Si Marruecos pretendía hacer una demostración de fuerza abriendo sus fronteras para que alrededor de 60.000 personas cruzaran en muy pocas horas el espigón de Tarajal y se plantaran a pie en Ceuta, la prueba ha sido un éxito. Si Marruecos pretendía demostrar la descomposición del gobierno español —¿quién ha dirigido esta crisis, Interior, Defensa, Presidencia?—, la tentativa la ha resuelto a su favor. Si Marruecos quería hacer evidente que su posición en el tablero internacional era más fuerte que la española, ya que tenía a su lado a Estados Unidos e Israel, mientras varios países europeos cerraban sus fronteras con España alarmados por las imágenes de televisión, el tanteo lo ha ganado sin apelación posible. En definitiva, Marruecos ha maltratado a Pedro Sánchez, ha amortizado la entrega del Sáhara en marzo de 2022 y la aceptación del plan marroquí de autonomía y ha demostrado que el ensayo de la ocupación de Ceuta solo se ha resuelto porque Mohamed VI ha querido.
El hecho de que, casi con la misma celeridad con que dejaron Marruecos para llegar a Ceuta, hayan hecho muchos migrantes el camino de vuelta, es quizás lo menos importante. El gobierno puede respirar algo más tranquilo, pero el ridículo ha sido de tal dimensión que no existe justificación posible. La imagen de España en los medios de comunicación internacional se ha movido entre el estupor, la crítica y la preocupación. Las largas hileras de jóvenes avanzando por el mar, personas llegando exhaustas a la costa, la Guardia Civil completamente desbordada y las calles de Ceuta llenas de migrantes han acumulado millones de visualizaciones en X, TikTok, Instagram y Facebook. Estados Unidos ha acusado a España de facilitar la inmigración ilegal masiva a Europa por la crisis en Ceuta, y el presidente Donald Trump ha calificado la entrada de migrantes por la frontera del Tarajal como una invasión. La secretaria de Estado ha señalado que este incidente inaceptable es el resultado directo de los esfuerzos deliberados del gobierno español para facilitar y promover la migración ilegal masiva hacia Europa. Se puede decir que la administración Trump ha aprovechado la situación para hacer evidente la amenaza de hace unas fechas, en la que dijo que España era un socio terrible dentro de la OTAN y que se iba a enterar.
La prueba que Marruecos ha realizado le ha demostrado que puede hacerlo, y que España no está en condiciones de defender la ciudad
Con muchos países europeos no le ha ido mejor al gobierno. Italia ha decidido reintroducir controles fronterizos con España al amparo del Código de Fronteras Schengen, una facultad prevista cuando un país considera que existe una amenaza grave para el orden público o la seguridad interior, y que la primera ministra, Giorgia Meloni, ha decidido activar. En la práctica, eso significa que los viajeros entre España e Italia por avión o barco pueden ser sometidos nuevamente por las autoridades transalpinas a controles de documentación. Una medida que afectaría únicamente a ciudadanos de terceros países. En el fondo, lo más llamativo es que la medida se interpreta por un socio europeo como una señal de desconfianza hacia la capacidad que pueda tener el gobierno español para controlar una frontera exterior de la UE. Ningún otro país europeo ha llegado a las medidas italianas, pero Finlandia ha respaldado públicamente una respuesta más dura y se ha mostrado favorable a estudiar medidas similares a las de Meloni, y Dinamarca ha planteado que Europa debería considerar una respuesta equivalente respecto a España, aunque todavía no ha restablecido controles. Francia ha reforzado la vigilancia fronteriza, Alemania ha reclamado un control más eficaz de la frontera exterior de la UE y devoluciones rápidas, y Polonia ha insistido en que la crisis de Ceuta demuestra la necesidad de proteger con firmeza las fronteras exteriores de la Unión.
En resumen: la crisis de Ceuta ha sacado a la luz pública todos los fantasmas españoles, empezando con la posibilidad, más cierta que nunca, de que Marruecos recupere Ceuta cuando le venga en gana. La prueba que ha realizado le ha demostrado que puede hacerlo, y que España no está en condiciones de defender la ciudad. El rey Mohamed VI tiene además a Donald Trump de su lado, algo que no es menor. Por si fuera poco, en el tema de la política migratoria de Pedro Sánchez, llueve sobre mojado. Varios países ya advirtieron que una regularización tan masiva podía actuar como efecto llamada, ya que las personas regularizadas en España adquieren derechos de residencia que pueden facilitar posteriormente la movilidad dentro del espacio Schengen. Por ello insistieron en que una decisión de esta magnitud debería coordinarse mejor a escala europea porque afecta indirectamente a otros Estados miembros, algo que no se hizo, ni España se llegó nunca a plantear, y adoptó su propia decisión.