Es un tópico. Pero ayer salí a la calle y creo que, por primera vez en mi vida, la sensación era la de estar dentro de un horno. No hacía siquiera sol. Pero se escuchaba un ruidito como el que escuchas cuando giras la ruedecilla del aparato en cuestión. Noches tropicales, tórridas y no sé cuántos nombres más, les han puesto los meteorólogos. El aire acondicionado siempre se estropea cuando más lo necesitas. Quizás por todo esto me ha llamado la atención el estreno de Olive oil: una fantasía mediterránea, el nuevo cortometraje producido por Erika Lust, una de las principales referentes del porno ético y feminista, dirigido por Rebecca Stewart y protagonizado por Clémence Audiard y Joe Di Marco.

¿Aceite de oliva? Siempre hemos oído hablar del marisco y, sobre todo, de las ostras, que tienen mucho zinc, un mineral que colabora en la maduración del aparato reproductor masculino. O del mango, que contiene un aminoácido precursor de la serotonina, que está ligada al bienestar y la felicidad. Obviamente, de las fresas y de los frutos rojos, que favorecen la circulación sanguínea. Y qué decir del chocolate, un potente estimulante mental y sustituto de tantas cosas. Y, claro, de todas las fantasías que podamos imaginar o practicar con la nata. Por no hablar de algo de alcohol, que es un desinhibidor sexual importante, y que va bien si no te pasas demasiado, claro. Pero, ¿aceite de oliva? Entiendo que existen aceites afrodisíacos, mezclas de aceites naturales que se aplican con masajes para relajar el cuerpo y aumentar el deseo sexual. Pero, ¿aceite de oliva?

Bigas Luna ya dejó claro el efecto erótico del ajo en esa peli de Bardem y Penélope. Ahora Erika Lust nos añade el aceite de oliva

Pues, ¿por qué no? Bigas Luna ya dejó claro el efecto erótico del ajo en esa peli de Bardem y Penélope. Ahora Erika Lust nos añade el aceite de oliva. Claro que sí. El aroma, sí. El brillo dorado, sí. Y, sobre todo, la textura sedosa lo convierten en un poderoso recurso visual para representar el deseo. El oro líquido del Mediterráneo. Y, ya que estamos, yo añado otro elemento al ajo y al aceite. O dos. Lo ha adivinado: la sal y el tomate. Coges un cuerpo o una parte del cuerpo, le echas un poquito de sal, frotas el ajo, untas el tomate y echas un generoso chorrito de aceite. Y ya lo tienes. Ni Isabel Coixet.

Además, si piensan que la producción nace de la colaboración entre la cineasta Lust y la marca de aceite de oliva Jaleo, fundada por Marta Colombas e Iván Ortega, todavía existen más motivos para fomentar una peli y lo erótico. Resulta que España produce la mitad del aceite de oliva del mundo, pero que los italianos, como con la pizza y como con casi todo, han sabido venderse mejor. Pues mira, vendamos el pan con tomate sin complejos. Y los de ese anuncio de cerveza que se supone que da la bienvenida en verano, pero que cada año hacen el mismo anuncio, que vayan pensando en ello, va.