El ćevapi balcánico, ese icono de la parrilla que une historia, tradición y orgullo culinario, está mucho más cerca de convertirse en algo más que un simple plato. En los Balcanes no es solo comida: es identidad, memoria y punto de encuentro. Por eso, varios países impulsan su candidatura para que forme parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, una forma de reconocer que detrás de estos pequeños cilindros de carne asada hay siglos de mestizaje cultural, costumbre popular y una manera muy particular de celebrar la vida alrededor del fuego. No hablamos únicamente de gastronomía, sino de un patrimonio vivo que ha viajado de generación en generación.
Qué es el cevapi balcánico y por qué quieren incluirlo como Patrimonio Cultural de la Unesco
El cevapi, también llamado kebapi en algunas zonas, es una preparación de carne picada sazonada y moldeada a mano, que se cocina a la parrilla y se sirve normalmente en raciones de cinco a diez piezas. Lo habitual es acompañarlo con pan caliente tipo lepinja o somun, cebolla fresca picada y, según el lugar, con kajmak, yogur o un poco de ajvar. La receta se extiende por Bosnia y Herzegovina, Serbia, Croacia, Eslovenia, Montenegro, Kosovo, Albania, Rumanía y Macedonia del Norte, y en cada territorio adopta matices propios que convierten el plato en una verdadera carta de presentación cultural.

En Bosnia y Herzegovina, donde el cevapi es considerado casi un símbolo nacional, existen estilos muy reconocibles. El Sarajevo-style se elabora solo con carne de vacuno, cuidadosamente mezclada y moldeada, con medidas casi reguladas. En otros lugares se combinan ternera, cordero o incluso un toque de cerdo, como ocurre en ciertas zonas de Serbia, donde el resultado es más jugoso y ligeramente ahumado. Cada variante conserva una misma idea: simplicidad, producto y respeto por la tradición.

El origen de la palabra proviene del kebab otomano, recordando el fuerte vínculo histórico entre el antiguo Imperio y la región balcánica. Con el paso del tiempo, los cevapi pasaron de ser comida popular de taberna a convertirse en auténtico emblema callejero, vendido en pequeñas parrillas y disfrutado a cualquier hora del día. Hoy, miles de familias lo preparan en fiestas, reuniones y celebraciones, reforzando ese papel de comida que reúne y que cuenta historias.
El origen de la palabra proviene del kebab otomano recordando su vínculo histórico de ambas regiones
Precisamente por eso se impulsa su inclusión en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial: no para proteger una receta exacta, sino para salvaguardar un saber hacer compartido, una técnica tradicional y una forma social de comer. Bosnia y Herzegovina ya ha iniciado procesos de protección y otras variantes locales figuran en listas preliminares. Si finalmente el cevapi entra en el registro de la Unesco, será una manera de reconocer que, detrás de algo aparentemente sencillo, late una herencia culinaria que sigue viva, evoluciona y nos recuerda la riqueza cultural de los Balcanes.