La parte blanca de la sandía acostumbra a acabar directamente en la basura, pero es perfectamente comestible y puede tener mucho más juego en la cocina de lo que parece. Tiene una textura firme, crujiente y refrescante, con un sabor mucho más neutro que la pulpa roja, y esto hace que se pueda utilizar casi como si fuera pepino. Además, aprovecharla es una manera sencilla de reducir el desperdicio alimentario y sacar más partido de una fruta que en verano consumimos constantemente.
De una sandía se puede aprovechar casi todo
Rállala en ensaladas como si fuera pepino
Una de las formas más fáciles de aprovechar la parte blanca es rallarla bien fina y añadirla a una ensalada. Antes, solo hay que retirar la piel verde exterior con un pelador o un cuchillo y quedarse con la zona blanca. Rallada, aporta una textura fresca y ligeramente crujiente que combina muy bien con tomate, queso feta, cebolleta, menta, aceitunas o legumbres.
También se puede cortar en láminas muy finas y aliñar con aceite de oliva, zumo de limón, sal y pimienta. Su sabor discreto absorbe muy bien los condimentos, de manera que funciona especialmente bien en platos fríos. Si se deja reposar unos minutos con la vinagreta, la textura se vuelve un poco más tierna sin perder del todo el crujiente. Otra opción muy práctica es triturarla dentro de un gazpacho. La parte blanca aporta agua, frescura y cuerpo sin añadir mucho dulzor, cosa que permite equilibrar tomate, pimiento, pepino y vinagre. Se puede sustituir una parte del pepino tradicional por sandía blanca y ajustar al final la sal y la acidez según el gusto.
Batidos, encurtidos y otras maneras de aprovecharla
En batidos también funciona sorprendentemente bien. Triturada con limón, unas hojas de menta y un poco de hielo, da una bebida muy refrescante. Como no es especialmente dulce, se puede combinar con manzana, piña, fresa o la misma pulpa roja de la sandía para darle más sabor sin perder ligereza. También es una buena base para platos con contraste, porque aguanta bien ingredientes intensos sin desaparecer. Con yogur, tahini, cítricos o quesos salados funciona especialmente bien, e incluso se puede saltear brevemente si se busca una textura más blanda. Lo importante es retirar siempre la piel verde exterior, que es dura.
Quizás el uso más interesante es encurtirla. Cortada en bastoncitos o dados y cubierta con una mezcla de vinagre, agua, sal y un poco de azúcar, se transforma en un aperitivo parecido a un pepinillo. Se le pueden añadir granos de pimienta, mostaza, eneldo, laurel o guindilla. Después de unas horas en la nevera ya coge sabor, aunque al día siguiente está mucho más buena.
La parte blanca de la sandía, por lo tanto, no es un desecho. Su textura neutra permite llevarla hacia preparaciones saladas, ácidas o frescas sin competir con el resto de ingredientes. Rallada, triturada, batida o encurtida, es una manera inteligente de aprovechar toda la fruta. La próxima vez que cortes una sandía, antes de tirar esa franja blanca, piensa que tienes delante un ingrediente que puede acabar en una ensalada, un gazpacho, un batido o un bote de encurtidos.