Los Hermanos Torres han dado una vuelta completa a un clásico universal con una propuesta que no deja indiferente como lo es una pizza que rompe tanto en ingredientes como en forma. Lejos de la base plana tradicional, su versión se presenta como una bola cerrada, casi un pan relleno, que esconde en su interior una combinación potente de butifarra y panceta ibérica. La realidad es que no estamos ante una pizza convencional. Aquí el concepto cambia por completo. La masa envuelve el relleno y lo protege durante el horneado, concentrando los sabores en el interior y creando una textura que mezcla lo crujiente del exterior con un interior jugoso y muy aromático.

Una receta que nada tiene que ver con las pizzas que encontramos en Italia

Una masa clásica con un relleno contundente

Y es que todo empieza con una masa de pizza tradicional. Harina de fuerza, agua tibia, levadura fresca, sal y un chorrito de aceite de oliva. Se amasa durante unos 10–15 minutos hasta conseguir una textura elástica y uniforme, y después se deja fermentar entre dos y tres horas, o incluso toda la noche, para potenciar su sabor.

De este modo, mientras la masa reposa, se prepara el relleno, que es donde está la verdadera personalidad del plato. La mezcla de butifarra desmenuzada, panceta ibérica, col en juliana y piñones crea una base intensa y muy equilibrada. La realidad es que el proceso es clave. Primero se dora la panceta con una cayena para aportar un toque picante. Luego se añade la butifarra y se cocina hasta que esté bien marcada. Por último, se incorpora la col, que aporta frescura y equilibra la grasa del conjunto.

Una forma que rompe con todo lo establecido

La realidad es que el gran cambio está en el montaje final. Una vez la masa ha fermentado, se estira y se coloca el relleno en el centro. En lugar de dejarlo abierto como una pizza tradicional, se cierra completamente formando una bola. A partir de ese moomento, se le da la vuelta para que el cierre quede en la base y se hace una cruz en la parte superior. Este pequeño corte permite que la masa respire durante el horneado y evita que se rompa de forma irregular.

El horneado se realiza a unos 230 ºC durante 15–20 minutos, hasta conseguir un exterior dorado y crujiente. El interior, mientras tanto, se mantiene jugoso gracias a los jugos del relleno. Antes de servir, se deja reposar unos minutos para que los sabores se asienten y sea más fácil cortarla.

Así pues, los Hermanos Torres han creado una receta que desafía cualquier idea preconcebida de pizza. No es un plato para puristas, sino una propuesta atrevida que mezcla tradición catalana con técnica panadera. Una forma distinta de entender la cocina, donde lo importante no es seguir normas, sino reinterpretarlas con sentido.