El manifiesto por la excelencia en la UB sacude el modelo universitario

El manifiesto por la excelencia en la Universitat de Barcelona, impulsado por cerca de 245 investigadores e investigadoras de la misma universidad, abre un debate sobre el modelo universitario de la UB. Los firmantes consideran que "el sistema actual no siempre consigue premiar las trayectorias académicas más competitivas y denuncian que, en algunos departamentos, continúan existiendo dinámicas que dificultan la incorporación de talento externo". También reclaman "procesos más transparentes, criterios de evaluación más previsibles y una política más decidida para retener investigadores captados a través de programas competitivos". Los vicerrectores de Personal Docente e Investigador, Ernest Abadal, y el de Investigación, Jordi Garcia, defienden que "todos los procesos se desarrollan dentro del marco legal, que las comisiones se constituyen con mecanismos que aseguran la imparcialidad y que cualquier candidato puede impugnar las decisiones si considera que ha habido alguna irregularidad". El rectorado rechaza que "exista un problema estructural en los concursos y en la captación de talento externo". Por otro lado, sin embargo, reconoce que muchas de las dificultades que afectan la carrera académica dentro de las universidades españolas, desde la falta de plazas permanentes hasta el ritmo de las convocatorias, responden a condicionantes de financiación y a la regulación estatal del sistema universitario.

Los concursos públicos a plazas de profesor agregado y lector

Para entender el debate hay que, primero, entender el recorrido que sigue cualquier investigador o investigadora que aspira a una plaza estable. Después del doctorado, la mayoría de las carreras académicas pasan por varios contratos postdoctorales, a menudo en diferentes universidades o centros de investigación. Muchos investigadores e investigadoras se van al extranjero durante años, dirigen proyectos, publican artículos científicos y compiten en convocatorias internacionales antes de plantearse volver al sistema universitario catalán.

Antes de presentarse a cualquier concurso público, sin embargo, deben obtener una acreditación emitida por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) o por la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Catalunya (AQU). Esta acreditación, única del Estado Español, certifica que la persona cumple los requisitos académicos exigidos para optar a una categoría de profesorado universitario. En este punto las dos partes coinciden. Tanto los dos vicerrectores de la UB, como los impulsores del manifiesto consideran que esta acreditación es solo un requisito previo. La cuestión es qué peso tienen realmente los méritos científicos y docentes en el concurso que acaba decidiendo la plaza.

Marc Oliva, investigador del grupo sobre Ambientes Antárticos, Árticos y Alpinos y profesor titular del Departamento de Geografía de la UB, uno de los impulsores del manifiesto, considera que el sistema actual tiende a equiparar trayectorias muy diferentes. Según él, "el concurso debería servir para distinguir claramente las candidaturas con más impacto científico, experiencia internacional o capacidad de liderazgo". El vicerrectorado por su parte defiende que "los tribunales valoran conjuntamente la investigación, la docencia, la transferencia de conocimiento y el resto de méritos de los candidatos y candidatas, y que el marco legal ya permite seleccionar a la persona más adecuada para cada plaza".

Sin embargo, la principal crítica del manifiesto no es la normativa, sino su aplicación. El Dr. Oliva explica "No discutimos que haya una normativa. Lo que cuestionamos es si esta normativa, tal como se aplica, garantiza que la mejor candidatura sea la que acaba obteniendo la plaza". Y añade: "No se trata de desconfiar de los tribunales. Se trata de que cualquier candidato pueda entender por qué una candidatura obtiene una puntuación determinada y otra no". Los impulsores denuncian que "algunos concursos se convocan con poco margen de preparación, que los criterios específicos no siempre son lo suficientemente previsibles y que existen diferencias entre departamentos, hecho que puede dificultar la igualdad de oportunidades entre candidatos". Marc Oliva lo ejemplifica con su experiencia, en la que no conoció a su tribunal hasta 48 horas antes: "No es tanto una cuestión personal. El problema es si estas situaciones acaban normalizándose". "En cualquier convocatoria competitiva internacional, el calendario y las reglas son conocidas con suficiente antelación".

La Universitat de Barcelona admite que se han producido "incidencias puntuales en la comunicación de algunos concursos, como casos en que la convocatoria se notificó con doce días en lugar de los 15" que establece la normativa, pero las atribuye "al volumen de procesos que gestiona y defiende que no afectan a las garantías del sistema". Ernest Abadal recuerda que las convocatorias, los tribunales y las actas son públicas y que las comisiones incorporan miembros externos y mecanismos de control. "El sistema no permite escoger quién ganará una plaza", subraya. Además, añade que, antes "de llegar a los juzgados, las reclamaciones pasan por una comisión interna que revisa una veintena de casos anuales, y destaca que "en los últimos años ninguna resolución definitiva de la UB ha sido anulada judicialmente". Sobre la difusión de las convocatorias, el rectorado defiende que "cualquier persona acreditada se puede presentar".

