Tal día como hoy del año 1896, hace 130 años, en Madrid, Salvador Bermúdez de Castro y O’Lawlor, director general de Correos y Telégrafos nombrado por el gobierno que presidía Antonio Cánovas del Castillo, líder del Partido Conservador, dictaba una orden que prohibía las conversaciones telefónicas y los textos de los telegramas en catalán y en euskera. En cuanto a las conversaciones telefónicas, desde el mismo momento en el que se publicaba dicha normativa, Bermúdez de Castro ordenaría a todas las compañías telefónicas que operaban en territorio español que instruyeran a sus teleoperadoras para que, al detectar una conversación que se había iniciado en catalán o en euskera, fuera interrumpida inmediatamente desconectando las clavijas.

El historiador Josep Grau, en La Lliga Regionalista i la llengua catalana (1901-1924) (Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2006), explica que "pronto la medida dio lugar a los primeros incidentes". A finales del mes de mayo, la teleoperadora que había conectado la conferencia telefónica entre los diputados catalanes Antoni Serra —que estaba en Zaragoza— y Joan Cañellas —que estaba en Madrid— interrumpió la comunicación al detectar que los interlocutores utilizaban el catalán. La protesta que presentaron Serra y Cañellas en las Cortes, argumentando un ataque a su esfera privada, no tendría recorrido.

Grau también explica que, posteriormente, el diputado del Partido Liberal por la circunscripción de Solsona, Josep Maluquer i Vidal, denunciaría ante el hemiciclo parlamentario que los responsables de la centralita de Madrid le habían impedido expresarse en catalán en una conferencia telefónica que mantenía con unos electores de Manresa. Maluquer explicaría que sus interlocutores no sabían "una sola palabra de castellano", por lo que le resultó imposible comunicarse con ellos. Tras muchas protestas, unos días después, Bermúdez de Castro era cesado y el ministro de Gobernación, Fernando Cos-Gayón, revocaba la orden.

Esta orden solo prohibía el uso del catalán y del euskera. Una absoluta paradoja, teniendo en cuenta que el teléfono había llegado a la península ibérica a través de Catalunya. Dos décadas antes (1877), los Dalmau —padre e hijo— habían efectuado la primera comunicación y extendido la primera red telefónica de la historia peninsular. Y que Catalunya era el territorio peninsular con más teléfonos (cuantitativamente y en ratio por habitante), ya que dos de las grandes operadoras privadas del momento (Telefónica y su monopolio serían creados por el dictador Primo de Rivera en 1924) eran catalanas (la Compañía Penínsular de Teléfonos y la Compañía Telefónica del Vallés).