La baklava es uno de los postres más emblemáticos de la tradición oriental, reconocible por su combinación de capas crujientes de pasta filo, frutos secos y un dulzor intenso que suele venir marcado por la miel o los siropes clásicos. Sin embargo, los chefs Sergio Torres y Javier Torres han decidido reinterpretar este icono desde una perspectiva completamente distinta, alejándose de los códigos habituales para construir una versión más contemporánea y equilibrada.
La clave de darle un giro a uno de los postres más tradicionales del mundo
Un cambio radical en el sabor
Y es que el primer gran giro está en el ingrediente principal. Frente al uso tradicional del pistacho, los hermanos Torres apuestan por la avellana, un fruto seco con un perfil más tostado y profundo que transforma por completo la base del postre. Este cambio no solo altera el sabor, sino también la sensación en boca, aportando mayor intensidad sin necesidad de recurrir a un dulzor excesivo.
La realidad es que esta decisión se complementa con la incorporación de chocolate amargo, que introduce un contraste fundamental. Lejos de buscar un resultado empalagoso, los chefs construyen una baklava donde el equilibrio es la clave. El chocolate aporta amargor, estructura y una complejidad que eleva el conjunto, alejándolo de la versión más clásica y acercándolo a un perfil más gastronómico.
Menos azúcar, pero con más matices
De este modo, otro de los aspectos que define esta reinterpretación es la reducción del dulzor. En lugar de utilizar azúcar refinado, la receta se apoya en alternativas como el sirope de agave, lo que permite controlar mejor la intensidad y conseguir un resultado más ligero. No se trata de eliminar el dulzor, sino de integrarlo de forma más sutil.
Y es que aquí entra en juego la naranja, un elemento que aporta frescura y un toque cítrico que rompe con la densidad habitual de la baklava. Su presencia no es decorativa, sino estructural, ya que ayuda a equilibrar el conjunto y a limpiar el paladar en cada bocado. Además, otros matices como la vainilla o el licor de naranja refuerzan esa sensación de ser un postre complejo, donde cada capa aporta algo distinto. La combinación de estos ingredientes construye una experiencia más rica y menos previsible.
La realidad es que los hermanos Torres no buscan replicar la baklava tradicional, sino reinterpretarla desde una lógica actual. Mantienen la esencia en la textura crujiente de la pasta filo, pero transforman completamente el perfil gustativo. Así pues, esta versión se sitúa a medio camino entre la tradición y la innovación. Un postre que respeta su origen, pero que se adapta a un paladar moderno que busca menos azúcar, más equilibrio y una mayor profundidad de sabores.
