En redes sociales se ha empezado a viralizar una nueva pirámide alimentaria promovida en Estados Unidos que propone colocar la carne roja y la mantequilla como base principal de la alimentación diaria. En un vídeo publicado en Instagram, el médico @dr.patricio.ochoa lanza una crítica contundente a este modelo, alertando de que no está respaldado por la evidencia científica actual. Aunque el mensaje puede resultar atractivo para quienes buscan soluciones simples y contundentes, el especialista recuerda que la nutrición no funciona por provocación ni por modas. Según explica, aumentar la ingesta de proteína en la población puede ser positivo para preservar la masa muscular y metabolismo, especialmente con el envejecimiento. Sin embargo, el verdadero problema no es la cantidad de proteína, sino el tipo que se prioriza y cómo se estructura el resto de la dieta en su conjunto.
La polémica nueva pirámide alimentaria
En el vídeo, @dr.patricio.ochoa aclara que situar la carne roja como pilar central ignora décadas de estudios poblacionales bien diseñados. La evidencia epidemiológica muestra que un consumo alto y sostenido de carne roja se asocia con mayor riesgo cardiovascular y aumento de la inflamación. No se trata de opiniones personales ni de debates ideológicos, sino de datos repetidos en grandes cohortes durante años. Priorizar este alimento como base diaria contradice lo que sabemos sobre salud cardiovascular y longevidad.

Algo similar ocurre con la recomendación de utilizar mantequilla como grasas principales. El médico recuerda que las grasas saturadas elevan el colesterol LDL, un factor causal bien establecido en enfermedad cardiovascular. Cuando estas grasas se sustituyen por grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, como las del aceite de oliva o el aguacate, los eventos cardiovasculares reales disminuyen. Este punto, subraya, ya no es una discusión abierta dentro de la ciencia.
La ciencia no apoya los extremos alimentarios
Según @dr.patricio.ochoa, lo más preocupante de esta nueva pirámide es la demonización de frutas, verduras y granos. Desde la biología básica hasta la epidemiología moderna, sabemos que la fibra, los polifenoles y los carbohidratos complejos mejoran la salud metabólica e inflamatoria, favorecen una microbiota intestinal sana y se asocian de forma consistente con una mayor longevidad.
Las dietas con mejor respaldo científico para un envejecimiento saludable, como la dieta mediterránea, no eliminan estos grupos de alimentos. Al contrario, los integran de manera inteligente junto a fuentes de proteína de mayor calidad como el pescado y las aves. Este patrón alimentario ha demostrado beneficios claros en prevención cardiovascular y calidad de vida a largo plazo.
El médico también señala que estas nuevas pirámides parecen diseñadas más para generar impacto y clics que para mejorar la salud pública. Simplificar la nutrición en mensajes extremos puede resultar atractivo, pero acaba generando confusión y decisiones poco sostenibles.
El mensaje final de @dr.patricio.ochoa es claro: la longevidad no se construye con modas ni con esquemas radicales. Se construye con una alimentación variada, suficiente en proteína, con prioridad en grasas de buena calidad, frutas, verduras y granos integrales, y con la carne roja ocupando un papel secundario. Una alimentación coherente y basada en evidencia sigue siendo la estrategia más sólida para cuidar la salud a largo plazo.