Cargando...

Cuando nos invitan a comer o a cenar, es habitual querer demostrar agradecimiento ayudando a recoger los platos, llevar las copas a la cocina o empezar a quitar la mesa. Aunque el gesto parece educado, una experta en protocolo recuerda que, en una comida formal, no deberíamos levantarnos por iniciativa propia. La mesa forma parte de la experiencia gastronómica y tiene un ritmo determinado por la persona que invita: la llegada de los platos, las pausas, los postres, el café y el final de la sobremesa. Empezar a recoger antes de tiempo puede interrumpir este orden, dar la impresión de que tenemos prisa u obligar al resto de invitados a levantarse también. Por eso, la norma más sencilla es esperar a que el anfitrión marque el momento de dar la comida por terminada.

Hay que ser consciente de lo que significa cada movimiento

Quitar la mesa no siempre es una muestra de buena educación

En un encuentro formal, el anfitrión puede haber preparado una manera concreta de servir y retirar la vajilla. También puede contar con ayuda, querer dejar los platos en la mesa durante la sobremesa o preferir servir el café antes de empezar a recoger. Si un invitado se levanta sin preguntar, puede alterar la organización y convertir un momento relajado en una escena desordenada.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Tampoco conviene apilar los platos, poner los cubiertos encima o recoger las copas de los otros comensales. Aunque en nuestra casa lo hagamos habitualmente, en una mesa preparada con cuidado podemos ensuciar piezas delicadas, dificultar su transporte o interferir en el trabajo de quien se encarga del servicio. El protocolo gastronómico no pretende ser rígido, sino evitar que la buena intención acabe provocando incomodidad.

La mejor opción es ofrecer ayuda de manera discreta. Una pregunta breve como "¿Quieres que te ayude a recoger?" es suficiente. Si la respuesta es negativa, no hay que insistir. Respetar este "no" también es una forma de cortesía, porque permite al anfitrión gestionar la cena tal como había previsto y evita que se sienta obligado a justificarse.

La confianza determina qué podemos hacer en la mesa

En una cena familiar o entre amigos íntimos, las normas pueden ser mucho más flexibles. Hay casas donde todo el mundo participa naturalmente en poner y quitar la mesa, mientras que en otras la persona que invita prefiere ocuparse de todo. La clave es conocer el contexto y no dar por hecho que aquello que hacemos en nuestra casa también es adecuado en casa de los demás.

También hay que esperar antes de levantarse cuando hemos terminado de comer. Si otros comensales todavía tienen comida en el plato, empezar a recoger puede hacerles sentir presionados para que terminen rápidamente. La sobremesa forma parte de la cultura gastronómica mediterránea y no debería interrumpirse por una prisa que nadie ha expresado. Ser un buen invitado no consiste en anticiparse constantemente, sino en observar, agradecer y seguir el ritmo de la casa. A veces, la mejor manera de ayudar es quedarse sentado, disfrutar de la conversación y permitir que el anfitrión decida cuándo termina realmente la cena.