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Durante años, los vinos y todo lo que los rodea han estado envueltos en un cierto aire de sofisticación. Hablar de variedades, aromas, crianza o notas de cata puede parecer, a primera vista, un territorio reservado a los expertos. Pero el vino también es cultura, gastronomía y, sobre todo, una experiencia para compartir. En este contexto, la Denominació d’Origen Catalunya representa una manera abierta y accesible de acercarse al mundo del vino.

 

La DO Catalunya se caracteriza por una gran diversidad de vinos, paisajes y maneras de entender la viña. Una realidad que se ha ampliado recientemente con la incorporación de 60 nuevos municipios a su zona de producción, desde las Terres de l'Ebre hasta el Pirineo. La DO refuerza así una vocación transversal que le permite representar climas, altitudes y territorios muy diferentes y que ya concentra aproximadamente la mitad del vino catalán amparado por una denominación de origen.

Botellas y copas de la DO Catalunya. / Foto: Carlos Baglietto

Esta diversidad es una de sus principales fortalezas. Una DO que permite a los elaboradores trabajar con un amplio abanico de variedades y explorar diferentes combinaciones. Variedades tradicionales como el macabeo o la garnacha pueden compartir protagonismo con variedades internacionales como el chardonnay o el merlot, en vinos que combinan tradición, adaptación y creatividad. Blancos frescos, tintos ligeros o con más estructura y rosados conviven así bajo una misma denominación.

No hay que memorizar un vocabulario complejo ni acertar todos los aromas de una cata. Se trata de mirar, descubrir, catar y formarse una opinión propia

Pero bajo su sello también hay iniciativas que explican cómo está evolucionando el sector. Una es Catalunya Vinyeró, una distinción que identifica vinos elaborados por viticultores que cultivan sus propias viñas, elaboran exclusivamente con su uva y comercializan después el vino. Una manera de reconocer quién controla todo el proceso, de la viña a la botella, y de ofrecer más información al consumidor sobre el origen del producto.

La sostenibilidad es otro de los ejes. Con Barcelona Sustainable Catalunya, la DO identifica las bodegas que acreditan compromisos ambientales concretos, como la reducción de la huella de carbono o la autoproducción de energía renovable. El distintivo establece objetivos progresivos hasta 2030 y sitúa como horizonte la neutralidad climática en 2050. Es decir, intenta convertir la sostenibilidad en algo medible y verificable, más allá de una declaración de intenciones.

Etiqueta para ganar un premio de la DO Catalunya. / Foto: Carlos Baglietto

Al final, sin embargo, hay una cuestión mucho más sencilla: cómo nos relacionamos con el vino. Cada vez hay más personas interesadas en descubrir nuevas botellas sin necesidad de convertirse en especialistas. No hace falta memorizar un vocabulario complejo ni acertar todos los aromas de una cata. Se trata de mirar, descubrir, probar y formarse una opinión propia.

La DO Catalunya se mueve precisamente entre estas dos realidades: el rigor que exige una denominación de origen y una manera más contemporánea, diversa y accesible de entender el vino. Para empezar a descubrirla no hace falta saberlo todo: solo tener curiosidad y dejarse sorprender por lo que puede explicar una copa sobre el territorio de donde proviene.