Museum

De hecho, el principal riesgo de una escalada militar a causa de la guerra en Ucrania radica precisamente en el hecho de que tanto Rusia como sus potenciales enemigos, los Estados Unidos bajo paraguas de la OTAN, tienen armamento nuclear, como también otros países que forman parte de la alianza militar occidental como el Reino Unido y Francia. A eso hay que añadir que otros países de la OTAN como Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos y Turquía pueden almacenar armamento nuclear de los EE.UU. y que Bielorrusia ha abandonado esta misma semana su estatus de país no nuclear, abriendo la puerta a que Rusia instale armamento de este tipo en su territorio.

El precedente: Cuba, 1962

Para encontrar una situación similar de peligro de autodestrucción mutua hace falta remontarse al año 1962 cuando la crisis de los misiles de Cuba acercó como nunca la humanidad a un paso del abismo en el enfrentamiento más caliente de una guerra que si se llamó Fría fue, precisamente, por la ausencia de ofensivas militares directas entre los dos antagonistas -EE.UU. y la URSS- que, en todo caso, participaban en guerras locales -Corea, Vietnam, Afganistan...-. En la isla del Caribe, sin embargo, las circunstancias subieron de tono en un enfrentamiento que, en caso de no haberse apaciguado, podría haber constituido el inicio de la Tercera -y quizás, definitiva- Guerra Mundial.

El líder soviético, Nikita Jrushchov / The John F. Kennedy Presidential Library & Museum

En el año 1962, Cuba se había consolidado como un país comunista. Desde el triunfo de la revolución castrista en 1959, la isla había dejado de ser un satélite de los Estados Unidos para convertirse en una avanzadilla prosoviética a 150 kilómetros de la península de Florida. La fallida invasión anticastrista de Bahía Cochinos en 1961, con apoyo logístico y financiación de los EE.UU. y auspiciada por la administración Kennedy, fortaleció el régimen de Fidel Castro. En este contexto, la instalación de misiles balísticos tipo Júpiter -con capacidad nuclear- americanos en Italia y Turquía -en este caso, país fronterizo con la URSS- fue una gran excusa para que el régimen cubano solicitara al primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Jrushchov, la instalación de misiles nucleares en la isla para disuadir un nuevo intento de invasión.

El comunismo toma ventaja

Cuando los vuelos de aviones espía U-2 de los EE.UU. descubrieron, en octubre de 1962, indicios de la instalación de unos misiles con capacidad nuclear que podían impactar en territorio norteamericano en pocos minutos, se desató una crisis mundial de grandes dimensiones. La posibilidad de una guerra nuclear era tan evidente que incluso el principio de la destrucción mutua asegurada -por el cual nadie resultaría vencedor en caso de enfrentamiento nuclear- quedó en duda, ya que por primera vez el bloque comunista tenía capacidad de conseguir impactar primero y reducir la capacidad de reacción del bloque capitalista. El presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, y su Consejo de Seguridad Nacional, pusieron las cartas sobre la mesa y estudiaron todas las posibilidades, incluida una invasión militar de la isla.

John F. Kennedy, reunido con el embajador de la Unión Soviética en los EE.UU. y el ministro de exteriores de la URSS en la Casa Blanca / U.S. National Archives and Records Administration

Una invasión de Cuba en aquel momento habría tenido, de hecho, una cierta similitud con la acción ofensiva actual del régimen de Putin sobre Ucrania, que se escuda en una defensa necesaria para salvaguardar la paz. Con todo, Kennedy prefirió jugar la carta diplomática, combinada con una 'cuarentena naval', un término más suave que el de 'bloqueo', que evitó que llegara el armamento a Cuba, aunque hubo momentos electrizantes, como el conato de enfrentamiento entre un bombardero norteamericano y un submarino soviético dotado de armamento nuclear. En paralelo, las negociaciones, a menudo tensas, entre soviéticos y norteamericanos, llegaron a la única salida posible si se quería evitar una guerra global, la desescalada mutua. Un acuerdo entre Kennedy y Jrushchov permitiría suavizar la situación sin comprometer el liderazgo de ninguno de los dos.

¿Un 'win-win' o ganó Jrushchov?

Ya en noviembre de 1962, el pragmatismo se imponía y la Unión Soviética se comprometía a desmantelar las armas nucleares en Cuba bajo verificación de la ONU. A cambio, los Estados Unidos se comprometían públicamente a no iniciar hostilidades en Cuba y, en secreto, a desmantelar el armamento balístico instalado en Turquía. Sobre el papel, lo que se llama un 'win-win', pero mirándolo bien, quizás el soviético salió ganando, asegurando el comunismo en Cuba y el desmantelamiento de la amenaza en Turquía. Fuera como fuera, el 20 de noviembre se dio por cerrada la crisis, al mismo tiempo que quedó en evidencia la necesidad de tener una línea de comunicación directa entre Washington y Moscú, el célebre teléfono rojo. El mundo había estado más cerca de que nunca de la autodestrucción, pero al final el buen juicio, por parte de los dos lados, se impuso.

Putin no ha perdido la posibilidad de conseguir su objetivo principal, asegurar que Ucrania no entre en la OTAN / Efe

Volviendo al presente, la guerra en Ucrania puede desembocar en una crisis como la de los misiles de Cuba, y la única lección que se puede extraer de aquel episodio es que el liderazgo jugó un papel primordial a la hora de desescalar. La cuestión es si en la actualidad, con un Vladímir Putin que ya ha puesto "en estado de alerta" las fuerzas nucleares rusas, es posible llegar a un acuerdo con su homólogo norteamericano, Joe Biden. O precisamente, si es eso el que busca el líder ruso, un acuerdo que desmilitarice y, sobre todo, 'desotanice' Ucrania de forma definitiva. ¿Juega Putin a hacer de Jrushchov? ¿Hasta dónde estará dispuesto a tensar la cuerda? Mientras tanto, la amenaza nuclear puede llegar a ser tan real como lo fue en Cuba en octubre de 1962.

Imagen principal: Alcance de los misiles nucleares rusos instalados en Cuba / The John F. Kennedy Presidential Library and Museum