Barcelona y la protección de todo su patrimonio

La aprobación por parte de la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona de realizar los cambios normativos necesarios para la protección, conservación y recuperación del patrimonio gráfico del paisaje urbano de Barcelona es una buena decisión si queremos mantener lo poco que aún queda y que, al pasear por la ciudad, hace que tengamos algunos puntos de referencia de la vida cotidiana. La ciudad es una serie de cosas, algunas muy importantes, y debido a ello ya se les presta la atención que merecen. Desde la Sagrada Família al paseo de Gràcia, la Barcelona que mira al mar o el Eixample, el Camp Nou, Montjuïc o el Tibidabo, el barrio Gòtic o el Parc Güell, son varios los ejemplos de todo ello. Por su importancia, hay una lupa que hace que siempre estén en el radar de la imagen que quiere ofrecer la ciudad.

Pero después hay aquella Barcelona que no es tanto para enseñar a los de fuera como para disfrutar los que vivimos en la capital. Una ciudad diferente que reconocemos al andar a través de unos establecimientos que son historia viva de Barcelona y que los reconocemos —como dice su promotor, el concejal Jordi Coronas— a través de rótulos, cartelería, neones, cristales pintados o mosaicos con un alto valor histórico, artístico, tipográfico, artesanal, paisajístico, comercial o social. Ahora, la modificación de la ordenanza correspondiente va a incorporar una categoría específica de "protección de los rótulos, la cartelería y los elementos gráficos históricos o con alto valor patrimonial y social". Ha tenido que ser una polémica abierta a partir de que la Bodega Fermín, en la Barceloneta, tuviera que retirar uno de los rótulos instalados en 1973, por no cumplir con la normativa actual, que se paralizara el proceso de retirada y, gracias a ello, el resto de rótulos continúan presidiendo la fachada de un establecimiento emblemático de este barrio.

La modificación de la ordenanza correspondiente va a incorporar una categoría específica de "protección de los rótulos, la cartelería y los elementos gráficos históricos o con alto valor patrimonial y social"

En este caso, los dueños de la bodega sostenían que los carteles formaban parte de la identidad del establecimiento desde hace décadas y eran un elemento reconocible del paisaje de la Barceloneta. También que se había actuado con un criterio desigual respecto a otros locales cercanos que mantienen elementos similares. Este caso ha abierto una discusión más amplia: ¿hasta qué punto hay que aplicar estrictamente una normativa sobre rótulos y ocupación del espacio público si no preserva el patrimonio gráfico histórico de la ciudad? O dicho de otra manera, si la regulación actual es insuficiente, ¿qué se debe hacer? Porque si ese rótulo hubiera estado catalogado expresamente como elemento patrimonial, se habría buscado una solución antes de llegar a decidir que se tenía que quitar de la fachada del establecimiento.

Cada vez habrá más situaciones como estas si no queremos que la ciudad pierda más identidad de la que el inexorable paso del tiempo conlleva con la desaparición de locales que forman parte de nuestra memoria. Si hemos sido capaces, en el pasado, de preservar cosas tan diversas como rótulos modernistas de finales del siglo XIX y principios del XX, realizados en vidrio, hierro forjado, cerámica o madera; mosaicos comerciales de las entradas de tiendas y portales, muchos elaborados con técnicas artesanales; placas de calles de cerámica, especialmente en Ciutat Vella y Gràcia, o el característico panot de Barcelona, convertido casi en un símbolo de la ciudad, no nos tiene que resultar mucho más difícil esto. Sobre todo si queremos luchar contra el principal problema, que no es otro que la desaparición de comercios históricos y sus sustituciones por franquicias o nuevos negocios que eliminan todos los elementos originales.

Numerosos expertos consideran que, pese a que se han hecho muchas cosas en Barcelona, la protección de su patrimonio sigue siendo insuficiente y que deberían catalogarse muchos más elementos antes de que desaparezcan. Tienen razón y todo lo que se haga en esta dirección acabará haciendo la ciudad más reconocible y, en consecuencia, también más humana