El Aplec del Caragol es la mejor fiesta del mundo. O como mínimo, de Catalunya. 200.000 personas reunidas en más de 120 peñas que durante tres días nos dedicamos a comer, beber, bailar, cantar y charlar. Una fiesta es eso; hermandad, buen ambiente y tradición. El otro día oía a un periodista comentar que "Lleida no tiene nada", que "no se han sabido vender". Pero resulta que a nosotros no nos hace falta ningún brainstorming ni un equipo de treinta creativos buscando un eslogan brillante para convencer a la gente de que somos los mejores en todo. Si vienes al Aplec, lo verás de primera mano. Y la prueba más clara es que quien viene un año, siempre acaba volviendo.
El orgullo del Aplec
En Lleida es donde se come mejor de toda Catalunya. En el Sisè, en el Ferreruela o en el Saroa, pero también en Casa José, en los Trulls o en Can Rubies. No nos hacen falta estrellas Michelin para demostrar el valor de lo que tenemos. Quizás ya basta de justificar la calidad de una gastronomía solo por los puntos que ponen unos inspectores anónimos en una guía extranjera. Y no es para desmerecer a nadie ni quitar mérito a quien lo tiene, pero hay cosas que también se miden de otra manera. En Lleida tenemos carne (somos el principal productor de porcino del país y la provincia por excelencia de la mejor carne de cordero), verdura, fruta y cereal. Menos pescado, porque nuestro Señor decidió que no tendríamos mar, en Lleida hay de todo.
El conocidísimo Mobile World Congress o la feria Alimentaria registran poco más de 100.000 asistentes en las últimas ediciones. En el Aplec somos más de 200.000
El Aplec del Caragol es la síntesis de la lleidatanidad. Una fiesta que define nuestro ADN y que aglutina lo bueno y mejor que nos da la tierra. Un espacio de ocio popular donde no hay clases sociales y en el cual nos alimentamos a base de la proteína barata de los payeses: los caracoles. Para poner las cifras del Aplec en contexto, miremos algunas de las ferias más conocidas de Barcelona. Si bien es cierto que no son fiestas populares sino ferias de negocios, el conocidísimo Mobile World Congress o la feria Alimentaria registran poco más de 100.000 asistentes en las últimas ediciones. En el Aplec somos más de 200.000.

Esto no va de traer más gente, sino de dar el prestigio que se merece a una tierra a menudo menospreciada
Si miramos otras fiestas populares conocidas, como la Patum de Berga, los asistentes en momentos álgidos como el salto de plens se cuentan por centenares. Esto no quita mérito a las fiestas y ferias de otros puntos del país. Nadie dice que Girona Temps de Flors o les Santes de Mataró no sean fiestas fantásticas. ¿Pero por qué la gente no conoce el Aplec del Caragol con el volumen de gente que mueve y el peso gastronómico que tiene? Esto no va de traer más gente, sino de dar el prestigio que se merece a una tierra a menudo menospreciada.
En Lleida estamos poco acostumbrados a ser el centro de atención. Y cuando lo somos, nos entran las vergüenzas. Y no pasa nada. Pero cuando la gente dice que no tenemos nada, lo mínimo que tenemos que hacer es sacar pecho y enorgullecernos del lugar de donde somos. Y qué mejor que abanderarnos del Aplec para lucir el inmejorable patrimonio gastronómico de nuestra casa. Porque si el Aplec es la mejor fiesta del país, se dice y ya. Y este año, una vez más, lo hemos vuelto a demostrar.