Los programas de excelencia de atracción y retención de talento

Según datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, cerca del 80% del profesorado de la UB obtuvo el doctorado en la misma institución, el porcentaje más elevado de las universidades catalanas, seguida de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), con aproximadamente un 75%. Para los impulsores del manifiesto, "estas cifras reflejan las dificultades para incorporar talento externo". Francisco José Eiroa, profesor titular del departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Facultad de Psicología y galardonado con un Contrato del Programa de Excelencia Ramón y Cajal y firmante del manifiesto matiza: "No decimos que quien ha hecho la tesis en la UB no pueda ser excelente. La cuestión es entender por qué los investigadores e investigadoras deciden volver; a menudo pesan más motivos personales que las oportunidades profesionales".

El rectorado considera que este indicador, por sí solo, no permite hablar de endogamia y defiende que "hay que tener en cuenta la movilidad, las estancias en el extranjero o la participación en programas competitivos, y también las diferencias entre facultades y disciplinas".

Una investigadora ICREA de la UB, Ruth de Diego, del Departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la Facultad de Psicología de la UB, coincide en que "hay importantes desigualdades internas". Según explica, "algunos investigadores con perfiles muy competitivos encuentran dificultades para obtener el apoyo de un departamento concreto para presentarse a una plaza ICREA, por cuestiones vinculadas a las dinámicas internas o a las necesidades docentes". "Puede ser por cosas tan triviales... que no tengan espacio, ni un despacho para poner a esta persona", reconoce.

De Diego considera que "mientras algunos departamentos concentran ICREA, Ramón y Cajal y otras figuras de excelencia como los investigadores e investigadoras Serra Húnter, en otros no hay ninguno". "Esta concentración, a su parecer, contribuye a los buenos resultados globales de la UB en los rankings, pero también esconde desigualdades internas. No porque uniformemente la universidad tenga esta excelencia, sino porque tiene una serie de departamentos muy potentes".

El debate llega también a la capacidad de retener este talento. La UB incorpora a su plantilla estable, según datos del rectorado, unos 100 profesores permanentes cada año. La mitad corresponde aproximadamente a programas competitivos de excelencia —20 Ramón y Cajal, 25 Serra Húnter, 5 Beatriz Galindo y 3 cátedras de captación de talento— y la otra mitad a convocatorias ordinarias según explica Ernest Abadal. También defiende que "prácticamente el 100% de los Ramón y Cajal que quieren continuar en la institución se estabilizan mediante concursos específicos". Según Jordi Garcia, esto permite consolidar entre 15 y 20 investigadores de este programa cada año". El rectorado también destaca las iniciativas para facilitar la incorporación de ICREA, como las cátedras ICREA a tiempo parcial o los ICREA Acadèmia.

De Diego, sin embargo, señala carencias en la acogida y el apoyo a los investigadores que llegan de fuera. "Para la gente que viene de fuera es difícil la llegada y la introducción dentro de la universidad", apunta. Según su experiencia, la situación es especialmente significativa porque ella misma es ICREA en la UB desde 2008 y afirma que "durante todo este tiempo solo ha habido una persona de la universidad que se haya reunido específicamente con los investigadores ICREA para conocer sus necesidades y problemas, el vicerrector Jordi Alberch".

El rectorado identifica, a la vez, un límite estructural. Explican que "el número de plazas permanentes depende de la financiación pública vinculada principalmente a la docencia y al número de estudiantes. Por lo tanto, no siempre hay plazas en los departamentos para absorber todo el talento".

Tanto los impulsores y firmantes del manifiesto como el rectorado coinciden en que hay que mejorar la capacidad de retener talento de alto nivel, aunque discrepan sobre dónde situar el principal problema. Si en los mecanismos internos de selección y promoción o en las limitaciones estructurales de financiación y planificación de las universidades públicas.

Un debate que va más allá de la UB

El debate que ha abierto el manifiesto trasciende el caso de la UB. El informe ATRAE, elaborado por la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (RAICEX), señala las dificultades de España para atraer y retener talento investigador internacional. El reto, por lo tanto, no es solo crear programas de captación, sino garantizar que las universidades dispongan de mecanismos efectivos para retener a los investigadores e investigadoras que han conseguido incorporar.

La comparación internacional también muestra diferencias significativas. Mientras que más del 30% del personal investigador de las universidades británicas es de origen internacional, antes de la pandemia esta proporción se situaba alrededor del 13% en el Estado español según el informe ATRAE. A diferencia del modelo español, donde la acreditación previa de la ANECA o la AQU es un requisito indispensable, en el Reino Unido o en los Estados Unidos son las mismas universidades las que seleccionan a los candidatos mediante procesos basados en el currículum, seminarios científicos, entrevistas, referencias internacionales y la evaluación del potencial investigador. Además, disponen de una mayor flexibilidad para negociar salarios, ofrecer recursos para crear laboratorios o facilitar la incorporación de los equipos de investigación, factores que refuerzan su capacidad competitiva para captar talento.

En este contexto, el manifiesto de los investigadores e investigadoras de la UB plantea una pregunta que afecta a todo el sistema. ¿Cómo pueden las universidades públicas preservar los principios de igualdad, méritos y transparencia, a la vez que desarrollan mecanismos lo suficientemente ágiles y competitivos para atraer, retener y promocionar el mejor talento científico en un mercado académico cada vez más global?