Hoy me acerco al Grand Hyatt Barcelona, en la Diagonal, para cenar casi bajo las estrellas. Desde las alturas de la ciudad, Barcelona se extiende a nuestros pies mientras el sol se despide lentamente y las primeras luces del atardecer empiezan a iluminar el horizonte. Es en este escenario privilegiado donde se esconde Maymanta, el restaurante peruano que Omar Malpartida abrió hace casi tres años en la planta diecinueve del conocido hotel.
Para situarnos, Omar abrió El Tiradito, su primer restaurante, en Madrid con veinticuatro años, después de trabajar con Quique Dacosta y los hermanos Roca. Fue el primero de una serie de restaurantes que finalmente tuvo que cerrar, excepto el Maymanta Ibiza, que continuó abierto, según él, por falta de experiencia en la gestión. Cabe decir que la covid tampoco lo ayudó en nada. Pero, pasada la mala racha y esta vez asesorado con un buen equipo de gestores que velaban por el buen funcionamiento del negocio, volvió a la carga y, guiándose por su instinto emprendedor, abrió el Maymanta en Barcelona, con un concepto gastronómico; el Kaypa en Menorca, que es una cebichería que sirve tiraditos y cebiches, pero en la playa; el Barra M, que es nikkei, un omakase para doce personas, y, para acabar, está a punto de abrir su nuevo restaurante en Vilanova. Todos coinciden en el ADN peruano con algunos matices y toques contemporáneos y japoneses. Nos explica que son restaurantes concebidos para estar dentro de hoteles de cinco estrellas gran lujo, por eso es fundamental tener el apoyo del hotel.
Actualmente, está muy contento y tienen propuestas para montar otros Maymanta en Marruecos o Grecia, pero cree que no hace falta correr y quiere hacer las cosas bien. Curiosamente, tiene personal peruano tanto dentro de las cocinas como en la sala para poder proporcionar el ambiente ideal para entender su manera de hacer.
Estamos de acuerdo en que la cocina peruana está en su mejor momento, gracias, en parte, a cocineros como Virgilio Martínez, presente, precisamente, en el Andorra Taste 2026, que se celebrará el mes de septiembre; Pía León; Gastón Acurio, o Mitsuharu, Micha, que han posicionado la gastronomía del Perú en la cima internacional gracias a innovadoras propuestas que exploran la biodiversidad, desde la Amazonia hasta los Andes y la costa.
Pocas terrazas ofrecen una experiencia tan completa: alta cocina peruana, cócteles impecables y Barcelona a tus pies
Para acabar, este joven chef de treinta y ocho años que vive en Barcelona con sus hijos y su esposa, que, por cierto, es catalana, se confiesa un bon vivant y hedonista antes que cocinero, y nos anima a disfrutar de su cocina y sus cócteles mientras se va a toda prisa para la cocina.
Así las cosas, empezamos con pan de brioche de ají amarillo hecho en casa y horneado con leña en la Josper que desprende un aroma de brasas que nos acompañará durante toda la cena. Lo acompañan un par de mantequillas para untar hechas en casa.
Continuamos con una impecable croqueta limeña, cremosa por dentro y con una capa exterior crujiente que invita a repetir; unas ostras Regal Nº 2 de una gran finura, y un temaki de atún envuelto en alga nori y relleno de tartar de atún, salsa de anguila, emulsión de erizo de mar y chalaquita, una salsa tradicional peruana que aporta frescura y un punto ligeramente picante. Un inicio de menú que combina la delicadeza del producto con la personalidad de la cocina peruana contemporánea.
Como es de esperar, llegan los cebiches. Uno, de mero braseado con leche de tigre, huacatay, pepino, aire de algas, ají verde y maíz peruano; el otro, de mero en crudo, zumo de lima, ají fresco, zarandaja, boniato al Josper, yuca y chifles. Ambos espectaculares y diferentes entre ellos.
Las brasas marcan el ritmo de la cena y dejan una huella sutil en muchos de los platos que llegan a la mesa
Terminamos con un canelón de ají de gallina sobre una demi-glace de esas para mojar pan, un guiño del chef a la cocina catalana, y un rocoto relleno, el estofado tradicional de filete guisado con vino tinto y chicha de jora, patata y espuma de quesos, que se deshace en la boca.
Endulzamos el final de la comida con el clásico pastel de tres leches, probablemente el postre más icónico de la repostería peruana. Ligero, esponjoso y extraordinariamente meloso, llega perfectamente equilibrado de dulzor. Lo acompañan unas delicadas texturas de chocolate que juegan con diferentes intensidades, temperaturas y consistencias, y que ponen un punto final elegante y muy bien ejecutado a una cena que mantiene el nivel de principio a fin.
Mientras abandonamos el comedor, queda claro que Omar Malpartida es mucho más que un cocinero. Es un emprendedor inquieto que, después de algunos tropiezos, ha sabido reinventarse y construir un proyecto sólido sin renunciar a su identidad. En Maymanta encontramos una cocina peruana contemporánea de alto nivel, un servicio atento y profesional y una carta de cócteles que, por sí sola, ya justificaría la visita. Si a todo esto le añadimos unas vistas privilegiadas sobre Barcelona, el resultado es uno de esos restaurantes que merecen ser visitados al menos una vez.
