La campana extractora es uno de los electrodomésticos más importantes de la cocina, pero también uno de los más olvidados en cuanto a mantenimiento. Muchos expertos en electrodomésticos y ventilación doméstica coinciden en que descuidar los filtros puede provocar malos olores, pérdida de potencia e incluso aumentar el riesgo de incendios. La razón es sencilla: estos filtros son los encargados de retener grasa, humo y partículas que se generan durante la cocción. Si se saturan, la campana deja de funcionar correctamente y la suciedad puede acumularse en el motor o en los conductos.
Así es como debes tratar los filtros de tu extractor
Para evitar estos problemas, lo primero que hay que saber es que no todos los filtros son iguales. En una campana extractora suelen encontrarse dos tipos principales: los filtros de grasa y los filtros de carbón. Cada uno cumple una función distinta y, por lo tanto, requiere un mantenimiento diferente.
Los filtros metálicos o antigrasa, normalmente fabricados en aluminio o acero inoxidable, son los primeros en actuar. Su misión es capturar la grasa que se desprende al cocinar para evitar que llegue al motor del extractor. Debido a esa función, son los que más suciedad acumulan y los que deben limpiarse con mayor frecuencia. Los especialistas recomiendan lavarlos cada uno o dos meses si se cocina mucho, mientras que en hogares con un uso más moderado se pueden limpiar aproximadamente cada tres o cuatro meses.
Lo primero que hay que saber es que no todos los filtros son iguales
La buena noticia es que estos filtros suelen ser reutilizables. Se pueden lavar con agua caliente y desengrasante o incluso en el lavavajillas, siempre que el fabricante lo permita. Mantenerlos limpios no solo mejora la capacidad de succión de la campana, sino que también alarga la vida útil del electrodoméstico.
El segundo tipo son los filtros de carbón activo, que se utilizan sobre todo en las campanas de recirculación, es decir, aquellas que no expulsan el aire al exterior. Estos filtros se encargan de absorber los olores y devolver aire limpio a la cocina, eliminando gran parte de las partículas y aromas generados al cocinar.
A diferencia de los filtros metálicos, muchos filtros de carbón no se pueden lavar. Por eso los fabricantes recomiendan sustituirlos cada tres o seis meses, dependiendo de la frecuencia con la que se utilice la cocina. Si la campana se usa a diario o se cocina con mucha fritura, el cambio debe hacerse antes para mantener la eficacia del sistema. Existen también versiones más modernas conocidas como filtros regenerables, que pueden limpiarse periódicamente y llegar a durar hasta tres años si se mantienen correctamente.
Los expertos aconsejan además prestar atención a algunas señales que indican que el filtro necesita mantenimiento. Si la campana pierde potencia de aspiración, tarda más en eliminar los olores o empieza a gotear grasa, es probable que el filtro esté saturado. También puede ocurrir que el extractor haga más ruido de lo habitual al trabajar con el flujo de aire obstruido.
