Conseguir que el calabacín quede crujiente sin freírlo parece difícil porque es una verdura con mucha agua, pero hay una manera muy sencilla de hacerlo en el horno o en la freidora de aire. La clave es eliminar parte de la humedad antes de cocinarlo y preparar una cobertura con clara de huevo, pan rallado grueso y parmesano. El resultado son unos bastoncitos dorados por fuera, tiernos por dentro y mucho más ligeros que una fritura tradicional. Para cuatro personas necesitas tres calabacines medianos, 100 gramos de pan rallado grueso, 100 gramos de parmesano rallado, tres o cuatro claras de huevo, dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, un poco de harina y sal. Además, se pueden acompañar de una salsa fresca de yogur griego, limón y hierbas que contrasta perfectamente con la cobertura crujiente.
Una receta que puede ayudar a que los pequeños coman verdura a gusto
El primer secreto es eliminar el exceso de agua
Si utilizas el horno, caliéntalo a 230 grados con ventilador. Corta los extremos de los calabacines, divídelos longitudinalmente en cuatro partes y retira con un cuchillo la zona central donde se concentran más semillas. Esta pulpa no hay que tirarla: se puede aprovechar para preparar una crema, añadirla a una tortilla o saltearla con pasta.
Después corta cada trozo hasta obtener bastoncitos de un tamaño similar. Repártelos sobre papel de cocina formando una sola capa y añade un poco de sal. Déjalos reposar unos minutos para que la sal ayude a extraer parte del agua. Este paso es especialmente importante porque cuanto menos humedad superficial haya, más fácil será conseguir una cobertura crujiente.
Mientras tanto, prepara tres recipientes. En uno pon harina, en otro las claras de huevo ligeramente batidas hasta que queden un poco espumosas y, en el tercero, mezcla el pan rallado con el parmesano, dos cucharadas de aceite de oliva y un poco de sal. Cuando el calabacín haya soltado agua, sécalo muy bien presionando suavemente con papel de cocina.
La clara y el parmesano hacen que quede dorado sin freír
Pasa cada bastoncito primero por harina, después por clara de huevo y finalmente por la mezcla de pan rallado y parmesano. Colócalos sobre una bandeja con papel de horno, dejando un poco de espacio entre ellos para que el aire caliente circule correctamente. En el horno necesitarán unos 12 minutos antes de girarlos y aproximadamente 10 minutos más hasta que queden bien dorados.
En la freidora de aire se pueden cocinar a 205 grados durante unos 12 minutos, girarlos y dejarlos seis u ocho minutos más. Si el aparato solo llega a los 200 grados, solo hay que alargar ligeramente el tiempo hasta que la cobertura esté crujiente. Para completar el plato, mezcla 250 gramos de yogur griego o queso batido con el zumo de medio limón, dos cucharadas de aceite de oliva, sal y hierbas frescas picadas como albahaca, menta, cilantro o perejil.
Sirve los bastoncitos recién hechos y todavía calientes con la salsa al lado. El contraste entre el calabacín tierno, la cobertura de parmesano crujiente y el yogur fresco convierte una verdura muy sencilla en un aperitivo o guarnición que no necesita pasar por una sartén llena de aceite.