Hay recetas que vuelven porque encajan perfectamente con la manera actual de comer, aunque en realidad vengan de tiempos mucho más duros. La tortilla de espinacas "de guerra" es un ejemplo claro. Es un plato que muchas abuelas preparaban cuando no había casi nada en la despensa, pero había que poner en la mesa algo caliente, nutritivo y suficiente para salir adelante. No tenía ninguna pretensión moderna, pero vista hoy parece una receta hecha a medida para quien quiere comer sano, gastar poco y no complicarse. Solo necesita tres ingredientes principales: huevos, espinacas y ajo. Nada más. Ni queso, ni leche, ni harina, ni ningún añadido para hacerla más contundente. La fuerza del plato está precisamente en esta sencillez.
Esta es una de esas recetas tan básicas que enamora a las personas que buscan comer bien y de manera sana
Una receta nacida de la necesidad
La tortilla de espinacas "de guerra" sale de una cocina donde todo se aprovechaba y donde cada ingrediente debía tener una función clara. Los huevos aportaban proteína y hacían que el plato llenara. Las espinacas daban volumen, color y nutrientes. El ajo, con muy poco, transformaba completamente el sabor. El primer paso es sofreír un diente de ajo laminado con un poco de aceite. No hay que quemarlo ni dejarlo demasiado tostado, solo perfumar la sartén para que después las espinacas cojan ese gusto de cocina casera tan reconocible.
Después se añaden las espinacas frescas. Al principio parecen muchas, pero en pocos minutos pierden el agua y reducen muchísimo el volumen. Este paso es importante porque, si se mezclan demasiado húmedas con el huevo, la tortilla puede quedar aguada y perder textura. Aparte, se baten dos o tres huevos con un poco de sal. Cuando las espinacas ya han quedado bien cocinadas, se mezclan con los huevos y todo vuelve a la sartén. La cocción debe ser a fuego medio, sin prisas, para que quede cuajada pero no seca.
El secreto es no añadirle más de lo que necesita
La gracia de esta tortilla es que no intenta parecer otra cosa. No busca ser una tortilla gruesa de restaurante ni una receta cargada de ingredientes. Es directa, ligera y muy efectiva. Además, tiene una explicación nutricional muy clara. Las espinacas aportan fibra, vitaminas y minerales. Los huevos dan proteína completa y grasas que ayudan a hacer el plato más saciante. El ajo potencia el gusto sin necesidad de añadir salsas ni ingredientes más pesados.
También es una receta muy práctica para el día a día. Se puede comer caliente, recién hecha, pero también funciona tibia o incluso fría. Con una ensalada o una rebanada de pan bueno, resuelve una cena sencilla sin sensación de comer poco. Así pues, la tortilla de espinacas "de guerra" es mucho más que una receta antigua. Es una demostración de que la cocina pobre a menudo era también una cocina inteligente. Con tres ingredientes y una sartén, nuestras abuelas hacían un plato sano, barato y lleno de sentido.
