¿Por qué se quejan los agricultores? Esta era la pregunta que nos hacíamos el pasado fin de semana mientras hacíamos cola en la C-16 para ir a disfrutar del paisaje blanquecino que los copos de nieve y el frío intenso de principios de enero nos habían dejado. Enfadados e inquietos por el corte de carreteras a raíz de la protesta de los agricultores contra el tratado de Mercosur, respondíamos nosotros mismos: “Se quejan por costumbre, porque no saben hacer nada más, por tocar las narices. Los agricultores se han quejado toda la vida, es su manera de comunicarse. La única manera que saben para hacerse ver es sacar los tractores a la calle, no saben conversar civilizadamente en un despacho. Se quejan por tocarnos las narices, por molestarnos a nosotros, que solo queremos disfrutar de un rato de naturaleza después de trabajar toda la semana”. Así empieza el vídeo que ha colgado Ernest Mas de Verd Camp Fruits, agricultor de tercera generación del campo de Cambrils. Os recomiendo mucho que lo escuchéis. Pero ya que os tengo aquí leyendo, os hago un extenso resumen.

Es injusto que como sector carguen con multitud de obligaciones y controles mientras abren puertas para que entren alimentos producidos a miles de kilómetros que no cumplen ninguna de estas obligaciones

De entrada, para situarnos, explico que el tratado de Mercosur es un Mercado Común del Sur que aglutina los principales países de América del Sur. El bloque pretende crear un mercado con libre circulación de bienes y una tarifa exterior común. La protesta de los agricultores catalanes no es para tocarnos las narices, el sector primario es el más empático de todos, y alzan la voz en defensa nuestra. Velan por nuestra salud: biológica, económica, social y medioambiental. Y también velan por nuestros fines de semana de descanso en paisajes idílicos del país. Ernest explica que se quejan por injusticia, por sentido común y por agotamiento. Porque es injusto que como sector carguen con multitud de obligaciones y controles –muchos necesarios, pero otros absurdos– mientras abren puertas para que entren alimentos producidos a miles de kilómetros que no cumplen ninguna de estas obligaciones, en el ámbito social, económico o medioambiental.

Los presidentes de Argentina, Javier Milei; Uruguay, Luis Lacalle Pou; la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; Brasil, Lula Da Silva y Paraguay, Santiago Peña. / Foto: EFE

Por sentido común, porque el tratado de Mercosur no tiene ni pies ni cabeza. No se entiende que importemos alimentos que aquí estamos produciendo. Uno de los argumentos de los gobiernos es que se debe garantizar el acceso a la alimentación a todos los ciudadanos. Y que debemos prepararnos para el inminente y natural aumento de población. Según Ernest Mas, la manera de conseguir la soberanía alimentaria es fortalecer el campesinado porque tenemos suficiente espacio y suficiente tecnología para producir suficientes alimentos para todos los habitantes del país. Lo que debemos procurar es ser más eficientes y no tirar impunemente uno de cada tres alimentos que producimos por razones estéticas, de sobreproducción o por competencia desleal.

¿Qué intereses extraalimentarios esconde el tratado? ¿Son todos los propósitos tan loables, tan beneficiosos para la población o es una medida que solo favorece a los gobiernos?

Otro de los argumentos esgrimidos por el gobierno es el abaratamiento del precio de los alimentos. A ver, ya hace tiempo que entran alimentos de fuera, a precios más económicos y, aun así, llenar la cesta de la compra cada día es más caro. Y acaba Ernest diciendo que luchan por combatir el agotamiento del sector. Hay falta de relevo generacional, cada día hay menos agricultores, menos ganaderos, menos pescadores… Hasta que un día ya no quedará ninguno. Entonces, sí que no habrá marcha atrás y acabaremos comiendo lo que nos envíen de ultramar.

Agricultores cortando la AP-7 en Pontós, Alt Empordà. / Foto: ACN

Sí que saben por qué se quejan los agricultores: por un futuro bueno para todos; para los agricultores y para los ciudadanos. Para continuar produciendo alimentos saludables hechos en nuestra tierra. Porque depender de terceros no es una solución, es ponernos en riesgo. Y yo añado: si quieres seguir disfrutando de estos fines de semana de paisajes idílicos en la montaña, ya puedes encomendarte a Dios, pero sobre todo, al sector primario, que cuida de los bosques, de los campos y fija población en el territorio. Sin ocupación económica, las zonas rurales se desertizarán y nadie tendrá cuidado de mantener el paisaje.

La pregunta que yo me hago no es por qué se quejan los agricultores, sino ¿qué hay tras el tratado de Mercosur? ¿Qué intereses extra-alimentarios esconde el tratado? ¿Son todos los propósitos tan loables, tan beneficiosos para la población o es una medida que solo favorece a los gobiernos? ¿Cuántas armas, cuántos residuos nucleares, cuántas barreras a la inmigración hay tras el tratado de Mercosur? Eso, amigos míos, no lo sabremos. Al menos, yo no. Pero mientras tanto, yo seguiré llenando la cesta con los pimientos de Ernest Mas de Verd Camp Fruits que, no solo son deliciosos, sino que es la manera más efectiva de construir y mantener un país.