Aunque es sabido que todos los cambios de gobierno se producen con estruendo y acostumbran a ser fruto de una concatenación de errores y de una suma de crisis, ninguno ha tenido en España la dimensión y la magnitud de lo que estamos viviendo con el Gobierno socialista y su presidente, Pedro Sánchez. Lo que empezó como una moción de censura en el 2018 contra Mariano Rajoy y la corrupción del Partido Popular ha desembocado, ocho años después, en una crisis de proporciones gigantescas. Hemos entrado en el último año de legislatura, y si los tres que han transcurrido no han aportado nada positivo que merezca ser destacado, lo que falta, que solo lo sabe el presidente del Gobierno, amenaza con ser la implosión más letal desde 1977. El final de Adolfo Suárez, con los poderes fácticos enseñándole la puerta de salida, o el de Felipe González, perseguido por casos muy graves de corrupción, van a quedar como anecdóticos al lado del final de Sánchez.
El caso de Ceuta, con todos sus matices, y sobre todo la gestión que ha hecho, no es que vaya a ser su tumba definitiva, es que va a ser peor. Porque se dan varios de los atributos de este gobierno: la mentira, la soberbia, la negligencia, la dejadez y la incompetencia. Este jueves comparece Pedro Sánchez para ofrecer su versión sobre la invasión de Ceuta desde Marruecos y la violación de la frontera el 30 de julio, por donde cruzaron en unas horas unas 80.000 personas. El presidente, más allá de unos cortes radiofónicos, no ha dicho nada durante todo el mes de agosto, período que ha dedicado a sus vacaciones en Lanzarote. Hoy se explicará en el Congreso y veremos cómo se traga el sapo de lo que el gobierno ha ido pregonando este mes: que Marruecos no tenía nada que ver, que suerte habíamos tenido de la ayuda de sus autoridades y, en un remate hilarante, que todo había sido cosa de Rusia, Israel y de la internacional ultraderechista. Esta especie de remiendo para ingenuos o paniaguados la ha reventado un informe policial, encargado directamente por la juez a la policía, con orden expresa de no informar a sus superiores, o sea, a la cúpula política del Ministerio.
El final de Adolfo Suárez, con los poderes fácticos enseñándole la puerta de salida, o el de Felipe González, perseguido por casos muy graves de corrupción, van a quedar como anecdóticos al lado del final de Sánchez
El informe de 55 páginas, elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional, lleva por título Informe sobre la entrada masiva irregular en Ceuta. No deja duda alguna en su redactado y tampoco en las imágenes en que se ve claramente, en las 32 fotos aportadas como material gráfico, cómo agentes marroquíes uniformados y no uniformados guían a las masas en la invasión de Ceuta. No pasará nada, pero el ministro del Interior no debería durar un minuto más. No pasará nada, pero el jefe de la oposición está obligado a presentar una moción de censura. No pasará nada, pero el presidente del Gobierno debería convocar elecciones. Hay que ir hasta la página 48 y siguientes para llegar a la principal conclusión: el Gobierno [español] estaba avisado con antelación y la apertura de puertas de acceso fue una decisión. Este es probablemente el punto más peligroso para el Gobierno: la propia policía documenta (Anexo 1, con números de registro de salida) que hubo aviso escrito el 27 y el 29 de julio, y sitúa la "decisión de abrir las puertas" como cuestión a investigar en el lado español. Enlaza con la pág. 6: "Es a partir de la apertura de esa puerta cuando la entrada resulta más accesible y se extiende el mensaje de que se ha abierto la frontera".
Otro punto destacable es cómo la policía tira por tierra la tesis central de Sánchez y descarta que fueran las mafias. "Falta de capacidad de las organizaciones criminales. Las Organizaciones Criminales de Tráfico de Inmigrantes carecen de la capacidad para organizar un movimiento de estas dimensiones. […] Inexistencia de Indicios de Autoría Material de las Organizaciones Criminales. No existe indicio alguno que pudiera señalar a estas Organizaciones Criminales como promotoras o impulsoras de este asalto, ni tan siquiera en el proceso de promoción o difusión de una campaña viral en redes sociales; tampoco se puede hablar de su participación efectiva en los procesos de planificación y gestión simultánea de lo sucedido". Se refuerza en la pág. 31: "Con este nivel de conocimiento y de monitorización de los grupos, perfiles y teléfonos más habituales, no consta ni una sola referencia de estas organizaciones animando a la movilización o haciendo referencia a la entrada masiva".
En este detalle pormenorizado se encuentran elementos tan jugosos como que Marruecos no cooperó: sus fuerzas dirigieron la entrada. "A lo largo de los días 30 y 31 de julio, la respuesta policial en Marruecos a la movilización y entrada masiva de inmigrantes a Ceuta ha sido cuando menos de total permisividad, no registrándose ninguna tentativa seria de tratar de reducir, dispersar o alejar a la masa de personas del perímetro fronterizo el 30/07. […] En las entrevistas realizadas, los inmigrantes relatan de forma prácticamente unánime que los efectivos policiales no solo permanecían en actitud pasiva ante los intentos de entrada, sino que les ofrecían indicaciones para que accediesen a través del agua por la zona del espigón de El Tarajal y no por otros accesos. […] Existen incluso imágenes de algunas de estas personas no uniformadas que actúan impartiendo instrucciones a las Fuerzas de Seguridad de Marruecos".
Y lo remata así: "No fue inmigración, fue una operación de Estado con fines geopolíticos, aunque tuviera la apariencia de una finalidad migratoria. La finalidad migratoria opera solo como una cobertura formal que sirve para fomentar, impulsar y dirigir un flujo masivo de personas a la frontera de Ceuta. Esto viene confirmado por el hecho incontestable de que el perfil de la mayoría de los inmigrantes no busca permanecer en territorio español (solo permanece aproximadamente un 10% […]). Esta idea también viene reforzada posteriormente por la existencia de una segunda convocatoria, mucho más explícita, el 15/08/2026, que es absolutamente controlada por la estructura de seguridad marroquí, la cual estuvo inoperante en un proceso que duró más de 48 horas, durante los días 30/07 y 31/07/2026. La difusión de mensajes posteriores, que, incluso a nivel oficial, justifican por parte de Marruecos una reivindicación territorial que cuestiona la soberanía de España sobre Ceuta y Melilla". Y cierra el círculo en la pág. 51: "Un efecto añadido […] es el cuestionamiento del CNI en la detección de lo ocurrido. La escalada de la cuestión se ha convertido en lo que podríamos calificar como una acción de contrainteligencia ofensiva de manual".
Con toda esta información, solo un gobierno en el limbo de la realidad puede mantener una versión que ha sido desmontada. El ministro no necesitaba un informe, sino la información, y la tuvo. ¿Y alguien puede pensar que Sánchez no la tuvo?