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Guardar patatas y cebollas juntas puede parecer práctico porque ambas suelen acabar en la misma despensa, pero no es la mejor manera de conservarlas. Aunque compartan algunas necesidades, como huir de la luz directa y de la humedad excesiva, cada una evoluciona de manera diferente después de la compra. Cuando se mantienen demasiado cerca, pueden acelerar el deterioro mutuo y hacer que aparezcan antes brotes, zonas blandas o signos de podredumbre. Por eso, un gesto tan sencillo como separarlas desde el primer día puede ayudar a mantenerlas en mejor estado durante más tiempo y evitar tener que tirar alimentos antes de tiempo.

Lo mejor es mantener patatas y cebollas bien alejadas

Las cebollas pueden acelerar el deterioro de las patatas

Las patatas necesitan un lugar fresco, seco, oscuro y bien ventilado. La luz favorece que se vuelvan verdes y desarrollen más glicoalcaloides, mientras que el calor acelera la germinación. Por eso no conviene dejarlas en una bolsa de plástico cerrada ni al lado del horno o de otras fuentes de calor. Es mucho mejor utilizar una cesta, una caja de cartón o una bolsa de papel que permita circular el aire.

Patatas. Foto: Pexels

Las cebollas también prefieren ambientes secos y ventilados, pero guardarlas pegadas a las patatas puede crear un entorno menos estable. Durante el almacenamiento, ambos alimentos liberan humedad y compuestos volátiles, y esta proximidad puede favorecer que las patatas broten o se ablanden antes y que las cebollas se deterioren con mayor rapidez.

No es necesario tener dos despensas diferentes. Basta con mantenerlas en recipientes separados y dejar una cierta distancia entre ellas. Esta precaución es especialmente útil cuando se compra una cantidad grande para consumirla durante varias semanas.

Tampoco se deben guardar de cualquier manera

Otro error habitual es poner las patatas directamente en la nevera. Las temperaturas muy bajas pueden modificar sus almidones y alterar su sabor y comportamiento durante la cocción. Para el consumo habitual, es preferible un espacio fresco y oscuro de casa, siempre que no haga demasiado calor.

Las cebollas enteras, en cambio, tampoco necesitan nevera si aún conservan la piel seca y están intactas. Una vez cortadas o peladas, la situación cambia: se deben guardar refrigeradas en un recipiente bien cerrado y consumirlas en un plazo razonable. Con las patatas cocidas pasa exactamente lo mismo: después de cocinarlas, hay que refrigerarlas. También conviene revisar periódicamente lo que tenemos guardado. Una patata blanda, húmeda o podrida puede acabar afectando a las que tiene al lado, igual que una cebolla estropeada. Retirar las piezas deterioradas evita que el problema se extienda.

Por lo tanto, patatas y cebollas pueden compartir la despensa, pero no el mismo recipiente. Separarlas, protegerlas de la luz y asegurar una buena ventilación es una medida muy sencilla que puede alargar su vida útil. A veces, conservar mejor no depende de un aparato especial, sino simplemente de saber qué alimentos prefieren no tenerse demasiado cerca.