Entiendo que la noticia haya pasado desapercibida, pues la tribu está demasiado ocupada disfrutando a lo grande con las victorias de los chavales de La Masia o con los cascabeles de corbata, no fuera a ser que el crucero este de pijos nos vuelva a contaminar la vida y tengamos que acabar el verano confinados, haciendo gimnasia en el hogar o mirando series de HBO todo el puto día. El darwinismo de la actualidad es muy cabrón, ciertamente, pero diría que ni la indolencia ciudadana ni la pleitesía de la mayoría de los medios del país (de una indolencia aún indecente por cualquier cosa que pueda turbar la siesta en la que vive el PSC) deberían dejar pasar un hecho tan bestia como que el Govern haya ordenado infiltrar agentes de paisano de los Mossos para espiar a docentes mientras estos organizaban jornadas de huelga. A menudo hay que volver a escribir las cosas para comprender su peso real. El Govern, sí. La poli, sí. Infiltrada, sí. Para espiar, sí. ¿Profesores? ¡Recontrasí!
Como sí que ha explicado nuestro estimado diario, la denuncia proviene de CGT Catalunya, cuyos miembros —mientras preparaban paros y manifas al calor de sus camaradas— debieron alucinar pepinos al ver a dos chavales desconocidos, quién sabe si ataviados como profesores de Educación Física (lo digo por la musculatura, evidentemente). Supongo que los autores intelectuales de esta magnífica idea deben ser los mismos guionistas de la película “Pondremos a los Mossos en las aulas problemáticas del país”, una iniciativa que ha tenido un éxito francamente glorioso... La voluntad de transparencia del Govern está llegando a niveles bastante rusófilos y hoy día todavía no sabemos de quién fue la idea genial de meter a la pasma en el colegio; supongo que, a la hora de averiguar quién ha autorizado espiar reuniones privadas de profesores, la espera todavía será mucho más larga. Si el objetivo es regalar gasolina a la extrema derecha, chicos, ¡lo estáis haciendo como los ángeles!
Ante el silencio clamoroso de las conselleres Niubó y Parlon sobre este asunto —cabe insistir, impropio de los mínimos que debería cumplir cualquier administración europea o del primer mundo—, la cuenta de X de los Mossos declaraba que la ley ampara al cuerpo y a sus agentes para ejercitarse en “funciones específicas de recogida y tratamiento de información de carácter operativo referida a la conflictividad laboral y social.” Es una lástima que nuestra administración solo se dirija a nosotros por vía de cuentas anónimas en las redes, porque valdría la pena preguntar al community manager en cuestión si esto de “recogida” incluye meter las narices en la preparación de una serie de paros absolutamente legales, sin ningún tipo de antecedente de violencia y, por si esto fuera poco, muy publicitadas y urdidas a plena luz del día. Honestamente, compañeros, no sé qué hacéis, que no estáis persiguiendo a las conselleres para que se expliquen.
Esto que está pasando no es normal, es una vergüenza absoluta en términos democráticos y hay que hacer lo que sea para exigir responsabilidades
Primero, con aquello de meter a la policía en clase, el Govern puso la sombra de la violencia sobre los estudiantes (por fortuna, la mayoría de los institutos que participaban en la prueba piloto se han dado de baja) y ahora se dedican a embarrar la libre expresión de nuestros docentes. Se pueden considerar exageradas las protestas de los maestros, que las huelgas quizás son demasiado largas o que complican la conciliación a los padres... pero la incomodidad del Govern con sus trabajadores públicos (¡a quienes debería servir, no espiar!) no puede derivar en conductas autocráticas como ahora infiltrarse en una asamblea. En un país mínimamente normalito, además de exigir la dimisión inmediata del héroe octubrista Josep Lluís Trapero, ya se debería haber obligado a la consellera Parlon a exponer los detalles de esta y de otras posibles tramas de espionaje, empezando por quien elaboró el proyecto y terminando por quien aprobó la orden de ejecución.
La cosa tiene cierta guasa porque, mientras la oposición de todo el Parlament debería estar presionando al Govern por todo este despropósito, Oriol Junqueras solo ha pedido la dimisión de Trapero y, a finales de la pasada semana, se informaba que Esquerra avanza en la aprobación de los presupuestos del PSC (para disimular un poco en su absoluta rendición al 155, los republicanos han puesto como condición para tragarse este nuevo sapo que los socialistas aprueben el proyecto de un tren orbital que una las capitales de la segunda corona metropolitana). Por lo tanto, podríamos resumirlo de la siguiente manera: tú me regalas un Scalextric... y yo me olvido de que te pareces un poquito demasiado a Viktor Orbán. Apelo directamente a la masa electoral de Esquerra (a la de los Comuns no hace falta, que está muerta): ¿de verdad no os da vergüenza cambiar unos cromos para seguir cobrando... al precio de tragarse tanta mierda?
Ya sé que hoy estamos contentos por una (justa) celebración de liga y distraídos con el nuevo bichito vírico que la providencia nos ha regalado. Pero tengan la bondad de centrarse en lo más importante, porque esto que está pasando no es normal, es una vergüenza absoluta en términos democráticos y hay que hacer lo que sea para exigir responsabilidades. Por la parte que nos toca a los independentistas, será importante borrar del mapa político a todos aquellos que hagan la vista gorda y acaben por legitimar esta forma tan torpe de hacer las cosas. Y una recomendación final al Govern: si jugáis a hacer de espías, hijitos míos, intentad buscar unos agentes que no canten tanto en las reuniones de profes, ¡que eso lo saben hacer hasta los españoles!