Hay postres que se presentan como saludables pero que, a la hora de probarlas, recuerdan demasiado a una barrita energética. Esta tartaleta juega en otra liga: tiene una base dulce y jugosa de plátano, coco y almendra, una capa ligeramente ácida de arándanos y una cobertura intensa de crema de cacahuete y chocolate negro. No lleva gluten, no necesita horno y se prepara con ingredientes fáciles de encontrar. El secreto para que funcione es respetar las texturas y dejarla reposar lo suficiente en el congelador antes de servirla.
¡Este postre sano no decepciona a la hora de probarlo!
Una base compacta sin harina ni mantequilla
Para preparar la base, aplasta un plátano maduro hasta obtener un puré sin grumos. Añade una taza de coco rallado y una taza de harina de almendra. Mézclalo primero con una cuchara y luego con las manos hasta que tengas una masa húmeda, compacta y fácil de modelar. Si el plátano es muy grande y la mezcla queda demasiado blanda, incorpora un poco más de coco o almendra.
Reparte la masa en moldes pequeños de tartaleta o en un único molde forrado con papel vegetal. Presiona bien la base y levanta ligeramente los bordes para que después puedas contener la mermelada. No es necesario untar los moldes si son de silicona. Lleva la base al congelador durante unos veinte minutos mientras preparas el relleno, para que coja firmeza y no se deforme cuando le añadas las otras capas.
Para hacer la mermelada, pon cien gramos de arándanos en un cazo con treinta gramos de eritritol y el zumo de medio limón. Cuécelo a fuego suave durante unos minutos, aplastando la fruta con un tenedor, hasta que suelte el zumo. Retíralo del fuego, incorpora una cucharada de semillas de chía y deja que repose hasta que se espese. La chía absorberá parte del líquido y dará una textura de mermelada sin necesidad de añadir azúcar ni gelatina.
El congelador transforma las capas en postre
Cuando la base esté firme, cúbrela con una capa de mermelada de arándanos ya fría. Encima, reparte un poco de crema de cacahuete, preferiblemente elaborada solo con cacahuetes y sin azúcares añadidos. No hace falta mucha, ya que es intensa, cremosa y crea un contraste delicioso con la acidez de la fruta. Vuelve a poner las tartaletas en el congelador durante unos minutos.
Funde chocolate con un mínimo del setenta por ciento de cacao al baño maría o en el microondas en tandas cortas. Vierte una capa fina sobre la crema de cacahuete y mueve ligeramente el molde para que quede bien repartida. Puedes acabar las tartaletas con coco rallado, almendra picada o unos cuantos arándanos, pero es mejor no cargarlas demasiado: la combinación principal ya tiene suficiente sabor y textura.
Déjalas en el congelador durante al menos dos horas. Cuando las quieras consumir, sácalas unos treinta o cuarenta minutos antes para que la base pierda rigidez y el relleno recupere una textura agradable. No se deben comer completamente congeladas ni dejarse demasiado tiempo a temperatura ambiente. El resultado es una tartaleta consistente por fuera, cremosa en el centro y con un punto fresco de fruta que cuesta asociar a un postre sin horno. Es fácil, vistosa y lo suficientemente intensa para que una porción pequeña sea suficiente.