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Guardar alimentos con el mínimo aire posible ayuda a ocupar menos espacio, protegerlos mejor en el congelador y evitar que una bolsa quede llena de aire. El problema es que no todo el mundo tiene una máquina de envasar al vacío en casa. Hay, sin embargo, un truco sorprendentemente sencillo que solo necesita una bolsa con cierre zip, un recipiente profundo y agua. La misma presión del agua se encarga de expulsar buena parte del aire que queda atrapado dentro de la bolsa. No crea el vacío perfecto de una envasadora profesional, pero el resultado es lo suficientemente ajustado para muchos usos domésticos.

No tendremos un envasado al vacío profesional, pero sí que funciona muy bien

La presión del agua hace prácticamente todo el trabajo

El primer paso es poner el alimento dentro de una bolsa zip apta para uso alimentario. Puede funcionar especialmente bien con carne, pescado, verduras cortadas o raciones que queramos congelar. Antes de empezar, conviene distribuir bien el contenido y evitar que quede pegado en la zona del cierre, porque la cremallera deberá quedar completamente limpia para poder sellarla correctamente.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Después hay que cerrar casi toda la bolsa, dejando solo unos dos centímetros abiertos en un extremo. A continuación, se introduce lentamente dentro de un recipiente con agua fría. A medida que la bolsa baja, la presión del agua empuja el aire hacia la pequeña abertura superior. Se puede ver cómo el plástico va quedando pegado al alimento sin necesidad de presionarlo con las manos.

La clave es no sumergir nunca la zona abierta. Cuando el agua llegue casi hasta el cierre, pero todavía quede por debajo, solo hay que expulsar el último aire posible y acabar de cerrar la bolsa. Al sacarla, el plástico habrá quedado muy ajustado al contenido. Es el mismo principio de desplazamiento que se utiliza habitualmente para preparar alimentos para una cocción sous-vide sin envasadora.

No es un vacío profesional y hay que saber para qué sirve

Este sistema es especialmente útil antes de congelar. Reducir el aire que rodea el alimento disminuye el contacto directo con el oxígeno y ayuda a evitar las típicas zonas resecas provocadas por el congelador. También permite apilar las bolsas con más facilidad y guardar porciones individuales sin ocupar tanto espacio. Ahora bien, sacar el aire no convierte un alimento en estable a temperatura ambiente. Si necesitaba refrigeración antes, continuará necesitándola después. Tampoco se debe utilizar este truco para alargar indefinidamente la vida de alimentos frescos. La cadena de frío, la higiene y los tiempos de conservación continúan siendo imprescindibles.

También es preferible utilizar agua fría. No es necesario hacerlo directamente en una olla caliente, porque el sistema funciona por presión y no por temperatura. Para alimentos con mucho líquido, salsas o preparaciones que se puedan derramar, es mejor ir especialmente despacio. El resultado no es un vacío absoluto, pero para guardar raciones, congelar alimentos o preparar una bolsa para determinadas cocciones es un recurso extraordinariamente práctico. Una bolsa zip, un bol de agua y unos segundos pueden sustituir, en muchas situaciones cotidianas, una máquina que ocupa espacio y que probablemente utilizarías mucho menos de lo que imaginas.