Carme Ruscalleda lo tiene claro: la sandía siempre se te estropea en la nevera porque no sabes cómo guardarla

La sandía es una de las frutas que más espacio ocupa en la nevera y también una de las que peor acostumbramos a conservar una vez abierta. La solución habitual consiste en cortarla por la mitad, cubrir la superficie con film transparente y dejarla durante días en cualquier estante. El resultado es una pulpa que pierde textura, absorbe olores, acumula líquido y acaba con zonas blandas. La forma más práctica de conservarla es otra: lavar primero la corteza, retirarla completamente, cortar la pulpa en dados y guardarlos dentro de un recipiente limpio y bien cerrado.

Conservar bien la sandía no es nada sencillo

La sandía se debe lavar antes de cortarla

Aunque no nos comamos la corteza, hay que lavar la sandía entera bajo el grifo antes de abrirla. Durante el cultivo, el transporte y la manipulación puede acumular tierra, polvo y microorganismos en la superficie. Cuando pasamos el cuchillo sin haberla limpiado, la hoja puede transportar esta suciedad desde el exterior hasta la pulpa húmeda, que es precisamente la parte que consumiremos sin cocinar.

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🍉 "No se debe guardar la sandía en la nevera con papel film y se debe cortar la corteza." La chef Carme Ruscalleda nos aconseja sobre esta fruta, una de las reinas del verano. Deliciosa, rica en vitaminas y muy hidratante. 😋 #TotEsMou3Cat #tiktokencatalà #estiktokat #CarmeRuscalleda

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Después de lavarla, conviene secarla con papel de cocina o con un trapo limpio. A continuación, se puede cortar en porciones manejables, retirar toda la corteza y eliminar las partes blancas más duras. La pulpa se debe convertir en dados de un tamaño similar, lo suficientemente grandes para que no se deshagan pero lo suficientemente pequeños para poder servirlos directamente. Así se evita tener que manipular toda la pieza cada vez que queremos comer.

Guardar media sandía entera envuelta con film es menos cómodo y no siempre la protege bien. El plástico puede quedar mal ajustado, acumular condensación sobre la zona cortada y permitir que la fruta absorba los olores de los quesos, los guisos u otros alimentos de la nevera. Además, cada vez que la sacamos y la volvemos a cortar, aumentamos la manipulación y el riesgo de contaminación.

Dados, recipiente cerrado y la zona más fría

Los dados se deben colocar en un recipiente hermético, preferiblemente sin llenarlo excesivamente. No es necesario envolver cada trozo con film ni dejar la fruta descubierta. El recipiente evita que pierda agua, la protege de otros alimentos y permite ver fácilmente si ha empezado a soltar demasiado líquido. Si se acumula zumo en el fondo, se puede escurrir, pero no conviene ir abriéndolo constantemente.

La sandía cortada debe entrar en la nevera tan pronto como sea posible. No se debe dejar horas sobre el mármol, especialmente en verano, porque la pulpa tiene mucha agua y se deteriora con rapidez. Hay que conservarla en una zona fría y estable, no en la puerta, donde la temperatura varía cada vez que abrimos el frigorífico. También es mejor preparar una cantidad que podamos consumir en pocos días.

Cuando los dados huelen a fermentado, tienen una textura viscosa, presentan espuma o han perdido completamente la firmeza, se deben descartar. El truco, por lo tanto, no consiste en envolver mejor media sandía, sino en cambiar todo el sistema: lavarla antes de cortarla, retirar la corteza, hacer dados y conservarlos refrigerados dentro de un recipiente cerrado. Así ocupa menos espacio, queda preparada para servir y mantiene durante más tiempo la textura crujiente y el sabor fresco.