Esta semana hemos celebrado la primera edición de los Premis La Gourmeteria en la Antiga Fàbrica d'Estrella Damm. Una gala que contó con la presencia, entre más de 100 invitados, del presidente del Parlament, Josep Rull; el conseller de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació, Òscar Ordeig; el presidente de la Diputació de Lleida, Joan Talarn; la Comisionada de Promoción Económica, Comercio y Restauración del Ajuntament de Barcelona, Nadia Quevedo y el director general de Damm, Jorge Villavecchia. En total se entregaron 14 galardones que reconocen restaurantes, personas, empresas y proyectos que a menudo trabajan fuera del foco, pero que merecen todo el reconocimiento. Unos galardones entregados por las primeras espadas del sector, con grandes nombres como Oriol Castro o Javier Torres.
Los restaurantes premiados
Hoy ponemos el foco en los restaurantes premiados en las diferentes categorías. Lugares únicos, repartidos por Catalunya, donde se come de primera. Cada uno con su estilo, pero todos con una idea muy clara: trabajar, trabajar y trabajar. Con buen producto, trato amable y humildad. El primer restaurante galardonado, junto con uno de sus trabajadores más ilustres, fue el Bar La Plata, con el incombustible camarero Pepe Gómez como representante. Se llevaron el galardón a Millor Bodega Emblemàtica i Cambrer de l'Any, un reconocimiento a toda una vida dedicada al sector. Entrar en el bar La Plata es como hacer un viaje en el tiempo. Pepe, él solo, es capaz de alegrarte el día sin despeinarse, siempre con su buen rollo y su bonhomía. Solo hace falta una ración de pescado frito y una caña bien tirada para afrontar la jornada de mejor humor. Y de eso, en La Plata, ya hace años que saben.
De Barcelona viajamos hasta la Catalunya Central, a Rajadell (Bages), donde encontramos el restaurante Cal Miliu, ganador del premio a Millor Esmorzar de Forquilla. Una comida que es uno de los pilares fundamentales de la cultura culinaria catalana. Antiguamente (y en algunos casos, todavía ahora), era la comida fuerte de la mañana que payeses y trabajadores hacían para tener fuerzas para afrontar la jornada. Actualmente, es una tradición en un muy buen estado de salud, sobre todo gracias a la labor de difusión de grandes desayunadores, como el colaborador de La Gourmeteria, Jonathan Nuevo, o premios de prestigio como La Lliga del Porc i la Forquilla.
Y si hablamos de tradición, no podemos olvidar las grandes casas. No las más famosas ni las más caras, sino aquellas que siempre están, que hace años y años que trabajan en silencio para ofrecer a la clientela la mejor cocina de toda la vida. El premio a la Millor Casa de Menjar Tradicional reconoce a Ca l'Esteve como paradigma de este tipo de establecimientos. Sin ir más lejos, Xesco Bueno y Maria Esteve, que regentan el restaurante, afirmaron, al recoger el premio, que "hoy celebramos el premio y mañana volvemos a trabajar". Una filosofía que define a la perfección el oficio de quien trabaja sin ninguna otra pretensión que hacerlo bien.
En la otra cara de la moneda están los restaurantes nuevos. Lugares con un reto enorme por delante: abrirse camino en un sector muy complicado. Regentar un restaurante no es una tarea fácil. Pero si se trabaja bien, todo es posible. El premio a Millor Restaurant Revelació, otorgado al restaurante Melós de la mano de Oriol Castro, premia un proyecto nuevo, pero al que vislumbramos un futuro brillante. Hay lugares que, cuando los pruebas, por muy nuevos que sean, ya sabes que triunfarán. El último restaurante premiado en la primera edición de los Premis La Gourmeteria es uno de los establecimientos más icónicos de las tierras de Lleida. Estamos hablando del restaurante Ferreruela, galardonado con el premio Gust de Lleida a la gastronomia i la restauració. Un veterano de la ciudad que apuesta por el producto de proximidad de la máxima calidad y por transmitir la cultura catalana, y leridana, a través de los platos.
Mención especial para el Bar Inzolia, que a pesar de no ser un restaurante, es el ganador del premio a Millor Bar de Vins. Porque no nos podemos olvidar: si bien a los restaurantes se va a comer, también se va a beber. Sea agua, un refresco o vino. Y de vino, en Catalunya (y en este caso, especialmente en el Penedès) sabemos un rato.
