Las masías son un símbolo del paisaje y la historia de Catalunya. Enclaves de payés que, en algunos casos, han perdurado hasta nuestros días. Hoy nos adentramos en les Guilleries para descubrir una masía de lo más especial. Un rincón de Catalunya lleno de historia en el que se puede desayunar de primera. Con producto de proximidad y las leyendas de bandoleros y familias poderosas durante la Edad Media, viajamos hasta la comarca de la Selva para visitar la Taverna Subirà.
La masía más grande de Catalunya
La Taverna Subirà es un restaurante ubicado en la masía más grande de Catalunya. Se trata de una casa feudal del siglo XIV, propiedad de la familia Subirà, una casa poderosa de la zona. Ubicada en medio de les Guilleries, la casa está aislada de la civilización. Se puede llegar por dos caminos, pero el principal es el que va desde Sant Hilari Sacalm, con una ruta de 8 km por un camino en medio del bosque. Es una masía histórica en la que se han tomado grandes decisiones sobre el futuro de Catalunya. De hecho, hay un dicho que dice que cuando el señor Subirà iba de aquí a Girona, paseaba por su jardín. En referencia a que tenía muchas tierras.
Actualmente, el local lo regenta Joel desde hace 15 años. Pero no la masía entera; regenta un local de la casa que tiene alquilado. Es un cocinero que ha aprendido todo lo que sabe de su abuela. Elabora una cocina tradicional, pero con su sello propio, y utiliza hierbas silvestres del bosque y productos de proximidad. En la Taverna Subirà se puede ir a desayunar o a comer y es un lugar muy frecuentado por ciclistas y senderistas que pasean por la zona.
Uno de los platos estrella de la casa es el asado de ratafía. Un plato suculento acabado con hierbas aromáticas silvestres que es una auténtica delicia
Como buenos amantes de los desayunos de tenedor, visitamos la masía de buena mañana. Empezamos la comida con unos embutidos de km 0 y un plato de guisantes del huerto. Es un gozo poder disfrutar de platos hechos con productos de la huerta propia en los restaurantes. Una vez hemos abierto el apetito, seguimos con el trencadís, un plato hecho con huevos de corral, patatas y butifarra del perol, acompañado con un buen plato de caracoles. Un buen guiño a mi querida Lleida.
Uno de los platos estrella de la casa es el asado de ratafía. Un plato suculento acabado con hierbas aromáticas silvestres que es una auténtica delicia. También está buenísima la panceta cocinada a baja temperatura, un plato meloso de esos que sacian el hambre como pocos.
Terminamos el desayuno, como no podía ser de otra manera, con unos postres caseros. Un clásico plato de miel y requesón y un delicioso pastel de queso. La mejor manera de cerrar una buena comida en un entorno natural idílico y lleno de historia.
