Cuando llega el buen tiempo, lo que ciertamente apetece es ir a la playa a pasar el día y, ya que estamos y para acabar de redondearlo, disfrutar de un buen arroz —ya sea seco, meloso o caldoso— junto al mar. Mira por dónde, hoy, a pesar de que hace un día feúcho, enfilo la carretera hacia Castelldefels para visitar el restaurante CheChe, un restaurante especializado en arroces que me recomendó un amigo de esos que son de fiar, aunque ya veo que el bañito lo tendremos que dejar para otro día, porque se ha puesto a llover a cántaros antes de llegar. Así pues, después de aparcar el coche en el paseo marítimo de Castelldefels, bajo la atenta mirada del vigilante del parquímetro, abro el paraguas familiar que llevo siempre en el coche para estas ocasiones de alerta máxima —en estos momentos caen cuatro gotas— y me dirijo tranquilamente hacia el restaurante CheChe, que regentan los hermanos Pere y Maria Moya.

Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

Ellos son la tercera generación al mando del negocio, después de sus padres y sus abuelos, que fueron los fundadores con el restaurante Olave —situado justo enfrente del CheChe y que este año coincide que celebran los cincuenta años desde su apertura. Hay que decir, también, que la familia regenta otros restaurantes del pueblo, como los restaurantes Molla o el Olave Plaza, este último ubicado en la plaza del Ajuntament. Lejos quedan esos años en los que vecinos y bañistas llenaban el primer restaurante, cuando era más una taberna, y se hartaban de tallarines. Incluso lo llamaban el rey de los tallarines.

Mojama madurada / Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

El restaurante está lleno a reventar. Instalado cómodamente delante de los ventanales, que ocupan toda la pared, con vistas al mar —hoy, como digo, no es día para sentarse en la terraza—, estudio detenidamente la carta, mientras me ventilo un par de cervezas bien frescas antes de que llegue la comida.   

Atún en escabeche. Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

Comenzamos con una mojama madurada con un poco de aceite y sal y un carpaccio de atún Balfegó en escabeche, encurtidos y piñones, que regamos con Albariño Terras Gauda, antes de que lleguen las setas.

Perrechicos con huevo a baja temperatura. Restaurante setas / Foto: Víctor Antich

Maria me cuenta que, si la temporada de setas es buena, desfilan por la cocina los perrechicos, las senderuelas, las setas de Burdeos o las trompetas amarillas. Hoy, por ejemplo, nos han preparado un salteado de perrechicos con huevo a baja temperatura y panceta, pero mañana ya veremos. Les gusta trabajar el producto de temporada en su máxima expresión, pero —para ser honestos— no a cualquier precio, y siempre que se pueda pagar. Huyen, me dice, de los productos a precios desorbitados, por mucha temporada que sea, y me parece razonable.

Rape a la brasa. Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

El rape a la brasa con un pilpil muy suave que realza el sabor del pescado, con ajo confitado y verduras escalivadas, es una de sus especialidades, igual que la merluza de palangre a la brasa o el bacalao confitado.

Arroz meloso de gambas. Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

La cosa se sale de madre con el arroz meloso de gambas, presa Joselito y espárragos. Vayamos por partes: el arroz está en el punto perfecto, ni crudo ni demasiado hecho, con una textura cremosa y untuosa, es decir, a medio camino entre un arroz seco y uno caldoso. El sabor, por su parte, es intenso, profundo y equilibrado, siendo el de la gamba el principal. ¿Qué más se puede pedir?

En el CheChe no solo cocinan arroces: sirven cincuenta años de historia familiar frente al mar de Castelldefels, con producto de temporada y una cocina marinera que invita a volver

Piña y financiero. Restaurante CheChe / Foto: Víctor Antich

Es muy buena noticia que tengan quesos —muchos de ellos del país— como el Carrat Bauma, hecho con leche de cabra en Borredà; el Claustre, de leche de oveja, de la conocida quesería del Miracle, en el Solsonès, o el Cantell, de la quesería Can Pujol, en Vilassar de Mar; pero también los tienen del País Vasco, Francia y Gran Bretaña. Ya lo siento, pero hoy me salto los quesos y elijo la piña braseada y el financiero para cerrar una comida para enmarcar. No me extraña que algunos futbolistas del Barça se encuentren aquí como en casa y fichen muchas semanas.