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Regentar un restaurante no es nada fácil. Hacerlo en el centro de Barcelona, todavía menos. Pero mantenerlo abierto durante 20 años con la energía y las ganas que requiere un proyecto así es extraordinario. Y eso es lo que han conseguido Toni Simoes, cocinero y propietario de la Taverna del Clínic, y su equipo. 20 años picando piedra y sirviendo platos de una calidad excepcional que les han merecido un Sol Repsol y el amor de una clientela feliz y fiel.

Un restaurante extraordinario

La Taverna del Clínic es, por definición, un restaurante extraordinario. Un lugar que se sale de la norma que impera actualmente en Barcelona. En un sector en el que la tendencia es abrir locales integrados en grupos de restauración, con inversores o dueños detrás que "regentan" varios, en la Taverna del Clínic el cocinero es el propietario y trabaja cada día para sacar adelante el negocio.

Para celebrar los 20 años del restaurante, Simoes ha ideado un menú especial que recorre los platos más icónicos que se han servido en el local desde sus inicios

Comedor de La Taverna del Clínic / Foto: Carlos Baglietto

La Taverna del Clínic se ubica, como su nombre indica, delante del hospital Clínic de Barcelona, en la calle Rosselló, 155. El espacio es curioso; al entrar hay una pequeña recepción. A continuación, un pasillo con un primer comedor alargado a la derecha, una curva a la izquierda desde la cual se ve la cocina y un segundo comedor al fondo. Entre los dos comedores hay una espectacular bodega, con un centenar de referencias de vino. Destacan también los reservados; espacios integrados en el comedor que, en vez de quedar aislados, tienen un cristal translúcido que mantiene la privacidad de los de dentro sin necesidad de un comedor aparte.

Cocina de la Taverna del Clínic. / Foto: Carlos Baglietto

Producto y servicio excelentes

Para celebrar los 20 años del restaurante, Simoes ha ideado un menú especial que recorre los platos más icónicos que se han servido en el local desde sus inicios. Algunos ya no aparecen en la carta actual y otros se mantienen impertérritos. El día que visitamos la Taverna, sin embargo, Toni nos prepara un menú que combina platos actuales con otros del menú aniversario.

Toni Simoes cocinando en La Taverna del Clínic. / Foto: Carlos Baglietto

El último plato de pescado es un exquisito corte de merluza acompañado de judías del ganxet y almejas. Un plato bien hecho, sin ninguna otra pretensión que ser bueno

Empezamos con unos entrantes de lujo: salpicón de pescado, patatas bravas, salmorejo de manzana verde con vieira y croquetas de calamar en su tinta. Todos son buenísimos. Destacan las bravas, que no son la ración clásica que podemos encontrar en cualquier bar. Aquí las sirven en forma de cilindro y rellenas con la salsa. Cuando te la comes, realmente sabe a brava, aunque por el aspecto no lo parezca. Un ejemplo perfecto de cómo aplicar bien la creatividad en un plato clásico.

Patatas bravas de la Taverna del Clínic. / Foto: Emma Porta

Continuamos con la ventresca de atún en escabeche y el trifásico de bacalao. Este último es uno de los clásicos del restaurante que ya no elaboran, pero que tuvo mucho éxito durante los primeros años. Se trata de tres elaboraciones hechas con morro de bacalao y tres salsas diferentes. El último plato de pescado es un exquisito corte de merluza acompañado de judías del ganxet y almejas. Un plato bien hecho, sin ninguna otra pretensión que ser bueno.

Trifásico de bacalao de la Taverna del Clínic. / Foto: Emma Porta

La traca final es un plato de carne contundente y exquisito. Costilla de Rubia Gallega a baja temperatura con parmentier de patata y setas. El nombre ya hace salivar, pero el sabor y la textura hacen llorar. Son muchas las cartas de restaurantes mediocres que ofrecen Rubia Gallega como una delicatessen, pero que en realidad dan carne recalentada con un parmentier que rebaja el sabor empalagoso de la salsa. Pero aquí no, aquí tenemos una costilla bien hecha, con el sabor y la textura que el plato necesita. Y no es nada fácil conseguirlo.

Comer en la Taverna del Clínic, al menos una vez en la vida, es casi obligatorio

Cerramos la comida con la torrija y helado de yogur, unos postres caseros tradicionales que ponen la guinda del pastel a una comida redonda. Una comida que hemos acompañado con Les Brugueres, un Priorat blanco delicioso, fresco y a la altura de todos los platos.

Costilla de Rubia Gallega de la Taverna del Clínic. / Foto: Emma Porta

Comer en la Taverna del Clínic, al menos una vez en la vida, es casi obligatorio. Te sientes como en casa, te atienden de lujo y el ambiente invita a disfrutar tanto de la comida como de la sobremesa. ¡Enhorabuena a Toni y a todo el equipo por el trabajo bien hecho y por 20 años más, como mínimo, de la Taverna del Clínic!