Gósol es un pequeño pueblo de montaña de unos 250 habitantes situado en la comarca del Berguedà, a 1.500 metros de altitud, conocido principalmente porque está situado en la falda del Pedraforca y dentro del parque natural del Cadí-Moixeró, pero también porque Picasso pasó allí un verano, según parece.
Pues bien, en este entorno privilegiado y justamente en la plaza Mayor, ha reabierto el hostal Cal Triuet de la mano de Jordi de las Heras, exsumiller y ex jefe de sala de Ca l’Amador de Josa, del gran Diego Alias, que, por cierto, acaba de estrenar la nueva carta de primavera y tengo que reservar mesa cuanto antes.
A raíz de la nueva apertura, y como os imaginaréis, los habitantes de Gósol están alegres como unas castañuelas. Fíjate que en pocas semanas Cal Triuet ya se ha convertido en la sede social donde se reúnen los vecinos del pueblo para charlar, pero también los vecinos de los pueblos de al lado, como Saldes o Josa, y —como no— muchos de los excursionistas que se acercan al pueblo para visitar el Pedraforca. Como sucede a veces, la información sobre la apertura ha corrido como la pólvora. De hecho, yo me enteré el día de Sant Jordi en el estand de ElNacional.cat, gracias a un amigo y vecino de Josa de Cadí, que me lo contó mientras hablábamos, precisamente, de la nueva carta de Ca l’Amador.
Así que hoy, aprovechando que hace un día bonito, salgo de Sorribes de la Vansa en dirección a Gósol para ver qué se cuece. Escucho en la radio que han salido de Barcelona más de quinientos mil coches debido al puente del 1 de mayo y me río viendo la carretera vacía y el paisaje de un verde precioso gracias a las lluvias de los últimos meses.
Al llegar a la plaza Major de Gósol, veo la cola de gente en la puerta del nuevo hostal y no me sorprende, por el boca a boca que comentábamos. El edificio conserva la fachada original y justo enfrente tienen el espacio para instalar una magnífica terraza, ahora cuando llegue el buen tiempo. Jordi tiene previsto montar incluso una pequeña barra para que la parroquia que quiera tomar algo no tenga que entrar al restaurante. Igual que las nueve habitaciones que pronto estarán listas y a punto para formar parte del nuevo proyecto.
Jordi me confiesa que está muy contento de cómo está yendo todo, aunque un poco asustado —reconoce— porque desde que abrió ha llenado todos los días a todas horas. Una vez dentro, y antes de sentarme a la mesa, me enseña la cocina —perfectamente equipada—, donde veo al equipo sudando la gota gorda, con una actividad frenética de ollas y parrillas de aquí para allá. También su rincón favorito, con las estanterías llenas de botellas de vino, mayoritariamente del Bages.
Empezamos con unas ensaladas, unas tablas de embutidos y quesos. Los embutidos son todos del Berguedà y los quesos, de los artesanos de la zona, siendo los más solicitados los de la quesería Serrat Gros, de Josa, en todas sus variantes: el Serrat, el Cadinell y el tupí.
Tanto si vais hacia Gósol como si os queda de camino, Cal Triuet es de esos sitios idóneos para recuperar fuerzas, comer bien y sentirse como en casa entre amigos
Es innegable que el espacio respira tiempos pasados y aires de montaña, con sus vigas de madera. Nos ventilamos un bikini de cordero cocinado a baja temperatura, dispuesto sobre una demi-glace que es una maravilla. Comentamos que irá incorporando novedades a la carta con tranquilidad. De momento, con el resto de la carta, ofrece siempre un plato guisado de la semana. Hoy, por ejemplo, tiene una sepia con patatas que es una maravilla. Otras semanas ha guisado callos de ternera, carrilleras de cerdo, capipota, fricandó y albóndigas con sepia.
Continuamos con la butifarra negra, blanca y la chistorra a la brasa, para acabar con una buena bandeja de cordero, que acompañamos con patatas, judías y alcachofas. Tanto si vais hacia Gósol como si os queda de camino, Cal Triuet es de esos sitios idóneos para recuperar fuerzas, comer bien y sentirse como en casa entre amigos.
